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Opinión

  • | 2012/02/06 00:00

    Los meses más violentos

    Lo esencial en este momento es esperar a ver los patrones del conflicto del año 2011.

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Al comienzo de febrero de este año el Centro de Seguridad y Democracia de la Universidad Sergio Arboleda anunció que se había encontrado que el mes de enero del 2012 fue el más violento en los últimos ocho años. La tendencia no es nada nueva pues representa la pauta general del conflicto que ha venido presentándose desde el 2008. La conclusión no es muy sorprendente pues durante este año se ha visto una alta intensidad del conflicto, desde el paro armado de los Urabeños a los ataques de las FARC en Catatumbo con el fin de asegurar el movimiento y la vida del nuevo líder ‘Timochenko’.

Es bastante común ver noticias de que en septiembre bajó la violencia por porcentaje ‘x’ comparado con el mismo mes ‘x’ del año previo. O que, por ejemplo, en Medellín los homicidios subieron por tanto de un mes al otro. Ejemplos semejantes sobran. Hay un problema simple y engañoso con llegar a conclusiones generales: los tiempos son demasiado cortos para revelar cualquier patrón. El estudio del Centro de Seguridad y Democracia por ejemplo tiene razón al decir que el conflicto se ha ido intensificando en los últimos dos o tres años, pero sería equivocado pensar que el conflicto necesariamente sigue en camino de esa intensificación por el hecho de que enero fue el mes más violento de los últimos ocho años.

Es probable que enero fuera un pico de la violencia, parte de una confluencia de factores como que los Urabeños decidieron escoger el paro armado como respuesta a la muerte de su líder, que las FARC necesitaban mover más tropas al Catatumbo para proteger a ‘Timochenko’, o que en el suroeste del país las relaciones entre grupos armados cambiaron de una u otra manera. El punto es que febrero puede ser el mes menos violento en los últimos ocho años también, lo cual iría totalmente contra la pauta general reciente del conflicto, pero tendría todo el sentido. Es decir, aunque el conflicto se va intensificando, enero es probablemente una variación normal en los niveles de violencia que siempre se han dado y se seguirán dando.

La misma manera de presentar cifras favorables es utilizada por el Estado, y de todas las administraciones recientes en Colombia, sea de Pastrana, de Uribe o de Santos. Es una manera de engañar, de hacernos pensar que las cosas van en una dirección mientras la realidad puede ser otra. Con ella se trata de crear una percepción entre el público de que las políticas están funcionando, bien sea una política frente al conflicto, o a la pobreza o al desempleo. Lo que importa es el largo plazo, donde todos los picos y las bajas terminan mostrando una tendencia que es útil para sacar conclusiones y responder a la situación presentada.

Ahora bien, lo esencial en este momento es esperar a ver los patrones del conflicto del año 2011. Es apenas un nuevo año y los datos del año pasado están por salir. Pero ya se puede llegar a varias conclusiones y hay algunas que creo que son esenciales para tener en cuenta mientras comienza este año.

La primera es que el año pasado y el comienzo de este año han mostrado que los grupos neo-paramilitares no se van a desaparecer pronto, y tienen un capacidad increíble de adaptarse en el largo plazo. Esta no es una nueva conclusión pero es mucho más firme después de lo que pasó el año anterior con la muerte de Sebastián, la captura de alias ‘Valenciano’, la reorganización del ERPAC (el grupo no se desmovilizó en total – ni cerca de hecho – y ya está empezando su plan de estar presente en más territorio y con una presencia monopolizada) y el crecimiento continuo de los Rastrojos y los Urabeños, a pesar de su conflicto entre sí.

El ELN sigue mostrando su capacidad de adaptarse también evitando muchos enfrentamientos con el Ejército y concentrando sus tropas en sus zonas de alto control sin querer entrar en conflictos grandes. En Arauca les ganó a las FARC y sigue con su imperio ahí. En el sur de Bolívar los ‘elenos’ siguen muy presentes en los corregimientos y las veredas a pesar de los numerosos grupos armados que también se encuentran en la zona. En Nariño y Cauca el grupo sigue teniendo presencia en las montañas y cerca del Pacífico.

La guerrilla de las FARC sufrió la muerte de su líder ‘Alfonso Cano’ pero parece que poco se han visto afectados por esta. Claro que fue un golpe fuertísimo y simbólico pero parece que la decisión de seguir con el mismo plan llevado a cabo bajo Cano, fue buena desde la perspectiva de ese grupo insurgente. Desde que ‘Timochenko’ tomó control del grupo, las FARC han mostrado su capacidad de actuar violentamente en el Catatumbo, zona en que fueron golpeadas duramente por las AUC y en que han tenido que convivir con varios grupos neo-paramilitares, narcotraficantes además del Ejército. El poder social de esta guerrilla en la zona es evidente y ayuda a explicar su presencia y accionar tan fuerte.

Eso es lo que hay que tener en cuenta al mirar el conflicto actual. Estos grupos tienen alto poder social e influencia en las zonas donde tienen presencia. Tienen sus cunas y sus poblaciones, incluso si no nos gusta admitirlo. Cierta información del suroccidente del país señala que las FARC están trabajando más con las comunidades donde tienen presencia, tratando (con más y menos éxito según la comunidad) de (re)establecer las relaciones del pasado que por lo menos no eran tan violentas como las actuales y en que había muchas veces una convivencia importante para la población y la guerrilla. Y además el ERPAC se mostró no dispuesto a desmovilizar a sus tropas de Mapiripán, la cuna del grupo y su lugar de origen. El año 2011 era el año de la siguiente intensificación del conflicto y del recuerdo del poder social de los grupos armados ilegales. Lo que se verá en 2012 queda por verse, ni importa lo que pasó o no en enero.

*Politólogo de la University of Connecticut, pasante en la Corporación Nuevo Arco Iris y estudiante de maestría en la Universidad de los Andes.
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