Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2009/08/26 00:00

Los gobiernos no son la patria

A nombre del patriotismo, Chávez y Uribe nos llevaron a una crisis que podría desmantelar el intercambio y la cooperación consolidados durante años.

Wieldler Guerra.

Las comunidades de frontera en Colombia y Venezuela se sienten amarradas a dos caballos desbocados que corren en direcciones opuestas. Esos caballos son sus respectivos gobiernos. Los previsibles efectos de la crisis actual son ya una sombra oscura sobre el futuro de las respectivas economías nacionales y la incertidumbre se puede palpar hoy en el clima social prevaleciente en las entidades territoriales limítrofes.

El acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos ha despertado una álgida controversia en el continente con consecuencias concretas en las relaciones políticas y económicas con Ecuador y Venezuela. Si bien Estados Unidos es el destino del 31.6 por ciento de las exportaciones colombianas Venezuela recibe el 18.2 por ciento de estas. Es nuestro segundo socio comercial y una nación con la que nos unen indisolubles nexos históricos.
 
Por ello las relaciones con este país, independientemente de las diferencias ideológicas entre sus gobiernos, debieron considerarse entre las altas prioridades de nuestra política internacional y ser conducidas de manera esmerada y reflexiva desde la Cancillería. No ocurrió así. En el último cuatrienio las relaciones con Venezuela han sido manejadas desde el Ministerio de Defensa y, en ocasiones, parecería que desde las frívolas pero venenosas secciones de farándula de los medios capitalinos.

Es justo reconocer que las fallas en la conducción de las relaciones binacionales no se hallan exclusivamente en el lado colombiano. La administración Chávez actúa en muchas ocasiones como si su gobierno tuviese un carácter supranacional. Las represalias económicas que ha tomado parecen calcadas de los regímenes imperiales que dice condenar.
 
Estas no solo afectarán al empresariado colombiano sino que incrementarán el contrabando en ambos sentidos, provocarán desabastecimiento y un incremento del costo de vida en el vecino país que en lo corrido del año va ya en el 13.1  por ciento. Las sanciones afectarán de paso a pequeños comerciantes, campesinos e indígenas en uno y otro lado de la frontera. Los mismos grupos sociales que Chávez dice defender.

Si bien muchos colombianos tenemos una opinión crítica sobre la presencia de militares extranjeros en el suelo nacional es oportuno recordar que el gobierno venezolano jamás ha consultado a sus pares sudamericanos acerca de las billonarias compras de armas a Rusia y ningún país del continente protestó cuando sus armadas realizaron maniobras navales en el Caribe en el marco de un acuerdo que fue considerado estrictamente bilateral.

Infortunadamente Chávez y Uribe tienden a confundir sus gobiernos con la patria cualquier cosa que esto signifique para ambos. La crisis actual podría desmantelar procesos de intercambio y cooperación consolidados durante años en el que jugaron un papel decisivo los gremios, los académicos y las comunidades .
 
Solo entre el 2003 y el 2008 las ventas entre ambos países crecieron en un 875 por ciento. Como lo declararon conjuntamente el pasado 14 de agosto las Cámaras de Comercio de la frontera de Colombia y Venezuela reunidas en Riohacha: “El comercio, la industria y la inversión no son una dádiva. El intercambio no se construye ni se destruye por decreto. Se trata de un proceso que irrumpe desde los orígenes de Colombia y Venezuela y corresponde a un derecho de la ciudadanía”.


 es antropólogo y profesor y reside en la Costa Caribe.  wilderguerra@gmail.com




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