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Opinión

  • | 2012/10/11 00:00

    Los fusilados

    Es momento de que el ELN encare el pasado mirando al futuro para ponerse a paz y salvo consigo mismo, y para reparar al menos la dignidad y el honor de los fusilados y sus seres queridos.

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Prepararse para asumir un proceso de diálogos y negociación que ponga fin al conflicto político, social y armado, para las partes supone un conjunto de actividades preparatorias que van mucho más allá de tomar las decisiones políticas de superar la lucha armada y crear las condiciones para encarar los retos de la construcción de paz sostenible y duradera. Designar los equipos negociadores, definir las agendas, los procedimientos, los tiempos, los garantes y acompañantes, los lugares y garantías de seguridad; son solo unas herramientas para que el diálogo y las negociaciones se desarrollen de manera ordenada hacia la obtención de los resultados propuestos. En la antesala de la segunda fase de diálogos y negociaciones entre el Gobierno Nacional y las FARC – EP, el próximo 17 de octubre en Oslo, y de los presuntos y esperados contactos entre el ELN y el Gobierno para igualmente iniciar negociaciones, estimo pertinente pedir y proponer al Ejército de Liberación Nacional – ELN, en mi condición de exmilitante y exdirigente, pero también en mi condición de ciudadano que junto con la nación entera desea la paz y trabaja por ella, que la dirigencia de esta organización promueva y realice una mirada retrospectiva a los 48 años de su existencia y conflicto armado, haciendo uso de las herramientas contenidas en sus principios organizativos, tales como la planificación y evaluación y el de la crítica y la autocrítica, para extraer lecciones de utilidad a futuro como también para rectificar y reparar daños infringidos de manera innecesaria.

Me refiero en específico a los fusilamientos. Si bien esta práctica ha sido proscrita en el ELN desde finales de los años ochenta, fue utilizada como medio para dirimir luchas políticas internas y como mecanismo para acallar la disensión y disparidad de criterios en el debate político interno. A pesar de que estos fenómenos han sido estudiados y aceptados como prácticas nocivas e incorrectas y documentadas en textos oficiales como el libro Rojo y Negro, que compendiara el destacado dirigente Milton Hernández, aún no se ha realizado la reparación debida frente a estos errores históricos.

Es momento de que el ELN encare el pasado mirando al futuro, para ponerse a paz y salvo consigo mismo, para exorcizar los fantasmas que los asaltan en sueños, para reparar al menos la dignidad y el honor de los fusilados, para mitigar en algo el dolor de sus seres queridos que no comprenden por qué fueron matados por sus propios hermanos de lucha, en juicios viciados de prejuicios y amaños.

Pido y propongo que los juicios-asambleas que los juzgaron sean declarados nulos, que se reconozca públicamente los fusilamientos como un error histórico, que los nombres de Jaime Arenas Reyes, Ricardo Lara Parada, Víctor Medina Morón, Julio César Cortés, Heliodoro Ochoa, Hermídas Ruiz, Carlos Uribe Gaviria, Armando Montaño, Orlando Romero, Jaime Correa, Enrique Granados, Fernando Chacón, entre otros, sean rehabilitados en su estatura revolucionaria, que se diga que no son traidores como se les calificó en su momento y se les catalogó para sumergirlos en la oscuridad de la historia, que se enaltezcan sus nombres y se les acompañe con la palabra de compañeros; porque siempre lo fueron, que se les pida perdón a sus familias porque no debieron ser matados por disentir sobre cómo hacer mejor la revolución.

Se trata de poner la cara, y en acto público y sincero ante la organización y la sociedad empezar a alivianar las cargas que lastran el andar y dificultan asumir la paz como un todo integral: la paz en el país y la paz en los espíritus. Prepararse para la paz es prepararse para transformar las prácticas seculares de la guerra en nuevas prácticas de la dialéctica y la acción política en democracia, pero por sobre todo es prepararse para la reconciliación nacional, es decir para convivir y coexistir en paz y respeto con las gentes de esta inmensa nación, que sabrán valorar los actos francos y sinceros, que necesitan de estos actos antes de renovar u otorgar confianzas. Es por ello que también pido y propongo, que la dirigencia del Frente Domingo Laín Sáenz, con el temple que los caracteriza, pida perdón a la Iglesia Católica de Colombia y a su feligresía por el asesinato, hace 23 años, del obispo de Arauca, Monseñor Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, y que lo haga también el Comando Central como responsable subsidiario, por la responsabilidad política que le cabe; porque a un obispo no se le mata, porque si bien el obispo fue un contradictor de la guerrilla en la región, jamás fue un opositor armado, y ustedes lo saben.

Hechos como este han producido hondas desgarraduras en la sociedad a lo largo y ancho del territorio nacional en estos cincuenta años de lucha fratricida. A las puertas de la paz y de la reconciliación, pido y propongo a todas las partes del conflicto, que firmes y serenos, de frente y sin miedos, crear los mecanismos y procedimientos, desde ya, para hacer el balance de 50 años de guerra y reconocer con valor los errores y así disponernos, a las demandas de la reconciliación, que no son otras que mucha verdad, mucha reparación y el tamaño de la justicia que haga posible una paz sostenible y duradera.

* Exdirigente del ELN y vocero para diálogos de paz en los gobiernos Samper, Pastrana y primer año de Uribe.
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