Viernes, 31 de octubre de 2014

| 2013/07/16 00:00

Los lugares no son para encontrarse

Buscar en otra ciudad la respuesta al sentido de la vida, es empezar a caer en un abismo del que es cada vez más difícil salir.

Ximena Sanz de Santamaría C. Foto: Ximena Sanz de Santamaría C.

Todos los seres humanos, en mayor o menor medida y de diferentes maneras, están constantemente buscándole un sentido a la vida, a su vida. Muchos lo hacen mediante preguntas, practicando una religión, o por diferentes prácticas espirituales como el yoga o la meditación. Otros lo hacen dedicándole la totalidad de su energía al trabajo o introduciendo cambios drásticos en su vida, como puede ser irse a vivir a otra ciudad o a otro país. 

“Me fui a una gran ciudad a estudiar, o por lo menos esa fue la disculpa que le di a mis papás. Pero creo que realmente me fui a buscarle un sentido a mi vida. Pensé que viviendo en una gran ciudad, diferente a esta, iba a encontrarme a mí misma. Y he vivido el período más duro de mi vida porque estoy más perdida que nunca”. Fue lo primero que me dijo una joven estudiante que tuvo que regresar a pasar vacaciones porque estaba empezando a deprimirse. “Vivo en la ciudad en la que todo el mundo quisiera vivir, en la que yo tenía el sueño de vivir. Ahora, después de vivir ahí, me doy cuenta que ese ideal de la ciudad es un espejismo”.

Las grandes ciudades tienen, sin duda, un enorme atractivo para cualquier persona: son ciudades que ‘ofrecen’ todo tipo de planes y actividades para todos los gustos en lo cultural, en entretenimiento, en restaurantes, en una vida nocturna en la que pareciera que todo está permitido, entre muchas otras cosas. Ciudades que ‘mandan la parada’ en temas de alimentación, moda, ejercicio, trabajo, donde supuestamente están todas las oportunidades para satisfacer los gustos, intereses y aspiraciones de cualquier persona. Por eso son lugares que se convierten en un polo de atracción que hacen que muchas personas quieran tener la experiencia de vivir ahí, de ser parte de esas ciudades, porque “en teoría” es donde van a ser felices y donde van a encontrarle un sentido a su vida. 

Pero lo que termina ocurriendo, paradójicamente, es todo lo contrario. Y la razón es evidente, porque ni las ciudades, ni ninguna circunstancia que sea externa a una persona puede darle un sentido a su vida. Confrontar esta realidad genera una frustración y una angustia que muchas veces puede llevar a las personas a deprimirse o a buscar la ‘solución’ en alguna adicción. 

Para esta joven estudiante había sido muy duro estrellarse con que su “sueño” sobre lo que iba e encontrar viviendo en una de las grandes ciudades de Europa era un espejismo. Los meses iniciales habían sido maravillosos y excitantes porque había llegado en el verano, a descubrir una ciudad nueva, a ver gente aparentemente feliz en los parques, haciendo turismo... Pero pasados esos primeros meses empezó a vivir una experiencia más real. 

Comenzó por darse cuenta que, en últimas, esa gran ciudad era igual a la suya, donde también había una rutina diaria y donde cada persona estaba luchando en su propio mundo para salir adelante. Empezó a sentir una profunda soledad que se hacía más difícil de sobrellevar cada vez que hablaba con sus amigos o con sus familiares porque todos le repetían constantemente lo feliz que debía estar ella viviendo en esa gran ciudad en la que durante tanto tiempo había soñado estar viviendo. 

“Me sentía desagradecida si llegaba a admitir que no estaba tan feliz como pensaba porque me fui huyendo de mí misma, huyendo de cosas que pensé que iba a dejar atrás por cambiar de ciudad, cuando en realidad todas esas cosas se fueron conmigo”.

Aunque no fue fácil, finalmente un día les confesó a sus padres que no estaba contenta, que la felicidad que se había ido a buscar en la ciudad de sus sueños no estaba allá, y que se había dado cuenta que la felicidad que estaba buscando solo la podría encontrar en ella misma. 

Pero estaba completamente perdida, desenfocada y tenía miedo de enfrentarse a sí misma porque eso le implicaba darse cuenta de que esa ciudad no iba a resolverle sus dudas, sus miedos, sus preocupaciones; que no era ahí donde iba a encontrarle el sentido a su vida. Por eso, tomó la decisión de devolverse un tiempo para ‘reconectarse’ con ella misma, fortalecerse y recuperar su tranquilidad interna, para luego regresar a terminar sus estudios y ahí sí realmente disfrutar de la ‘ciudad de sus sueños’. 

Encontrarle el sentido a la vida no es algo que se resuelva en pocos meses ni tampoco con una terapia. Buscar ayuda terapéutica es un primer paso que puede darle a la persona unas herramientas para entrar en contacto consigo misma y, a partir de ahí, trabajar cotidianamente en la difícil tarea de avanzar en el conocimiento de sí misma para descubrir que el sentido de la vida va cambiando a medida que va creciendo, aprendiendo y conociendo cosas nuevas. 

Conocer otras culturas, otras formas de vida, abrirse a conocer personas que piensan diferente, de otra nacionalidad, de otra raza, es una forma de abrirse a nuevas perspectivas, de no quedarse en la “zona de confort” de lo que ya se conoce. Pero buscar en algo externo a uno mismo la respuesta al sentido de la vida puede llevar a caer en un abismo del que es cada vez más difícil salir porque al no encontrarlo, se sigue buscando en cosas externas, como puede ser otra ciudad.

Tomar la decisión de cambiar de lugar de residencia –sin importar si es dentro del país propio o fuera del mismo-, no debe basarse en la idea de querer encontrar la felicidad en otra parte, porque los problemas siempre tienen pasaje para llegar a cualquier lugar del mundo. Y la felicidad mora en el interior de cada persona, sin importar dónde viva.

*Psicóloga-Psicoterapeuta Estratégica

ximena@breveterapia.com

www.breveterapia.com

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