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Opinión

  • | 1986/10/20 00:00

    LOS FANTASMAS DE LA TELEVISION

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En los últimos días la opinión pública se queja de que ha estado viendo un exceso de fantasmas en su televisión.
Pero no de los de sábana, que arrastran cadenas y hacen "oouuu", sino de los verdaderamente peligrosos. Los fantasmas de la sospecha. Y han estado presentes, o por lo menos la gente ha creído verlos, cada vez que el gobierno se ha aproximado al tema de la reforma de la T.V., logrando inspirar suficiente desconfianza en relación con sus iniciativas como para considerarlas parciales, poco atenidas a la realidad o inspiradas por el "cacumen" de algún favorito del reino.
Todo comenzó cuando salió a la luz pública lo que se bautizó como el "Documento secreto de la televisión". Este consistía en un proyecto de reforma de la T.V. que fue entregado al gobierno recién inaugurado este.
Su contenido era, en principio, técnicamente bueno. (Salvo en lo que se refiere a los noticieros, que serán tema de una próxima columna). Consistia en enfrentar a las dos cadenas de T.V. con el objeto de agrupar en cada una de ellas a un puñado de programadoras grandes y pequeñas, para que se estableciera una sana competencia en el marco de unas reglas de juego claras y equitativas.
Fue entonces cuando apareció el primer fantasma. Detrás de este proyecto de reforma de la T.V. estaba el sello de los presidentes de dos programadoras, Enrique Peñalosa de Punch (íntimo colaborador del presidente Barco durante su campaña) y el de RTI, Fernando Gómez Agudelo. Eso convertía el proyecto, hablando crudamente, en una recomendación que dos de las programadoras interesadas en los resultados de la próxima licitación, habían resuelto hacerle al gobierno de turno.
Por eso el interés que comenzó a mostrar el gobierno en el proyecto no parecía decente, aunque en el fondo el asunto estuviera imbuido de la mejor buena intención. Alguien lo comparaba con la posibilidad de que el gobierno hubiera adoptado un proyecto de reforma agraria presentado por ejemplo por la SAC, como una de las partes en conflicto.
Pero a pesar de sus fantasmas, la propuesta de enfrentar a las dos cadenas era endemoniadamente atractiva. Y el debate en torno a su conveniencia casi que había logrado independizarse de su autoría intelectual, hasta que fue nombrado el nuevo director de Inravisión, que también llegó a posesionarse con su propio fantasma a cuestas.
El doctor Armando Sánchez Torres venía de la Cámara de Comercio de Bogotá, donde era la mano derecha de su gerente, Mario Suárez Melo, de quien corre la voz que posee estrechos vínculos con la programadora Punch.
Un proyecto de reforma de la T.V. inspirado por Punch, sumado a un nuevo gerente de Inravisión sospechosamente cercano a Punch, era una coincidencia demasiado espesa para ciertos sectores de la opinión pública.
Pero aún estaba por producirse la tercera coincidencia. En el proyecto de ley presentado por el ministro de Comunicaciones al Congreso con el objeto de legalizar la prórroga de la licitación de T.V. se contempla, en el artículo 2°,lo que ha sido catalogado como el mico de esta ley: la posibilidad de que las programadoras puedan asociarse legalmente a través de las cadenas de la televisión, que constituye el requisito fundamental para la viabilidad jurídica de lo que jocosamente comienza a llamarse entre la gente la "Ley Peñalosa".
Aunque es factible que en el fondo sólo exista una suma de simples coincidencias, no es bueno que flote en el ambiente la sensación de que también los proyectos de reforma de la T.V. tienen su propia eminencia gris en cabeza de una de las partes interesadas en la licitación, como es el señor Enrique Peñalosa.
Y como si lo anterior fuera poco, la semana pasada ocurrió algo que confundió todavía más el panorama para la opinión pública.
El Comité para la Vigilancia de la Televisión --uno de los engendros de la controvertida ley 42 del anterior gobierno, compuesto por amas de casa, consumidores sacerdotes, sindicalistas, médicos especialistas en salud mental, padres de familia, artistas, usuarios campesinos, etc.-- denunció el proyecto de ley presentado por el ministro de Comunicaciones que contiene el mico de la posibilidad de asociación, como un intento velado de privatizar la T.V., con el argumento de que si esta llega a aprobarse "Colombia entrará, en la práctica, a la era de la T.V. controlada por los empresarios particulares", agregando que "ciertos programadores están interesados en que la escogencia de los programas se determine por los intereses económicos y políticos de unas pocas industrias, que se mueven dentro de un monopolio de hecho".
¿Constituye esta declaración, proveniente de tamaño popurrí de representantes de la vida cotidiana, agrupados bajo el nombre de "Comité para la Vigilancia de la T.V.", también una velada sugerencia de que ciertas programadoras están influyendo más de lo debido en los actos del gobierno relacionados con el manejo de su televisión?
Aunque puede que las sospechas del Comité de Vigilancia sean exageradas, la susceptibilidad de sus miembros está directamente alimentada por los fantasmas que ha dejado libres el gobierno.
Es como si uno se despertara al las doce de la noche en medio del una furiosa tormenta, en el centro de un solitario bosque, en el interior de un caserón antiguo, lleno de telarañas, donde uno sabe que está íngrimo solo, y de pronto escucha un "oouuu" precedido de un sonido de cadenas que se arrastran. No me vengan con cuentos. Lo último que a uno se le ocurriría es que es el cartero....--
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