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Opinión

  • | 1997/05/12 00:00

    LOS RATONES Y EL QUESO

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El perfecto idiota latinoamericano, que viste a nuestros estados burocráticos con la capa de un redentor de pobres, suele identificar las privatizaciones y la simple apertura con el infame neoliberalismo. De ahí que haya visto como neoliberal a Salinas de Gortari y al propio Menem _para no hablar del presidente Gaviria_ porque tanto el mexicano como el ar-gentino privatizaron, en sus respectivos países, varias empresas, entre ellas las de telecomunicaciones. Y cuando, como resultado inmediato de estas privatizaciones, las tarifas aumentaron desconsideradamente, los idiotas continentales pusieron el grito en el cielo. "Ahí están los abusos del mercado", dijeron. Se trata de un infundio, claro. Toda ideología encierra una trampa, trampa que consiste, según Jean Francois Revel, en retener de una realidad sólo lo que conviene a sus postulados o demostraciones pasando por alto el resto. Los estatistas y dirigistas keynesianos, entre los cuales contamos a nuestro propio Presidente (con los lujosos resultados que están a la vista), nunca reconocen las fallas de su modelo: el desafuero del gasto público, la burocracia, la corrupción y el clientelismo. En cambio, satanizan al que quiere cambiar esta situación.No cualquier privatización es aceptable. Cambiar un monopolio público, generalmente incompetente, costoso, burocrático y corrupto, por un monopolio privado otorgado como una prebenda a los amigos del poder, no es neoliberalismo sino todo lo contrario: simple mercantilismo. De ahí que los empresarios enriquecidos con los mercados cautivos, los jugosos contratos, las exenciones tributarias, los aranceles ventajosos y otras prebendas por el estilo, suelen hacer causa común con los barones de la clase política. Lo hemos visto en Colombia. Lo estamos viendo. Y ahí tenemos, para comprobar cómo el mercantilismo también puede sacar ventaja de las privatizaciones, un caso flagrante, inquietante: el de la Corporación Eléctrica de la Costa Atlántica, Corelca. La empresa tuvo un origen absolutamente legítimo. Nació de una presión regional. Respondía a un ambicioso programa de integración costeña. Recuerdo que su primer gerente fue el honestísimo y muy eficiente Jacobo Acosta Bendek. Su crecimiento fue vertiginoso. Hoy en día Corelca tiene cerca de 1.700 funcionarios, entre empleados y trabajadores. Cubre los siete departamentos de la Costa caribe y la isla de San Andrés. Genera 6.270.449 megavatios-hora. El total de sus activos, incluyendo plantas, equipos, proyectos en curso, asciende a un billón 797.000 millones de pesos. Su pasivo corriente y el pasivo a largo plazo se calculan en 452.000 millones de pesos. Las electrificadoras costeñas le adeudan más de 100.000 millones de pesos. Naturalmente, semejante pastel _millonarios recursos, puestos, contratos_ no podía escapar a la glotonería de la clase política. Hoy, tras años de saqueo, la abultada burocracia de Corelca está repartida según el capricho y los intereses políticos de los senadores liberales. Los manejos de las electrificadoras no son un modelo de eficiencia. Hay despilfarro. Los contratos que otorgan merecían un Sherlock Holmes. La representación costeña en la comisión quinta del Senado se ha repartido ávidamente el sector eléctrico nacional. José Name Terán tiene viceministro y gerente de electrificadora. Parte del ponqué lo comparten Salomón Nader, Amílkar Acosta y Carlos Espinosa Facio-Lince. Los de siempre, pues.En el segundo semestre de 1996, Corelca, la Nación y la Financiera Energética Nacional, FEN, suscribieron un contrato de gestión administrativa, por medio del cual se asumió el compromiso de otorgar a un operador privado la administración de Corelca. El propósito, desde luego, es muy sano, dada la manera como suelen manejarse en la Costa las empresas públicas. Pero siempre debe uno preguntarse qué pasa con un queso cuando los ratones están cerca. Y lo cierto _pude comprobarlo en un reciente viaje a Barranquilla_ es que el sector gremial y el sector sindical expresan inquietudes por la manera como se adelanta este reciclaje.Existe, por lo pronto, una sola oferta presentada por el consorcio español La Sevillana. No hay sino esa información. De resto, todo es oscuridad. De confirmarse dicha negociación, La Sevillana se quedaría con 40 por ciento de las acciones de la nueva empresa privatizada cuyo nombre será Sogener, Corelca con 20 por ciento y el resto, otro 40 por ciento, iría a manos de inversionistas nacionales. En Barranquilla _y ojalá sólo sean chismes_ se habla de un grupo capitaneado por los ávidos hermanos Name Terán. ¿Cierto o no? Ellos nos lo dirán. Lo malo es que La Sevillana ha sido designada a dedo, sigilosamente, sin que Corelca haya abierto una convocatoria pública para escoger la mejor opción. ¿Por qué? ¿Es lo correcto tratándose de activos tan importantes? El sindicato Sintraelecol habla de "contrato leonino". ¿Lo es? Afortunadamente tenemos un vigilante y muy competente ministro de Minas y Energía: Rodrigo Villamizar. Y un buen Procurador. Habría que mirar de cerca este asunto. En la Costa, la política y los negocios van siempre de la mano. Y cuando hay oscuridad en torno a una privatización... Bueno, los ratones se pueden llevar el queso
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