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Opinión

  • | 1998/10/26 00:00

    LOS MINISTROS

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Anterior: Néstor Humberto Mart_nez: aunque viene luchando por abrirle el mejor camino a la reforma política con un entusiasmo agotador, su principal talón de Aquiles es, irónicamente, el que constituyó su principal fortaleza a la hora de nombrarlo de Ministro: su carácter liberal. A pesar de que ha representado a su partido como superintendente, miembro de la Junta del Banco de la República, Ministro de Justicia y embajador en Francia, Martínez no es, sin embargo, un liberal reconocido como tal por el liberalismo. Con los liberales oposicionistas mantiene una relación cordial, pero éstos no saben todavía cómo catalogar a Martínez: ¿lentejo? ¿tibio? ¿oportunista? Entre su propio partido el Ministro del Interior se tropieza por lo pronto con una presunción de deslealtad, que aunque injusta, lo hace aparecer más como un ministro pastranista que como un ministro liberal, lo que le quita efectividad política.

Relaciones, Guillermo Fernández de Soto: como presidente de la Cámara de Comercio de Bogotá, y como ex vicecanciller, había dado las primeras muestras de la que es su principal virtud: la de ser un hombre eficaz. Domina el tema de su cartera, no tiene enemigos, es de la absoluta confianza del Presidente y carece de la más mínima pretensión política, aunque entiende de ella todo lo que se necesita. Por su temperamento low profile en extremo, jamás será un consentido de la opinión, pero el tema no figura entre sus preocupaciones.

Defensa, Rodrigo Lloreda: hijo de político, padre de políticos primíparos, y él mismo político desde muy joven, su vida ha transcurrido entre las distintas dignidades que ha ocupado en esta actividad: gobernador del Valle del Cauca, varias veces ministro y precandidato presidencial en un par de ocasiones, aunque en más de un interregno se ha refugiado en la que constituye su otra gran vocación: el periodismo. De ahí lo sacó el presidente Pastrana para nombrarlo Ministro. Y aunque es todavía muy pronto para evaluar su gestión ya se nota que a este hombre de excelentes maneras no le tiemblan ni el pulso ni la voz a la hora de defender al Ejército, porque está perfectamente diseñado para manejar una situación tan compleja como la actual. Un convencido de la paz, Lloreda sabe que ésta no se consigue sin un Ejército fuerte y respetable.

Justicia, Parmenio Cuéllar: llega a ministro precedido por la bobadita de haber salido del Congreso con buena fama, algo que por estos días parece casi imposible. Y precisamente se volvió ministeriable por la carambola de haber perdido las elecciones por un estrecho margen. Pero fue en su propio hábitat, el Parlamento, donde Parmenio dejó muy mal sabor en su primera gran salida. En ella agredió innecesariamente al Fiscal y luego dejó desconcertados a los parlamentarios, cuando permitió que éstos 'echaran corriente' toda una mañana acerca del tema de la unidad para la investigación del lavado de activos, sin revelarle a nadie que entre la manga tenía ya firmado un decreto en el que se prescindía totalmente de las opiniones aparentemente consultadas.

Educación, Germán Bula: es el que más tiene para ganar, porque fue el peor recibido por los medios por razones bien injustas: su apellido suena a clase política, venía de la Contraloría y jamás se le había asociado con el tema de su cartera. El país ignora de Bula que al lado de su vocación política hay escondido un humanista y un técnico, una mezcla interesante que en pocas semanas podrá comenzar a producir sorpresas en esta cartera. Su principal reto será manejar un Ministerio que no es de Educación sino de Fecode, manejo en lo que normalmente los ministros de Educación invierten el tiempo en el que logran permanecer en su cargo, cuando no los cambian en la primera crisis ministerial para cuadrar alguna cuota política.

Trabajo, Antonio Yepes: se trata de un abogado de alta categoría, ex miembro de la Constituyente, gran conocedor del tema jurídico, pero al tiempo un hombre con gran sensibilidad social. Al carecer de intereses políticos, juega totalmente en el difícil tema laboral con la camiseta del gobierno. El acierto de su nombramiento recuerda a antecesores suyos de muchos quilates como Pacho Posada o Luis Fernando Ramírez, pero al mismo tiempo establece un contraste muy notorio con los catastróficos nombramientos que en esta misma cartera hizo el presidente Samper.

Cultura, Alberto Casas: su ministerio es un vestido que le queda bien. De tiempo atrás y muy discretamente venía ejerciendo en privado esta actividad, y por eso no es extraño que su nombramiento hubiera sido aprobado por la gente que ejerce el oficio. Pero al gobierno, Casas le presta un servicio adicional: a pesar de que aparentemente estaba retirado de la política, pienso que el gobierno pudo haberle 'echado mano' a quien, de todos modos, es el que más sabe en el gabinete acerca del manejo político. Hizo el curso completo hace años: concejal, presidente de su partido, representante, senador, ministro, embajador. Conoce el Congreso como anillo al dedo, es cercano a los ex presidentes, a los medios de comunicación. Y por todo ello es todavía incomprensible haberlo convencido, a estas alturas, de que se le hubiera medido a un ministerio nuevo, con muchas expectativas y pocos recursos. De entrada, ya ha casado una pelea difícil con el gobierno en el tema del IVA a los libros.

Comunicaciones, Claudia de Francisco: aunque ya había trabajado desde las épocas de la Alcaldía de Bogotá con Andrés Pastrana, solo ahora, en este Ministerio, puede combinar esta Ministra la química que tiene con el Presidente con las capacidades gerenciales y financieras que la caracterizan, incluyendo un notable orden femenino en su trabajo. Fue la primera en sufrir los embates de la oposición política, que la ha acusado no solo de ser esposa de su esposo, cuyo único pecado es el de estar ejerciendo de periodista, sino de haber intentado reordenar la caótica Comisión de Televisión (donde por cierto, todavía no termina su labor de barrida). Y hay que reconocer que su defensa la ha hecho con discreción, pero con valentía. Noté, sí, el abandono en el que el propio gobierno la dejó durante el episodio del debate que le adelantaron en el Congreso. Pilas, colegas...

Transporte, Mauricio Cárdenas: un bizcocho de ministro, por lo madurado biche. Si ya era demasiado joven cuando ocupó la cartera de Desarrollo durante el gobierno Gaviria, y lo hizo divinamente, todavía sigue siendo precoz para la de Obras y Transportes. Excelente economista, este ex director de Fedesarrollo es una apuesta segura.

Minas, Luis Carlos Valenzuela: cuando lo conocí de periodista aprendiz en SEMANA tenía las mismas cualidades que hoy manifiesta como Ministro: la irreverencia, la tenacidad y el carácter olímpico que son propios de la precocidad. Hoy mantiene las mismas cualidades, a pesar de la calvicie, lo que solo tiene una explicación: la de que esta última también, como su carácter, es totalmente precoz.

Salud, Virgilio Galvis: aunque tiene excelente fama de gestor en el tema de salud en su departamento, y quienes han trabajado a su lado tienen de él la mejor opinión, antes de hacerle la primera crítica hay que admitir que no tenía experiencia alguna en un cargo público. Eso explicaría el desabroche con el que arrancó, alevoso en general pero concretamente con el Fiscal. Es un pecado común entre ministros primíparos: cuesta tiempo graduar la desproporción del ánimo con las realidades políticas.

Desarrollo, Fernando Araújo: lo precede una fama de empresario eficiente. Pero también tiene todo el sentido del mundo que el Mindesarrollo sea de Cartagena, no solo por ser la ciudad insignia para efectos turísticos, sino por poseer un complejo industrial que por fin recibe una mirada preferencial desde el gobierno de Bogotá.

Comercio Exterior, Marta Lucía Ramírez: beligerante profesional, no solo diseñó la vida de ese nuevo Ministerio desde la dirección del Incomex, sino que fue su primera viceministra, de manera que el proceso de llegar a ser su titular solo era problema de timing. Pero además de que por fin la nombraron madre del engendro, es una mujer de carácter que supo abandonar a tiempo el barco del samperismo para abordar la canoa de Noemí, donde sin duda puso un gran toque personal al movimiento que constituyó la revelación de las últimas elecciones.

Medio Ambiente, Juan Mayr: es el caso único de alguien que ya ejercía, pero en privado, el Ministerio que ahora le dieron en público. Después de haberse hecho perdonar de los mamas, los viejos sabios de los koguis, aceptó poner en práctica a nivel oficial el experimento político y ecológico más importante que se ha realizado en Colombia: la Fundación Pro-Sierra Nevada de Santa Marta, ahora aplicable a otras muchas regiones y problemas naturales del país.

Agricultura, Antonio Murgas: humildemente confieso que sobre este Ministro carezco de suficiente ilustración.
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