Jueves, 2 de octubre de 2014

| 2013/06/27 00:00

Los retos del Estado multicultural en materia de paz

La relación entre lo que significa el posconflicto y la interculturalidad es un elemento al que debe prestarse mucha atención.

Foto: Mónica Herrera Irurita

Ante el actual proceso de paz y una vez “acordado” el primer punto de la agenda de negociación entre el gobiernos y las Farc, vale la pena reflexionar acerca de los retos del Estado multicultural y los distintos esfuerzos que implica la construcción de una cultura de paz. 

Pues resulta importante recordar que la cultura de paz no es sinónimo de pasividad, como en algunos contextos se entiende, esta implica la construcción de  escenarios participativos, e incluyentes, donde las múltiples voces sean tenidas en cuenta. Al igual que es necesario  trabajar en dos sentidos, en el fortalecimiento de las comunidades y del mismo modo en el fortalecimiento del Estado, con el fin de transformar algunos vacíos existentes. 

En este orden de ideas, uno de los puntos fundamentales por trabajar es en los retos del Estado multicultural. Pues se encuentra claro que la constitución de 1991, ha reconocido a Colombia como un estado multicultural, no obstante reconocerlo no significa que se hayan abordado los desafíos de la interculturalidad. Pues se ha construido un Estado multicultural sin abordar la interculturalidad. 

En este sentido, si el objetivo es alcanzar una paz sostenible, la interculturalidad es uno de los grandes retos. 

Pues no sirve de nada haber llegado a unos acuerdos en materia de tierras, si la relación e interacción entre las distintas comunidades que las habitan no son comprendidas y sus conflictos no logran ser gestionados a partir de sus demandas y necesidades. Y es bajo este contexto donde se la juega el estado multicultural, en los liderazgos sociales y en la capacidad del estado de gestionar conflictos desde los contextos y el reconocimiento. 

En consecuencia se encuentra una estrecha relación entre la cultura de paz y la interculturalidad, donde esto supone la construcción de horizontes comunes de sentido. 

En relación con lo expuesto anteriormente, se encuentra que en Colombia a los campesinos aún no se les ha otorgado los derechos diferenciados que se ha otorgado a indígenas y afros, y es en parte esta la lucha del campesino en Colombia. 

Y son estas dinámicas  las que deben comprenderse y ser estudiadas detalladamente en materia de interculturalidad, pues un ejemplo de esto es lo relacionado con territorios interétnicos,  donde es evidente que, durante la fase posconflicto, surgirán encuentros entre las distintas comunidades en materia de tierras. 

No obstante el problema no está en los conflictos que se pueden presentar sino en la manera en que estos serán abordados, y es en el desarrollo de estas tensiones donde se logrará construir la cultura de paz, a través de alternativas creativas de resistencia y soluciones abordadas por las comunidades y el Estado, alternativas donde el contexto, y la comprensión de la existencia de distintas culturas,  es fundamental. En este orden de ideas se hace evidente la estrecha e intima relación entre lo  desafíos del posconflicto, la interculturalidad y la construcción de una paz sostenible.

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