Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2003/10/20 00:00

Los sobrevivientes

Por la forma como ha conducido su campaña María Emma Mejía ha pasado de ser una oportunista samperista a ser una aspirante respetable

Los sobrevivientes

No está todavía claro quién irá a ser el próximo alcalde de Bogotá. El abrazo de la Dirección Liberal a Lucho Garzón, inspirado por Ernesto Samper, puede resultar siendo una de dos: o el motor para que Lucho sobrepase a Juan Lozano en las encuestas, o la causa de que este candidato pierda su frescura y autenticidad, al tiempo que Lozano reafirma su independencia y verticalidad.

Pero en medio de ese ambiente hecatómbico que invadió el ambiente político a finales de la semana pasada por cuenta del retiro de Jaime Castro y la garrotera entre éste y la Dirección Liberal, y la de unos miembros de la Dirección vs otros miembros de la Dirección, dos personas lograron claramente sobrevivir dentro del caos y asegurarse un futuro político que en el caso de muchos otros protagonistas de esta coyuntura, está tambaleando.

La primera sobreviviente es María Emma.

Desdibujada ante la opinión desde el propio comienzo de su campaña por su aparente indefinición política, que se acentuó con su decisión de hacer una campaña por fuera de los toldos liberales, se lanzó sola, sin el apoyo de ninguna persona o grupo conocidos. Y ella misma se puso en la tarea de levantarse las firmas que necesitaba a falta de un aval.

Con gran seriedad comenzó a trabajar al electorado logrando proyectar lo que se ha convertido en una frase de cajón cada vez que alguien intenta ponderarla: una gran coherencia.

El estado mayor y los soldados de su campaña está todo compuesto por gente joven cuyo éxito es palpable: hoy María Emma es la dueña, ella sola, del 10 por ciento de los votos de los bogotanos. Con una gracia adicional: que los tiene a pesar de no haberse dejado 'concejalizar', con lo que seguramente sus posibilidades serían mejores.

Por la forma como ha conducido su campaña, pudiendo haber inclinado la balanza hacia cualquiera de los dos candidatos que están ganando las encuestas (por lo menos no lo ha hecho hasta ahora), ha pasado de ser una oportunista-samperista a ser una aspirante respetable, con muy buena imagen.

Sigue muy escasa de votos en el estrato 6, al que ella misma pertenece, lo cual es aún más gracia: su gran electorado está en los estratos más bajos, con los que ha logrado 'conectarse' con éxito. Pero en el estrato 6 ya son pocos los que la rechazan como en el pasado, y por el contrario, hoy la admiran.

Aprendió muy bien la lección de los errores que cometió en su pasada campaña, y en esta oportunidad no se le ha quebrado la voz para sostener ante los bogotanos la importancia de los impuestos, para garantizar la continuidad del ritmo que ha logrado Bogotá.

El segundo sobreviviente es Juan Manuel Santos.

Cometiendo uno de los errores políticos más grandes de su vida, se dejó meter en la telaraña de la candidatura del Partido Liberal para la Alcaldía de Bogotá. Derrotado por Jaime Castro, Juan Manuel, todo un presidenciable, perdió sus primeras elecciones sin que éstas ni siquiera se hubieran llevado a cabo.

Sus aspiraciones a la Alcaldía de Bogotá fueron expresadas a deshoras, sin haberlas trabajado, y pasó lo inevitable: que esa maquinaria de su partido, que está en crisis, terminó por dejarlo tendido en el ring absolutamente molido.

Hoy se puede decir, sin embargo, que de manera muy irónica, esa derrota lo salvó. Es probable que su situación no hubiera sido la de Jaime Castro, que terminó de pelea con sus propios padrinos, pero tampoco habría sido muy distinta. Lo que sí es seguro es que ni aún sus bríos para jugársela por el liberalismo le hubieran garantizado su triunfo, en medio del tremendo descrédito de los partidos y de un electorado de opinión como es el de Bogotá.

Ahora que ha resultado tan palpable que lo que se quiso presentar como "la democratización del liberalismo", terminó en la elección de esta Dirección que no ha hecho sino embarrarla desde el primer día que comenzó a funcionar, y la última de ellas, como lo dice Juan Manuel, es haberse entregado a unas minorías (las del Polo) que no representan al liberalismo.

Ahí Santos tiene un buen chance para iniciar el proceso de tomarse esas riendas y renovar lo que hoy no parece sino un circo en el que los payasos se caen de los andamios y aterrizan encima del público, que ya no sabe qué camino tomar.



ENTRETANTO.¿Cuántos libros de Kalmanovich necesitará la Corte Constitucional para no seguir tirándose la economía?

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