Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2009/03/14 00:00

¿Los ricos son distintos?

Pero no sólo pecaron por ostentosos: también resultaron un club de mantecos y mentirosos. Mejor que todos se viste Raimundo Angulo

¿Los ricos son distintos?

Comenzaré por decir que no tengo nada contra las reuniones entre ricos, así a grandes rasgos me parezcan bastante aburridas; como tampoco estoy en contra de que los herederos de esas fortunas no puedan encontrarse de cuando en vez a tomarse unas copas y salir a rumbear en alguna ciudad del mundo. Sin embargo, debo confesar que la reunión de la semana pasada en Cartagena en la que se dieron cita los hombres más ricos de Latinoamérica, me pareció un desatino de principio a fin.

Estéticamente, el escenario que ofrecieron los multimillonarios de la región no pudo ser más deplorable, por no decir que fue de mal gusto. Se pavonearon por las calles de Cartagena, autoproclamándose como los dueños de sus países sin el menor recato; no les pareció una desmesura el tremendo operativo de seguridad que se desplegó para protegerlos, ni consideraron un exabrupto convertir por unos días a la ciudad amurallada en una fortaleza inexpugnable, dispuesta sólo para sus paseos y su divertimento, como si se tratara de millonarios americanos en la Cuba de Batista. La familiaridad y cercanía con que se trataban todos entre sí, por momentos nos recordó a la realeza europea del siglo XIX en la que todos los soberanos eran primos hermanos.

Si algo fue evidente es que a ninguno de ese club de ricos le pareció desmesurado hacer semejante derroche de ostentación en una ciudad y en una región marcada por la desigualdad y por el empobrecimiento paulatino de los que menos tienen. En cambio, con este show de ostentación, sí dieron la impresión de que lo que querían era recordarles a los mortales cuán cierto era ese adagio popular, según el cual, más vale ser rico entre los pobres que pobre entre los ricos.

Pero no sólo pecaron por ostentosos: también resultaron ser un club de mantecos y de mentirosos. Ni sus millones se vieron reflejados en el buen vestir -mejor que todos ellos se viste Raimundo Angulo-, sino que la única conclusión que nos comunicaron a los mortales sobre los resultados de ese encuentro, no sólo no es creíble, sino que es la única cosa que no están dispuestos a cumplir. Me refiero a la declaración hecha por el vocero del grupo, el banquero colombiano Luis Carlos Sarmiento Angulo, en la que afirmó que habían llegado a la conclusión de que la mejor forma de enfrentar la crisis económica global era la de evitar el recorte de empleos. "No se deben recortar empleos porque eso podría agudizar los efectos que afrontan los mercados internacionales", dijo Sarmiento Angulo a la salida de la reunión. Sobra decir que lo que ha ocurrido en Colombia y en los demás países de Latinoamérica es todo lo contrario, como bien lo prueba el aumento rampante en los índices del desempleo.

El otro gran interrogante que dejó esta reunión entre ricos es el criterio de selección, tan arbitrario como el propio encuentro. ¿Por qué no fue invitado el Grupo Sanford, que en términos de poder económico es sin duda más poderoso que el que representa Gabriel Echavarría? ¿Por qué no fue invitado el Sindicato Antioqueño y en cambio sí el Grupo Gilinski? ¿Con cuántos millones se puede pertenecer a tan selecto club? ¿Por qué no calificó el empresario Carlos Mattos? ¿Por qué en ese club de ricos de Latinoamérica no hay ni una mujer?

Por último, un comentario final sobre los conferencistas que fueron invitados por los ricos para que los iluminaran. Tuvieron al mismo tiempo al mayor oráculo de la economía, reconocido por haber sido el único que predijo la crisis económica que el mundo está empezando a vivir desde hoy, y a uno de los mayores especuladores que le apostó al colapso de la finca raíz, sin olvidar la conferencia dada por Alberto Calderón, experto en materias primas, el único colombiano que tuvo acceso a esos manteles. Otro invitado fue Jorge Valdano, el ex jugador de fútbol, quien fue a advertirles que el agua moja. Les dijo que este era un momento "muy delicado en el que se necesitaba confianza". Les hubiera salido más barato invitar a Pambelé, nuestro filósofo nacional, quien les habría explicado por qué él tiene la tesis de que en la vida es mejor ser rico que pobre.

Como gran conclusión habría que decir que esta reunión debería cambiar de titulo de telenovela. En lugar de llamarse "Padres e hijos" debería llamarse "Los ricos también lloran", porque en realidad en los tres días que duró la cumbre en Cartagena, ellos no hicieron sino quejarse, según lo confirmó el propio Valdano. Varios de ellos llegaron a la reunión siendo mucho menos ricos por cuenta de la crisis internacional. Según la revista Forbes, el propio Sarmiento, debido a la revaluación perdió mucho más que su colega Julio Mario Santodomingo, quien subió unos cuantos puestos en la tabla de ricos. Si así de rápido se están empobreciendo los millonarios latinoamericanos -Carlos Slim pasó del primero al tercer lugar en esa misma tabla-, los pobres latinoamericanos deben estar extinguiéndose.

Según Scott Fitzgerald los ricos son distintos. Yo diría que en el caso de los ricos que se reunieron en Cartagena su problema no es que sean distintos. Sólo velan por su fortuna.

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