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Opinión

  • | 1995/12/11 00:00

    LOS DILEMAS DE HEYNE

    La tragedia de Mogollón es que reúne condiciones abiertamente incompatibles con la investigación que adelanta.

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EL REPRESENTANTE A LA CAMARA HEYNE Sorge Mogollón tiene un problema insoluble: que la gran responsabilidad que detenta como investigador del Presidente, está condenada a la incredulidad de la opinión.
No importa qué tan seria, qué tan estudiada, qué tan objetiva sea la eventual absolución presidencial: nadie va a creer en ella. Por eso me parece meritorio y digno de elogio que, a pesar de las sospechas que despierta, no haya bajado la guardia, y continúe adelantando su labor como si todavía le quedara la posibilidad de convencer a alguien de que lo que finalmente resuelva será lo correcto.
La tragedia de Heyne Mogollón es, pues, precisamente esa: que él, como congresista liberal y militante de la corriente de Francisco José Jattin, su jefe político, reúne una serie de condiciones abiertamente incompatibles con la investigación que adelanta.
Su vida política está marcada por los valores de la provincia, y no por los moralismos de lo que podríamos denominar 'la gente del norte de Bogotá'. De llegar a encontrar responsable al Presidente, quedaría como un héroe ante una cantidad de gente que a él no le importa, y en cambio se estrellaría contra la indiferencia de su electorado de Lorica, para quienes los dineros del narcotráfico en una campaña política tienen tan poca trascendencia en la vida cotidiana como la próxima aparición del cometa Halley.
Lo que a Mogollón debe interesarle es cumplirle a su electorado liberal de Lorica, responderle con cuotas de la burocracia presidencial, enviar a tiempo, y de manera suficiente, la platica para la próxima campaña (venga de donde venga, como el caso del avión lleno de dinero que Medina dice haber enviado a Córdova en vísperas de las elecciones presidenciales de Samper, o de préstamos que normalmente están destinados al fomento ganadero). Pero, además de su electorado, Heyne Mogollón tiene que cuidar sus relaciones con el Congreso, donde están sus colegas y amigos. ¿Quién entendería allí una censura de Mogollón al Presidente por el mismo motivo por el que tantos de esos colegas y amigos están vinculados al proceso 8.000? Francamente se vería muy mal que Mogollón se comportara de esa manera en su hábitat profesional, el Congreso.
Por el contrario, nada sacaría políticamente Mogollón dándole gusto a lo que hemos denominado atrás 'valores del norte de Bogotá', que exigen una purificación de la clase dirigente corrupta. Pero desde luego, hay que darle una respuesta apropiada a todos los que creen que es absolutamente imposible que el investigador del Presidente pueda archivar este proceso a pesar de toda la evidencia aportada por Santiago Medina.
Y todavía le quedaría a Mogollón por resolver el problema del Fiscal, que de manera muy diplomática pero inequívoca, avaló las informaciones aportadas por Medina al recomendar que se le otorgara la casa por cárcel con el argumento de que el testimonio del ex tesorero había sido relevante y altamente eficaz para la investigación. Ya Antonio José Cancino, el abogado del Presidente, intentó debilitar el aval de Valdivieso argumentando que el Fiscal calificó las afirmaciones de Medina de relevantes y eficaces, pero no necesariamente de ciertas. Como si el Fiscal pudiera considerar eficaz y relevante algo que en el fondo constituye una mentira...
Todos estos problemas, que parecen tan complejos, los ha resuelto Heyne Mogollón con una fórmula mágica: argumentar que su investigación es jurídica y no política, aunque la Constitución establezca todo lo contrario. ¿Y por qué ha hecho Mogollón algo tan aparentemente insignificante? Porque no lo es, y por el contrario, constituye su tabla de salvación.
Porque no hay posibilidad de encontrar al presidente Samper políticamente inocente de haber sido elegido por la mafia del narcotráfico. Y en cambio, qué ironía, es casi imposible que, jurídicamente, se le pueda comprobar a Samper un delito por el mismo concepto.
Mientras Heyne Mogollón continúe insistiendo en que su papel en la investigación presidencial es jurídico, podrá permitirse el lujo de saltarse la condena política, que es la única capaz de interrumpir su tranquila vida de político de Lorica.-
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