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Opinión

  • | 2001/09/17 00:00

    Los desafíos de la política distrital

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Uno de los desafíos más importantes que enfrentará Bogotá en los próximos diez años será la construcción de una gobernabilidad sólida que garantice la implementación de las políticas públicas del alcalde al mismo tiempo que refleje las diferencias propias de una ciudad diversa y plural. Esta tensión entre una serie de alcaldes con un perfil independiente y un Concejo cada vez más atomizado es la raíz de los inconvenientes que viene teniendo Antanas Mockus con sus propuestas al cabildo distrital.

No es una tensión fácil de resolver. Tanto el Alcalde como los concejales son elegidos por mayorías democráticas y ambos gozan de la legitimidad de las urnas. La ausencia de partidos políticos ideológicamente estructurados en el Congreso se traslada a la ciudad y se expresa en 42 concejales que pueden ser asimilados como individuos que luchan para conseguir puestos y contratos para sus organizaciones políticas en los barrios y asociaciones comunales. Mockus, y cualquier próximo alcalde, necesitaría mayorías en el Concejo que faciliten el trámite de proyectos de acuerdo claves para la ciudad.

Este panorama invita a revisar la conveniencia de una reforma institucional del marco electoral de Bogotá. Las propuestas abundan: diseñar circunscripciones zonales donde se elija un representante; elegir un concejal por cada localidad y otras 20 curules elegidos por toda la ciudad; y el diseño, como lo promueven los ex alcaldes Paul Bromberg y Enrique Peñalosa, de un sistema cuasi parlamentario donde el alcalde sea la cabeza de la lista más votada para el Concejo. Estas reformas están orientadas a aumentar la rendición de cuentas del elegido a los electores de su zona, a darle importancia a las agendas locales sin perder de vista los problemas distritales, y a garantizar que el alcalde de Bogotá logre construir coaliciones legislativas de gobierno desde los programas y no desde las prebendas.

Es insostenible el mantenimiento de unas relaciones entre Alcalde y concejales basadas en los contratos y los puestos. La ciudad requiere elevar el número de votos- hoy está en 10 mil- necesarios para ser elegido concejal. Es imposible, siguiendo a Arrow, que redes políticas barriales de 10 a 15 mil votos pretendan representar un interés colectivo de ciudad; todo lo contrario, su racionalidad los invita a mantener las clientelas mediante prebendas y a evitar a toda costa la agregación de votos, y con ello, de intereses para un accionar político más colectivo y menos particular.

El problema de la política, como lo afirma el politólogo Francisco Gutiérrez, es el de la agregación de los votos. ¿Cómo logramos que un concejal sea más representativo ya que la revisión de las cifras de votación muestra que la Alcaldía es la institución distrital con mayor apoyo en las urnas. En otras palabras, para los ciudadanos elegir alcalde es importante mientras que el Concejo es una institución importante para los políticos y sus carreras. La cuestión radica entonces en generar los incentivos para reducir las listas y fortalecer las organizaciones para lograr elegir concejales que respondan a más ciudadanos.

Aquí llegamos al problema de la descentralización. ¿Queremos un político local, con rendición de cuentas a sus barrios y que represente esa división de la ciudad o queremos un político distrital, producto de una organización sólida y que agregue más intereses? La respuesta está en el diseño institucional de las reformas electorales. ¿Qué problema queremos solucionar y cuál otro deseamos conservar? ¿Es la ciudad una agregación de barrios o un ente territorial que necesita concejales con preocupaciones globales?

La política como forma de repartir el poder es parte clave del desarrollo de una ciudad. Los avances de Bogotá en los últimos años han sido producto parcial de importantes reformas como la Constitución de 1991 y el Estatuto Orgánico de Bogotá. Por más competentes y visionarios que sean los próximos alcaldes, un Concejo atomizado y fragmentado, con visiones tan pequeñas de ciudad, será siempre un obstáculo no sólo para la gestión ejecutiva sino también para la construcción de ciudadanos responsables, críticos y conscientes de sus intereses.

*Columnista de el periódico El Tiempo

miranda@terra.com.co
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