Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2004/02/02 00:00

Los retos de Uribe en Europa

Las recientes críticas y roces diplomáticos con Europa centran la atención en el papel que el presidente Uribe desempeñará en la gira que inicia el próximo 7 de febrero. El ex canciller Augusto Ramírez Ocampo escribe sobre los retos del mandatario.

Los retos de Uribe en Europa

En el excelente libro La ilusión posible, que acaba de publicar el ex canciller Guillermo Fernández de Soto, se relata cómo ha sido la definición de la estrategia internacional de Colombia en el último siglo que arranca desde el mirar al norte del presidente Marco Fidel Suárez, continúa con el mirar a los semejantes de los presidentes Betancur y López y que ahora tiene por divisa el mirar al conjunto, de los presidentes Pastrana y Uribe.

El cuadro internacional se ha modificado notablemente a partir de la segunda guerra mundial y hoy tenemos una sola superpotencia, los Estados Unidos; una superpotencia naciente, la China; una gran potencia, la Unión Europea, que desde el punto de vista económico, político y militar reúne a 25 países del oriente y occidente europeo; una en el ocaso, Rusia, y varios países en desarrollo que como la India, Brasil y el conjunto de los tigres asiáticos empieza a pesar en el poder mundial.

Son realidades geopolíticas que un país como Colombia, tan dependiente del entorno internacional, no puede desconocer. De ahí que dentro de nuestras prioridades, la integración y la concertación política entre los países latinoamericanos y el hecho objetivo de la importancia tanto política, económica como militar de los Estados Unidos sean ineludibles.

Con las demandas de la agenda internacional contemporánea, que incluye terrorismo, droga, derechos humanos, pobreza y medio ambiente, en todos los cuales nuestro país representa un riesgo para la comunidad internacional, le es obligatorio equilibrar el balance de sus relaciones para no quedar únicamente expuesta al rigor de las determinaciones de Washington.

Europa, a raíz de las gestiones del Grupo de Contadora en los años 80 (Colombia, México, Panamá y Venezuela) logró que el viejo continente se involucrara en las preocupaciones políticas de Latinoamérica, tradicionalmente considerada dentro de la órbita de los Estados Unidos desde la declaración de la doctrina Monroe de "América para los americanos".

Siguiendo este patrón ahora son numerosos los escenarios para el encuentro de Europa y Latinoamérica: comunidad andina, mercosur, sica, grupo de rio. y la Unión Europea que ha expresado muy claramente su decisión de entenderse con bloques de integración, no con países separadamente. Es una de las razones por las cuales han abundado manifestaciones conjuntas de la Comunidad Andina y la Unión Europea, primordialmente en lo comercial.

El Presidente estaba en mora de visitar a Europa. Ya lo había hecho como candidato y como Presidente electo, pero faltaba esta señal tangible del permanente interés de Colombia, con el fin de mantener un constante diálogo político con Europa. El momento es adecuado por las muchas penumbras y confusiones que hoy existen.

La Declaración de Londres

La llamada Declaración de Londres (julio de 2003), que suscribieron además de los países de la Unión Europea, el Japón, Argentina, Brasil, Canadá, Chile y México, Noruega, Suiza y los Estados Unidos, la ONU, la CAF, el BID el FMI y el Banco Mundial, en la cual prestaron un apoyo notable al gobierno de Uribe en sus propósitos de fortalecimiento del estado democrático, de seguridad para sus ciudadanos, combate al narcotráfico y a la búsqueda de una solución negociada al conflicto armado. Además "tomaron nota con satisfacción de la promesa del Gobierno de Colombia de llevar a la práctica las recomendaciones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y apremiaron al gobierno para que aplicara estas recomendaciones puntualmente y para que adoptara medidas eficaces contra la impunidad y la connivencia, especialmente con los grupos paramilitares".

De igual manera manifestaron su satisfacción con la declaración del Gobierno de reconocer y prestar apoyo al papel de la sociedad civil y de las organizaciones no gubernamentales como muy importantes participantes de las soluciones nacionales.

Por lo tanto, el entendimiento de Europa supone la obligación de Colombia de cumplir, en lo pertinente, las 24 recomendaciones del Alto Comisionado. Desde luego ya hay una que la contradice gravemente como fue la aprobación, dentro de la norma antiterrorista, de otorgar facultades judiciales a las Fuerzas Armadas que expresamente había sido descalificada y que además es inútil porque la Constitución del 91 había atribuido las funciones de Policía Judicial de forma permanente a la Policía Nacional, bajo la Dirección del Fiscal General de la Nación, con lo cual ese cuerpo puede acompañar a las Fuerzas Militares a las zonas de conflicto.

El Gobierno deberá clarificar su posición frente a estas recomendaciones que han creado una turbia atmósfera sobre la credibilidad del Gobierno en cuanto a los derechos humanos y sobre sus relaciones con la sociedad civil, empeoradas por el Presidente a raíz de la publicación del informe 'El embrujo autoritario'.

El proceso de paz

La falta de transparencia en el proceso de paz con las autodefensas o paramilitares es otro de los asuntos que deberá tratar el Presidente durante la visita a Europa. En efecto, el proyecto de ley presentado por el Gobierno para "conseguir la paz nacional" ha sido interpretado como una forma de consagrar la impunidad total para las autodefensas, pasando por encima de las masacres, los crímenes atroces y el narcotráfico en que han estado comprometidas.

En buena hora el Congreso de Colombia ha abierto un foro amplísimo para escuchar las distintas opiniones de partidos, ONG y varios sectores de la sociedad civil, lo cual sin duda contribuirá a hacer compatible la ley con la verdad, justicia y reparación que exige la nueva situación internacional y la existencia del Tribunal Penal Internacional de Roma ya ratificado por Colombia.

Será necesario hacer entender que después de 50 años de leyes de amnistía e indulto, o sea de perdón y olvido para los delitos políticos y conexos, por primera vez se intenta juzgar a los autores, hacerlos confesar, y después de condenarlos establecer penas supletorias y encontrar una fórmula para la reparación de las víctimas.

Con el acuerdo celebrado entre el Gobierno de Colombia y la OEA con el fin de efectuar el acompañamiento y la verificación de los procesos de paz, el cese del fuego y de hostilidades, el desarme, la desmovilización y la reinserción, es indudable que estos procesos cobran una imagen distinta ante la comunidad internacional que ya ha declarado por boca del asesor especial del Secretario General de las Naciones Unidas, señor LeMoyne, que la misión de la OEA "puede servir en forma muy positiva en el desarme y la reintegración de los paramilitares, así como en la verificación de este proceso". Esto seguramente esclarecerá muchas de las dudas de la Unión Europea sobre el difícil proceso que se avecina, tanto en la discusión de la ley como en la materialización de los acuerdos.

La Declaración del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores

La reciente declaración del Consejo de Relaciones Exteriores de la Unión Europea sobre Colombia servirá de muy buen marco para las reuniones del Presidente con los jefes de Estado, las autoridades y los miembros del Parlamento Europeo, que han celebrado los avances significativos de la extensión de la presencia del Estado colombiano en el territorio nacional, la lucha contra el terrorismo y la producción y tráfico ilícito de estupefacientes y la reducción de las cifras globales de asesinatos y secuestros en Colombia.

No menos importante ha sido el llamado del Consejo a la liberación de los rehenes y secuestrados dentro de un acuerdo humanitario que "daría una señal positiva de su intención de tomar el camino de la paz".

Por supuesto, el Consejo Europeo ha resaltado la importancia de actuar pronta y efectivamente contra la impunidad y los grupos paramilitares, y ha manifestado su honda preocupación por la grave situación de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, la necesidad de cumplir con la Declaración de Londres, de proteger a los defensores de los derechos humanos y de modificar el Estatuto Antiterrorista, como lo ha puesto de presente el comisario Patten.

El Parlamento Europeo

Algunos grupos radicales de los eurodiputados han anticipado su oposición a la intervención del presidente Uribe en esa magna asamblea. Son minoritarios pero vocingleros y han adoptado una actitud contra la lógica parlamentaria que precisamente radica en hablar y en escuchar. Ojalá esa intransigente posición amaine para confirmar que la democracia europea mantiene su tradición de respeto por las opiniones de los demás.

Será una oportunidad excepcional para que el presidente Uribe demuestre la vigencia de la democracia colombiana, la decisiva participación del Congreso en las decisiones y el respetuoso acatamiento al equilibrio de poderes, sustancia de nuestras instituciones.

El gobierno del presidente Pastrana abrió el camino para una relación más estrecha con Europa, un apoyo y colaboración en los procesos de paz y en la prórroga del sistema general de preferencias para nuestros productos, en una cabal aplicación del principio de corresponsabilidad en la lucha contra el narcotráfico.

Nuestros mejores votos son por el éxito de esta crucial visita, puesto que no en vano compartimos con Europa los valores esenciales de la cultura occidental de donde provenimos.



*Ex canciller



Vea además Union Europea y Colombia: retos y posibilidades, columna del académico Alejo Vargas Velásquez sobre el tema (artículo relacionado)

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