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Opinión

  • | 1996/10/07 00:00

    LOS MINISTROS 1

    ESGUERRA ES UN MINISTRO DESBORDADOR POR LOS HECHOS, Y SOBRE LOS HARF, PASADOS UNOS MESES LA GENTE COMENZO A SENTIR QUE LE HABIAN METIDO UN PAQUETE

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El ministro brasier: La fortaleza de Horacio Serpa es directamente proporcional al aumento de las críticas en su contra. Mientras más se consolida, más enemigos y críticos tiene, porque está claro que es el samperista más coherente, el ministro más poderoso y el precandidato más opcionado del momento. Y mientras hasta hace unos meses se le culpaba porque sus declaraciones le hacían más daño que beneficio al Presidente, hoy son sus propios detractores quienes lo acusan de ser el principal sostén de Samper.
El ministro ventrílocuo: Juan Carlos Esguerra es un ministro que ya no 'marcha' bien. De ser uno de los ministros más respetados y ponderados del gabinete, ha venido perdiendo el ritmo, al punto de que dejó pasar su momentum para haberse retirado lleno de prestigio del ministerio y se ha convertido en un ministro marchito. En pocas palabras, Esguerra es un jurista desbordado por los hechos. El gobierno no cuenta con él para consultar el contenido de los acuerdos con los campesinos coqueros. Los generales no cuentan con él para redactar los proyectos de ley tendientes a fortalecer a las Fuerzas Militares en el Congreso. Ni siquiera es él a quien los periodistas buscan para obtener reacciones relacionadas con las noticias de orden público. Pero cuando finalmente aparece una declaración suya en los medios, se reduce a una nerviosa retórica de ventrílocuo para que no se note quiénes son los que mandan realmente en ese ministerio. En la cátedra y en el ejercicio profesional recuperará el brillo y la gracia de siempre
El ministro Cano: Como le sucede a Esguerra, el ministro de Justicia, Carlos Medellín, jamás ha estado totalmente cómodo en este gobierno. Ambos son hombres moralmente intachables, y por eso la contradicción inherente al hecho de pertenecer al actual gobierno se traduce en consecuencias distintas. Pero afortunadamente para Medellín, a diferencia de Esguerra, el resultado ha sido el de un ministro que comenzó tibio y que se ha venido calentando a fuerza de tener posiciones propias, valiosas e inteligentes sobre los temas más difíciles del momento. Hasta ha llegado a comprometerse, como en el tema de la extradición, más allá que el propio gobierno al que pertenece. La razón es que el ministro Medellín es Cano, y sabe que eso significa que su presencia en el gabinete es la cuota de una familia del periodismo colombiano cuyo prestigio no puede ser ajeno a los resultados que finalmente obtenga en el ejercicio de su cargo.
La ministra tote: En Agricultura, Cecilia López se ha consagrado como una ministra de carácter desbordado. Es el típico ejemplo de cómo la inteligencia puede terminar desperdiciada al servicio de la belicosidad. Cuando uno la oye hablar, hace casi inmediatamente la asociación con la detestable histeria femenina, que tanta mala fama nos ha traído a las mujeres a través de todas las épocas. Su última salida, la de echarle la culpa a los bancos de ser los responsables de la crisis del campo colombiano, es la prueba de que una ministra más pugnaz que racional no es la persona que necesita el país en los difíciles y confusos momentos que atraviesa.
El ministro ¿qué?: Es triste que después de casi un año de posesionado, nadie sepa en Colombia cómo se llama el ministro de Obras. Pero es que incluso los pocos que se acuerdan lo llaman por un nombre equivocado. Es el mejor reflejo de los resultados de su cartera: ¿cuáles?
El ministro chileno: A pesar del gran bombo con el que Morris Harf llegó al Ministerio de Comercio Exterior, pasados unos meses la gente comenzó a sentir que le habían metido paquete. De embarrada en embarrada, siempre está opinando lo que no toca, cuando no toca, hasta el punto de que ha tenido que ser reconvenido por sus propios colegas de gabinete. Al parecer, es un problema de criterio: de que el mismo con el que manejaba el sector privado, no puede ser el mismo que aplica para manejar el sector público.
El sintraministro: De sindicalista, Orlando Obregón se inventaba la manera de colocarse la camiseta de componedor, defensor de las instituciones, responsable. Así consiguió el Ministerio de Trabajo. Ahora de ministro ha mostrado la misma habilidad de antes, pero, para colocarse la camiseta de sindicalista. Es prudente, y al contrario de la ministra de Agricultura, maneja muy bien el timing de su beligerancia. Las ha ganado todas: electrificadoras, Caja Agraria, Telecom...
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