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Opinión

  • | 2017/03/01 13:02

    Los “juicios de residencia”

    Ya no existen los juicios de residencia, pero subsisten los juicios de la historia en los que tarde o temprano se pronunciaran inexorables fallos.

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Los llamados “juicios de residencia” durante la época colonial española consistían en que, al término del desempeño del cargo, desde los virreyes y los presidentes de las reales audiencias hasta los gobernadores y alcaldes, eran sometidos a una severa revisión de sus actuaciones por parte de un “juez de residencia”. Si en el proceso se encontraba alguna anomalía, el implicado era sancionado. Los juicios de residencia terminaron al advenimiento de la independencia de las colonias americanas.

Sin embargo, en algunas de las nuevas naciones, el mandatario de turno y sus principales dignatarios, buscaron a toda costa mantenerse en el poder o al menos impulsar alguna de sus “fichas” para que lo sucediera, no solamente para evitar algo parecido a un “juicio de residencia”, sino para seguir gozando de la influencia y los privilegios que venía detentado.

Para lograrlo, había diferentes procedimientos. Desde el fraude hasta la represión y desde el soborno hasta las contribuciones para lograr privilegios posteriores. Esta última modalidad fue heredada de la madre patria, en donde el poderoso monarca de España, Carlos I, para lograr su proclamación simultánea como emperador de Alemania, debía contar con el apoyo de los electores alemanes. Como el dinero era la forma de lograrlo, dos casas alemanas, los Fugger y los Welser, que no eran constructores sino comerciantes, aportaron casi el 80 % de los fondos requeridos. Tiempo después, en 1528, ¡oh, sorpresa¡ en agradecimiento el emperador les otorgó la gobernación de Venezuela.

Se acaba de celebrar la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Ecuador, en las que el presidente Correa se la jugó con su candidato Lenin Moreno, que le garantizaría no solamente la continuidad del régimen, sino también su eventual retorno al poder. Habrá que ver lo que sucede en la segunda. En Venezuela, parece ser que la “era chavista” continuará unos añitos más, por ahí hasta el 2050, porque un “juicio de residencia” ahora podría ser muy complicado…

En nuestro país tuvimos desde 1886 la llamada “Hegemonía Conservadora”, que duró la bicoca de 44 y sólo terminó en 1930, cuando el arzobispo de Bogotá, que era quien señalaba el candidato del conservatismo, no se decidió a tiempo entre los dos precandidatos del partido y triunfó el liberal Enrique Olaya Herrera. Posteriormente vino la “República Liberal”, que duró 16 años, y luego, entre 1958 y 1974, el “Frente Nacional”, que garantizaba la cordial rotación de los partidos tradicionales, con la secuela subsiguiente de la “representación adecuada y equitativa” que aseguraba la repartición burocrática entre ambos partidos del Gobierno con todos sus privilegios, lo que afortunadamente fue roto por la valiente decisión del presidente Virgilio Barco, que era un hombre diferente.

Ya no existen los juicios de residencia, pero subsisten los juicios de la historia en los que tarde o temprano se pronunciaran inexorables fallos…

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