Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2000/09/25 00:00

Los límites de la guerra

El Ejército no es un ‘bando’ ni es otro ‘actor armado’; pero no lo es porque se ciñe a las leyes que la guerrilla y los paras quebrantan cada día

Los límites de la guerra

Van a lloverme rayos y centellas por esta afirmación: el Derecho Internacional Humanitario no es derecho. Sin duda ‘debería’ ser derecho. Es más, se han dado pasos importantes para que sea derecho. Pero el derecho supone un juez que haga cumplirlo, y estamos todavía lejos de un tribunal mundial del DIH.

Precisemos. Existen tribunales para dirimir controversias entre Estados, e incluso para juzgar a Estados violadores de derechos humanos. Existen, después de Nuremberg, los tribunales internacionales de Ruanda y la ex Yugoslavia para juzgar criminales de guerra. Y es más: hace dos años exactos, 114 países decidieron crear la Corte Criminal Internacional (CCI). Pero cada uno de estos mecanismos tiene sus bemoles:

—Salvo excepciones como Kosovo o Irak, no hay modo de asegurar que los Estados hagan caso al tribunal. Fresco está el caso de Venezuela y el transporte colombiano, o el de Perú y la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

— No es bien claro si los tribunales tipo Nuremberg responden a la humanidad o a los vencedores. Y aunque el de Yugoslavia condenó a un presidente en ejercicio (Milosevic) o el de Ruanda a un ex primer ministro (Kambanda), se cuentan con los dedos de la mano los reos apresados hasta ahora.

—La CCI sería el primer tribunal de alcance mundial que juzgue a individuos acusados de “agresión, genocidio, crímenes de guerra, o crímenes de lesa humanidad”. Esa es la esperanza. Pero el juicio en cuestión queda sujeto a vetos del Consejo de Seguridad o de los Estados afectados, no tiene reglas definidas todavía, ni es claro quién capturará a los condenados. Además, la Corte podría tardar años para empezar a actuar y cuenta con la oposición cerrada de Estados Unidos.

No hay pues una justicia supranacional que vele por el DIH. Pensando con el deseo, los medios y las ONG nos hicieron creer que Pinochet sería su primer y gran ejemplo. Pero no había tal: España solicitó la extradición del ex dictador en virtud de un tratado binacional y para juzgarlo a la luz de sus leyes internas. Hoy lo está juzgando Chile según sus propias leyes.

Pero afirmar que el DIH no es derecho tiene además una objeción conceptual: si el ‘derecho’ se redujera a las leyes que un tribunal puede obligar a cumplir, el jurista no podría discutir la justicia de esas leyes. Por eso muchos opinan que hay un ‘derecho’ anterior o superior a las leyes, del cual sería parte el DIH. Pero entonces estaríamos hablando de los principios universales de la justicia, cuestión que propiamente corresponde a la ética.

El ‘Derecho Internacional Humanitario’ es entonces una ética y nos obliga a todos con tanta hondura como obliga la ética. Pero el DIH viene a ser una cota ‘mínima’ de restricciones, de suerte que los límites de la guerra son aun más estrictos que el DIH.

— Si la ‘guerra es la continuación de la política’, las leyes de la guerra son una extensión de las de la política: el ejército de una nación civilizada es un ejército civilizado por más que el adversario practique la barbarie.

— Las Fuerzas Armadas están sujetas a la Constitución y a los códigos penales. Es sencillo: si el soldado viola la ley, ¿en qué se distingue del guerrillero? El Ejército no es un ‘bando’ ni es otro ‘actor armado’; pero no lo es porque se ciñe a las leyes que las guerrillas y los paramilitares quebrantan cada día.

— La guerrilla es una rebelión armada contra las leyes del Estado. Si pierde, queda sujeta al Título “de los delitos contra el régimen constitucional” que trae el Código Penal. En aras de la paz, puede ser favorecida con indultos o amnistía. Pero mientras combate, está sujeta al proyecto político que invoca como legitimación, o sea a proteger la población civil que el Estado persigue injustamente.

— El paramilitarismo no es un delito político porque no implica alzarse contra el Estado. Por eso está sujeto a la ley penal ordinaria, aunque el interés superior de la paz eventualmente pueda requerir del indulto o la amnistía.

No digo yo que estas simplezas mías sean tan simples de pesca o aplicar. Pero sí creo que ayudarían lo suyo a despejar la Babilonia diaria que aquí nos arman con los seis niños muertos por fuera de la guerra, con el waiver por derechos humanos que manda míster Clinton, con entrevistas de Raúl Reyes y Carlos Castaño, o con la insistencia de tantas gentes lúcidas y buenas en que las ‘partes’ suscriban un acuerdo de ‘Derecho Internacional Humanitario’.

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