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Opinión

  • | 2012/10/26 00:00

    Los huevos de Santos

    El presidente Santos apostó por trascender los huevos de Uribe y ahora desova los suyos. Aunque difíciles de incubar, ahora se trata de ir peldaños más adelante y lograr el reconocimiento internacional del país, lograr la paz y avanzar hacia una mayor equidad social.

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Es posible que Horst Paulmann, presidente de la chilena Cencosud, tuviera conversaciones previas para adquirir la participación en Colombia de la firma francesa Carrefour o que las tuviera con el presidente Santos sobre su deseo de invertir en el país. Pero su revelación al periódico El Tiempo sobre la forma como cerró el negocio de la compra de la cadena de supermercados es un claro indicador del momento que vive Colombia y de lo que está en juego con las negociaciones de paz.
 
Decía el señor Paulmann que en una convención en Chile con 320 ejecutivos de la compañía en cinco países “recibimos una carta del Presidente de Colombia en la que saludada… Y puso una anotación: 'No se olviden, Colombia es el país ideal para hacer inversiones'. Luego de terminar la convención, el miércoles, el jueves me fui para Francia y les dije a los franceses: ¿Tienen ganas de vender (Carrefour) Colombia?”. Fue una negociación ultrarrápida.
 
Tal circunstancia, aunada a las negociaciones de acuerdos de libre comercio, de integración en la Alianza del Pacífico con México, Perú y Chile, del propósito de ingresar al excelso club de países de la OCDE y de la reciente participación de Colombia en la cumbre del G-20, devela el propósito del presidente Santos por posicionar a Colombia internacionalmente y por ello su cálculo de fondo con las negociaciones de paz.
 
Como buen ajedrecista, Santos apostó por trascender los huevos de Uribe y ahora desova y empolla los suyos. Ya no se trata solo de confianza inversionista, seguridad y cohesión social. Se trata de ir varios peldaños más adelante, de ser más estratégicos y lograr el reconocimiento internacional de Colombia, de lograr la paz y de avanzar hacia una mayor equidad social. Son huevos difíciles de incubar, retos en los que la tarea apenas ha comenzado, en los que el presidente deberá poner a prueba su talante reformista, pero que tienen gran lógica.
 
Sin paz difícilmente Colombia puede lograr una mejor percepción internacional y menos ser admitida en clubes internacionales más selectos. Y sin paz el país tampoco pudiera avanzar hacia el cumplimiento del rol de potencia media que por el tamaño de su población y recursos debería estar jugando hace rato. El posicionamiento internacional trae consigo la inversión extranjera, pero no solo una inversión que expolie, sino que reinvierta utilidades. El reto para el presidente Santos está en lograr que el país sea lo suficientemente atractivo de modo que las empresas extranjeras reinviertan sus utilidades en el país. Y para ello es fundamental la paz y avanzar en equidad social.
 
Hay quienes aducen que "para qué" negociar con la guerrilla, si el 90 por ciento de los delitos actualmente los comete la delincuencia común y organizada, además de que la guerrilla está prácticamente derrotada. Equívoco. Por diezmada que esté la guerrilla, sus reductos pueden realizar atentados que afecten la confianza en el país y la percepción internacional del mismo. Cuando el Gobierno y las elites de Guatemala negociaron con la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca en 1996, la subversión estaba reventada, pero prefirieron hacerlo antes de prolongar el conflicto.
 
Y si hay algo tan difícil como alcanzar la paz en Colombia sería avanzar en la construcción de una sociedad más equitativa, productiva y competitiva. Allí no serán suficientes unas políticas de redistribución o de alivio a las víctimas o los campesinos vía la restitución de tierras.
 
Se requiere un país que produzca más barato y eficientemente, que permita el acceso de los bienes a los más pobres. Es increíble el costo de vida en Colombia, de los bienes y servicios básicos, por lo que muchos sectores con menesterosos salarios quedan automáticamente excluidos. Hace unos pocos años un joven Ministro de Hacienda comentaba que a pesar de que un TLC con Estados Unidos afectara en lo particular a los cultivadores de arroz del Meta el beneficio sería para los consumidores que podían disfrutar de menores precios. ¿Quién no quiere pagar menos por el arroz que es caro en nuestro país?, se preguntaba. Pero hoy basta con ir a cualquier supermercado para constatar que comparados con otros países de la región el arroz sigue siendo caro, el atún, los productos de aseo; ni se diga de los costos del agua y la energía, de la educación, de la ropa, de los celulares y hasta del transporte. La paradoja es que ello suceda en un país donde los salarios son menores.
 
En una época era el proteccionismo. Hoy con apertura y todo la productividad y competitividad de nuestra economía sigue siendo baja y con demasiados intermediarios.
 
El presidente Santos ha logrado unos avances en la reducción de la pobreza, se dice de dos millones de personas. Pero para hacerlos sostenibles y que no se derrumben como un castillo de naipes en las primeras de cambio del ciclo económico tiene que emprender agresivas reformas que promuevan la competitividad, la innovación y la equidad. Ya el presidente Santos puso sus propios huevos. Ahora le corresponde sacar las crías para que las cartas suyas y de los próximos presidentes de Colombia hagan que más dueños de multinacionales tomen aviones para cerrar negocios en Colombia.
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