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Opinión

  • | 2013/11/09 20:00

    Los llaneros solitarios

    El cuento de que la Fundación Buen Gobierno sólo tendría propósitos académicos terminó volviéndose realidad.

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La política es un oficio, además de ingrato, bastante injusto. Los electores solemos premiar a quienes figuran en los medios de comunicación, así sea a punta de gritos e insultos, y a la hora de votar nos dejamos llevar por una buena primera impresión y nada más.

Hay quienes hacen la tarea, estudian, preparan sus propuestas, intentan convencernos con argumentos, pero, como llaneros solitarios, terminan cabalgando solos contra el mundo.

Algo así les pasa a Marta Lucía Ramírez, Cecilia López y Eduardo Verano de la Rosa, tres políticos con ‘cuento’ a los que, sin embargo, no les estamos prestando atención.

Marta Lucía ha sido todo lo que muchas mujeres con vocación de servicio público quisieran ser: ministra de Comercio, la primera ministra de defensa colombiana, senadora –con muy buena votación– y respetada consultora. Fue una de las primeras en advertir sobre el recalentamiento de la industria nacional, mientras Luis Carlos Villegas se empeñaba en desmentirla. Ha renunciado a sus actividades particulares para dedicarse de lleno a buscar que el Partido Conservador la haga su candidata o que al menos la derrote en franca lid en una consulta con las bases de su colectividad.

Su misión, por ahora, parece imposible y aunque no le va tan mal en las mediciones y tiene recordación entre los colombianos, los goditos ‘mermeladeros’ le han cerrado el paso a su propuesta de convocar una convención para que los conservadores sin curul decidan qué quieren hacer en las elecciones del 2014.

A Cecilia López Montaño le suena familiar esta historia. Igual que Marta Lucía, pero desde una orilla ideológica distinta, se mamó de intentar que el Partido Liberal considerara su visión y renunció a esa colectividad sin que haya encontrado todavía dónde aterrizar.

Es ciertamente incomprendida pero coherente. Sabe que no es del Polo y por eso rechazó la oferta que le hizo Clara López para integrar las listas al Congreso de ese partido, pero tampoco han cuajado sus intentos de organizar una tercería sólida. Peleó con Fajardo y con Navarro, que no le dieron el espacio que merecía, y su propuesta de armar una candidatura única femenina resulta inviable a estas alturas porque sus compañeras de género andan en otras cosas y no le han parado muchas bolas.

No obstante, tiene todo tipo de ideas sólidas en materia económica, de inclusión social y emprendimiento. Las expone con buena pluma en sus columnas pero este país, dividido ramplonamente entre santistas y uribistas, pasa de largo frente a planteamientos sensatos que no provengan de alguna de esas dos corrientes.

El otro llanero solitario, Eduardo Verano de La Rosa, ha venido construyendo un proyecto que responde a las necesidades de los departamentos en un país de regiones como el nuestro. Es costeño y en él habría una carta interesante para que esa zona del país por fin tenga candidatos presidenciales de peso. Aunque el expresidente Uribe lo tentó para que se metiera en su consulta, Verano se resistió y sigue jugando solo, entre otras cosas porque en el liberalismo, su casa original, están demasiado comprometidos con la reelección de Santos.

Verano, López y Ramírez comparten un mismo destino: exponen buenas ideas, recorren el país compartiendo sus planteamientos, pero la máquina mediática los relegó a ser simples caricaturas, los partidos se deshicieron de ellos y los colombianos los hemos vuelto invisibles por estar creyendo que las cosas sólo se ven en blanco o en negro.

La intención de ‘votar en blanco’, que supera el 30 % según las últimas encuestas, puede reflejar no sólo la indecisión de algunos, sino el hastío auténtico de muchos frente a las opciones que están servidas en la mesa. ¿Será la hora de tomarse en serio a los ‘solitarios’?

Twitter: @JoseMAcevedo

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