Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 1997/05/12 00:00

LOS INMORTALES

LOS INMORTALES

El ex presidente Alberto Lleras acaba de publicar un nuevo libro. El ex presidente Betancur acaba de publicar un nuevo prólogo. El ex presidente López acaba de publicar un nuevo artículo sobre política en el que dice que, aunque él no escribe de política, la llamada 'consulta' le parece buena pero superflua, o al revés. El ex presidente Carlos Lleras, que acaba de publicar él también un artículo lanzando una vez más su candidatura presidencial, opina por el contrario que la 'consulta' es lo contrario de lo que el ex presidente López piensa, o dice que piensa. El ex presidente Santos, desde el Hotel Meurice de París, acaba de hacerle llegar a El Tiempo un cablegrama fijando la posición de neutralidad del periódico ante la próxima consulta, si la hay.
Pero ahí no para la actividad de los ex presidentes de Colombia. El ex presidente Turbay acaba de ser propuesto una vez más como Jefe Unico de su partido. El ex presidente Rojas acaba de volver a nombrar a su nieto director de Sendas. Al ex presidente Rafael Núñez le acaban de poner una tutela por haber escrito el Himno Nacional. El ex presidente Laureano Gómez, en el Senado, acaba de condenar al fuego eterno a los conservadores que colaboran con el gobierno inicuo e indigno del presidente Samper. El anciano ex presidente Sanclemente -o tal vez el anciano ex presidente Marroquín- acaba de anunciar que él está dispuesto a subir desde Anapoima para asumir la presidencia si el presidente Samper se retira. Pero el presidente Samper no se retira: acaba de anunciar, como ha hecho ya no una sino siete veces, que él tiene más vidas que un gato.
Es verdad. Y así lo acaba de corroborar el ex presidente Pastrana, declarando en una entrevista concedida a Cambio16: "Es que en el subconsciente uno se cree inmortal".
Pero no es que los ex presidentes colombianos se crean inmortales en el subconsciente: es que son inmortales en la vida real. Si el resumen precedente de sus frenéticas actividades no bastara de sobra para demostrarlo, es posible completarlo con una prueba reina: el ex presidente Barco, de quien durante todo su período presidencial se creyó que estaba muerto, acaba de resucitar para recibir un premio por los servicios prestados a su partido cuando ocupó la presidencia.
No se trata, sin embargo, de una inmortalidad inofensiva, como la de los pobres inmortales del cuento de Borges, que eran simplemente hombres que no podían morirse, aunque quisieran. Ni de una inmortalidad casi simbólica, como la de los miembros de la Academia Francesa, llamados, 'les inmortels' pese a que en la mayor parte de los casos se hallan ya clínicamente muertos cuando son elegidos para la inmortalidad (o si no, piensen ustedes: André Maurois, Anatole France, el duque de Lévis-Mirepoix). No. La inmortalidad de los ex presidentes colombianos es activa, tenaz, empedernida, recalcitrante. Están vivos ahí para seguir estando vivos para siempre, con una persistencia en el empecinamiento que sólo cabe calificar de contumacia. Contumaz es, como cualquier ex presidente colombiano, quien se obstina en el error. O, para entrar ya en una definición propiamente taxonómica del género de los ex presidentes colombianos, contumaces son, "las substancias apropiadas para conservar los gérmenes infecciosos", que es la definición dada por María Moliner en su Diccionario de Uso del Español. Julio Casares va todavía más lejos en su Diccionario Ideológico de la Lengua Española, en el que afirma que la palabra contumaz "aplícase a las cosas que propagan los gérmenes de un contagio".
Tal vez nadie haya sabido pintar mejor a los ex presidentes de Colombia: sustancias conservadoras y propagadoras de infecciones, ya se trate de sustancias mucilaginosas, como en el caso del ex presidente Turbay, o cambiantes como el azogue, como en el caso del ex presidente López, o de sustancias "friolentas y huidizas", tal como define en su reciente libro el ex presidente Lleras al ex presidente Santos: todos ellos, sustancias contumaces, cuya principal propiedad es la de contagiar todo aquello que tocan, para siempre.
Y es por eso que los colombianos que no somos ex presidentes, la "gente mísera de tropa" de que hablaba León de Greiff, temblamos al pensar en cómo podrá ser, cuando le llegue su turno de ser ex presidente, el contagio infeccioso transmitido por el ex presidente Samper.

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