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Opinión

  • | 2010/06/29 00:00

    Los discursos minados

    Los peores campos minados en Colombia se han puesto sobre las palabras.

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La jueza que condenó al coronel Plazas Vega tuvo que salir del país. Se habla de garantías en los procesos judiciales, de garantías electorales, de garantías para la libertad de prensa, cuando en realidad la garantía más importante y más difícil en nuestro país es la de estar vivo.

Hoy la jueza es un titular de prensa, pero en pocos días los colombianos no la recordaremos. Sin embargo, ella tendrá que salir del país al igual que una larga fila de colombianos que buscan refugio en tierras ajenas.

Nuestra perfecta democracia no nos alcanza para protegernos, y criticar, disentir, cuestionar u oponerse a una decisión del poder, puede significar comprar un cupo en los Jardines del Recuerdo, donde finalmente todos nos vamos olvidando de nuestros muertos.

Las amenazas contra activistas y organizaciones de derechos humanos han pasado sin pena y sin gloria por el tamiz de la opinión pública, pues en Colombia suelen ser más controvertidas las palabras del padre Chucho, de la sexóloga Flavia Dos Santos o del profesor Salomón.

Suena el despertador cada mañana y seguimos inmersos en una modorra mental. A todo le ponemos nombrecitos dulzones, y negamos la verdadera dimensión de los hechos de la oscura noche. Todos los asesinatos son muertes pasionales o ajustes de cuentas. Todas las amenazas son para los otros, no para nosotros, hasta cuando nos llega la hora, y ese día sí empezamos a orar y a pedir por Colombia.

Fuerzas oscuras se adueñan de los miedos de quienes se atreven a agarrar la pluma y garabatear tres palabras de opinión sobre la realidad local o nacional, y nada pasa. Los periodistas asumen riesgos que en la opinión pública se normalizan como si no pasara nada nuevo.

Para ser periodista y tener libertad en la pluma no se necesita tener una credencial y buen talento, en nuestro país se necesita ser un suicida o un verdadero idiota. El periodismo investigativo parece estar hecho para gente sin hijos y sin padres, para esos personajes que podrían morir solos, desahuciados en un bar, y sin embargo, como último suspiro de vida, deciden inmolarse en busca de la verdad, al destapar las ollas podridas que se ocultan detrás de gente que sale en las páginas de sociales.

Y mientras unos pocos asumen riesgos procurando la transformación, dice Fernando Cruz Kronfly que los intelectuales y los poetas se quedaron sin auditorio. Tal vez todos se fueron a ver telenovelas o programas de farándula en los que la gente famosa trata de reventar un globo con el trasero. No hablan para nadie, sólo para aquellos que los escuchan detenidamente para encontrar una razón para meterles una bala en la boca.

Los peores campos minados en Colombia se han puesto sobre las palabras. Te minan el discurso. Si pisas aquí, estás muerto. Si pisas allá, estás muerto. Si pisas acá, estás muerto. Si hablas de desplazados, estás muerto. Si hablas de paras, estás muerto. Si hablas de derechos humanos, estás muerto. Si hablas de mujeres, estás muerto. Si hablas de tierras, estás muerto. Si hablas de homosexuales, estás muerto. Si hablas de aborto, estás muerto. A veces me pregunto, si en países como el nuestro, uno nace un poco muerto ya.
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