30 agosto 2013

Enviar a un amigo

Email destino:

Nombre remitente:

Email remitente:

Los disensos y los consensos en la construcción de la paz

Por Wilson López-LópezVer más artículos de este autor

OPINIÓNEsto resulta determinante en la construcción de legitimidad de las democracias y de una convivencia pacífica.

Los disensos y los consensos en la construcción de la paz. Wilson López López

Wilson López López

Foto: SEMANA

La gestión de los disensos y consensos en forma no violenta es el núcleo de sociedades que asumen la paz como forma de vida  y resulta determinante en la construcción de legitimidad de las democracias. Por esta razón, identificar y legitimar las diversas formas no violentas en que la sociedad s
e expresa resulta crítico para construir convivencia pacífica.

Hablar de diálogo como elemento central de la gestión pacífica de los disensos y los consensos en el sentido que Habermas le da al diálogo implica una acción de comunicación simétrica que supone un “trato igual, solidario que busca el bien general”.  

Sin embargo, estos supuestos son poco frecuentes de encontrar en nuestras realidades sociales e incluso descansan sobre la idea de la necesidad u obligatoriedad de lograr consensos. Es necesario dejar claro que no todas las dinámicas sociales exigen que la solución de los conflictos termine en consensos y, así mismo, los disensos no pueden evitarse por cuanto forman parte de la gestión cotidiana de los conflictos sociales.

Construir espacios de diálogo en medio de la asimetría de nuestras dinámicas implica asegurar escenarios de transparencia de las diferencias -en creencias, en los intereses, en las biografías- de los actores sociales y asumir la coexistencia solidaria con estas  diferencias (claro bajo los límites que impone el cuidado por el otro). 

Por otro lado, requiere el reconocimiento permanente del otro, en especial de quien está en una condición de vulnerabilidad, de imposibilidad de acceder a los recursos para sostener y encaminar un proceso de comunicación con un actor que cuenta con todos los recursos para afrontar la consecución de sus objetivos.

Es indispensable que todos los actores dimensionen las consecuencias de las acciones tomadas fruto de los consensos y los disensos.  Esta condición es muy relevante con o sin acuerdos ya que en general las acciones derivadas de ellas nos afectan y comprometen a todos.

Es necesario entender que las formas de gestión de los acuerdos y desacuerdos pasan por múltiples tipos de expresión social, algunas de las cuales implican acciones y movimientos sociales que envuelven la toma del espacio público que debe explorarse como lugar de dialogo y no solo de expresión de inconformidad o de violencia. 

En todo el mundo, estos nuevos espacios de movilización han ampliado su difusión por medio de las redes sociales que las tecnologías de información y de comunicación posibilitan. Las movimientos sociales, y en especial los de protesta, son un instrumento de resistencia y de poder, de visibilidad e invisibilidad, de retóricas, de  imposición y persuasión. 

Hoy las redes sociales que se tienen a través de las TICS son en sí mismas escenario de nuevas formas de diálogo social que debemos comprender y seguramente actuar sobre ellas como escenarios de gestión de los conflictos sociales.

En cualquier caso, es importante reconocer la relevancia de las dinámicas  motivacionales (psicosociales) de la protesta y la movilización social.   En estos días se evidencia que la falta de comprensión de las mismas dentro de una democracia en paz,  impide entender el papel de dichas dinámicas en la gestión de los conflictos sociales. 

Construir convivencia pacífica en medio de las diferencias requiere que el acercamiento a los movimientos sociales haga evidente el papel que juegan elementos como la ira ( la emoción desatada por sentimientos de injusticia, o frustración ), la identidad politizada (la identidad grupal y compromisos engrúpales), la eficacia (creencia que la protesta tendrá un efecto) y  la obligación moral a participar (la creencia que se debe actuar por convicción independientemente de las consecuencias o las emociones involucradas). Todas estas son variables que se combinan y complejizan la gestión de los desacuerdos.  

Además, es necesario entender que las mismas surgen por las asimetrías socioeconómicas, sociopolíticas, sociojurídicas y psicosociales que las sociedades construyen y que están en la base de las movilizaciones y las protestas como de las formas que ellas adquieren.

La deslegitimación de la protesta y la movilización social solo conllevan a producir acciones violentas, nuestro reto es transformar las expresiones violentas de la movilización social, legitimar la expresión de desacuerdos en forma no violenta y promover dialogo social  bajo condiciones de transparencia, reconocimiento del otro, y la evaluación de las consecuencias derivadas de los consensos y los disensos producto del mismo. Solo de esta forma podremos afrontar la gestión pacífica de nuestra sociedad. 

*Profesor asociado de la pontificia Universidad Javeriana, líder del Grupo de investigación lazos sociales y culturas de paz. Editor de la Revista Universitas Psychologica. 
Correo electrónico: lopezw@javeriana.edu.co. 
Twitter: @WilsonLpez9
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Otras columnas de este autor

Horóscopo
Semana en Facebook
Publicidad