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Opinión

  • | 2012/11/03 00:00

    Los pecados de Daniel

    Lo que no saben los medios ni los periodistas-empresarios es que sus tiempos de poder omnímodo están llegando a su fin por cuenta de las redes sociales.

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El periodista Daniel Pardo cometió el pecado mortal de meterse con los medios y fue ejecutado. Y como en los tiempos de la inquisición su cabeza fue mostrada como un acto de escarmiento. Daniel tuvo la insolencia, o la valentía diríamos otros, de mostrar no precisamente nuestro mejor lado sino el más oscuro: el del maridaje que hay entre ciertos periodistas-empresarios y la pauta que reciben.

Sin ninguna reverencia por el cuarto poder, Daniel abordó en su columna de Kien&ke una verdad de a puño que nos deja muy mal parados: el hecho indiscutible de que la mayoría de los medios dejaron  de investigar los escándalos que pusieron en el ojo del huracán a Pacific Rubiales hace unos años, desde que la petrolera decidió inyectarlos de pauta.

Lo cual nos lleva al segundo pecado cometido por Daniel: no solo se metió a criticar a los medios, sino que lo hizo con nombre propio. Eso acabó de rematarlo. Daniel fue un poco más allá de lo que habían ido periodistas como María Elvira Samper quien en su columna de El Espectador había alertado  sobre los efectos que podría tener en la información este aumento sorpresivo de la pauta de Pacific Rubiales y expuso dos casos: el del portal Kien&ke, donde él trabajaba como columnista, de propiedad de Adriana Bernal, una exitosa empresaria que decidió incursionar en el mundo de los medios virtuales, y el de La W, emisora que dirige el periodista Julio Sánchez Cristo quien acaba de ser bautizado por la pluma mordaz de Mauricio Pombo como el Carlos Slim de los medios. Según Daniel, Kien&ke habría hecho algunos publirreportajes sobre Pacific Rubiales que salieron publicados como información desinteresada. Esa afirmación hasta hoy no ha sido desmentida por el portal Kien&ke. Y en cuanto a La W, Daniel recogió una frase del periodista Héctor Mario Rodríguez quien ha denunciado por acoso judicial a Pacific Rubiales, compañía que demandó al periodista luego de que este publicó unas denuncias sobre la petrolera. La frase era la siguiente: "Pacific sabía que mi flanco de salida era La W y buscaron cortar ese filtro con avisos".  A renglón seguido Daniel Pardo afirmó que, "en el archivo de La W se encuentran pocas noticias o investigaciones que cuestionan a la petrolera después de que empezó la campaña según la cual 'Pacific es Colombia'".

Aunque esta aseveración no ha merecido ningún comentario ni de La W ni de su director, por cuenta de una nota publicada en Kien&ke en la que explican las razones por las cuales echaron a Daniel se concluye que estas dos frases fueron el motivo de su salida. En esa comunicación Kien&ke afirma que lo que dice Pardo de La W contradecía un correo que había llegado a la dirección de ese portal según el cual el periodista Rodríguez le decía a Julio Sánchez que no tenía ninguna queja contra la emisora y que por el contrario, La W había sido la primera que había publicado en su web todas sus denuncias contra Pacific, y que le había dado micrófonos para que denunciara el caso del matoneo contra él. Como Daniel, según Kien&ke, no mandó a tiempo los soportes de los audios para sustentar lo escrito en su columna, Kien&ke prefirió quedar bien con La W y echó a su columnista argumentando que su escrito carecía de rigor periodístico.  Los documentos que soportaban su reportería finalmente salieron publicados en lasillavacia.com y Daniel Pardo pudo demostrar que a él lo echaron no por ser mal periodista sino por haber expuesto sin pudor una incómoda verdad.

Lo que no saben los medios ni los periodistas-empresarios es que sus tiempos de poder omnímodo están llegando a su fin por cuenta de las redes sociales. A pesar de que la  echada del columnista Pardo pasó prácticamente inadvertida por la mayoría de los medios tradicionales, se convirtió en un tsunami en las redes sociales. Con excepción de Blu Radio que fue la que sacó la noticia y de una pequeña nota que apareció al otro día en El Espectador, los medios tradicionales inicialmente pasaron por alto el hecho y fue lasillavacia.com, -una vez más- la que nos informó ampliamente sobre lo sucedido en Kien&ke. Cuando la indignación en las redes sociales motivó la renuncia de María Elvira Bonilla, directora del portal, en solidaridad con Daniel Pardo, los medios tradicionales se dignaron publicar el hecho, pero sin mayor despliegue.  Hoy basta con un trino en Twitter para que un hecho que no sale en los medios tradicionales  sea del conocimiento público. Eso acaba de suceder esta semana con el descalabro de Interbolsa, dado a conocer por un trino de Vladdo. Por mi parte me solidarizó con Daniel Pardo. Su valentía le devuelve a uno la pasión por este oficio y renueva el respeto que los periodistas debemos tener por quienes nos leen, nos ven y nos oyen. Su salida nos confirma algo que ya sabemos: que en aquellos medios en donde la línea divisoria entre la información, las columnas de opinión y la publicidad es inexistente, la libertad de expresión es un sofisma.
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