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Opinión

  • | 2017/03/25 11:20

    Un acto peligroso e irresponsable

    La presencia de tropas venezolanas en la margen colombiana del río Arauca fue una decisión peligrosa e irresponsable por parte de las autoridades de ese país.

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El hecho de que la pasada semana tropas venezolanas se hubieran instalado en la margen colombiana del río Arauca aduciendo que estaban en territorio venezolano, ha podido culminar en un incidente de muy graves consecuencias.

Desde el nacimiento de Colombia y de Venezuela como naciones independientes en 1830, en los tiempos de Santander y de Páez, el río Arauca ha sido considerado siempre como la frontera entre los dos países, al menos desde la población colombiana de Arauquita hacia el oriente. Porque hacia el occidente, de conformidad con el Laudo Español de 1891 y a no ser por un error en que incurrió una comisión mixta en 1900 que fue subsanado en el tratado de 1941, ambas márgenes del río Arauca y el inmenso territorio comprendido entre éste y el río Sarare al norte, pertenecían a Colombia.

En diciembre de 1928 las dos cancillerías acordaron determinar la vaguada -es decir el canal más profundo- de todos los ríos que constituyen la frontera común, con el propósito de definir la soberanía sobre las islas. Esa tarea la hizo una comisión mixta que, en 1931, señaló en un acta que “la clasificación de las islas…está basada en la determinación de las vaguadas según el estado actual de los ríos y las cuales deben tenerse como tales, hoy, en el futuro y a perpetuidad, sea cual fuere el curso que puedan seguir más tarde las aguas de los citados ríos”. Naturalmente, entre los cuatro ingenieros firmantes, no podían cambiar todas las fronteras fluviales establecidas entre los dos países después de un siglo de múltiples negociaciones y laudos arbitrales: hubiera sido inaudito y absurdo.

La situación del río Arauca, que como río llanero es muy inestable, se ha modificado radicalmente. No solamente la vaguada, sino que surgieron nuevas islas, algunas desaparecieron, otras más se dividieron y se unieron total o parcialmente a una u otra margen del río.

Desde hace algún tiempo, Venezuela comenzó a sostener la tesis de que las islas asignadas o las ubicadas al sur de la vaguada de 1931 en el río Arauca, aún en el caso de que por efecto de la accesión se hubieran integrado plenamente a la costa colombiana seguían siendo “territorios venezolanos”, de manera tal que habría extensos enclaves venezolanos en la margen colombiana del río. La misma situación se presenta al pretender que la vaguada existente en el río en 1931 es la frontera actual, ya que, en contra de lo establecido en el Laudo Arbitral de 1891 y en el tratado de 1941, el Arauca, así como los otros ríos fronterizos, dejarían de ser la frontera en algunos tramos.

Pero ese riesgo es también para Venezuela, ya que, por los caprichos del Arauca, podría haber enclaves colombianos en la margen izquierda venezolana y con el mismo criterio de los comandantes venezolanos, Colombia podría enviar destacamentos militares a ellos. ¿Cuál sería en ese caso la reacción de la hermana república?

Las gestiones adelantadas por el presidente, la canciller y el ministro de defensa, fueron oportunas y adecuadas. El río Arauca ha sido, es y seguirá siendo la frontera entre los dos países y eso no podrá modificarse.

Dentro de ese marco, las diferencias que se presenten deben ser solucionadas por acuerdo entre las partes o por otro medio de solución pacífica, para evitar que se genere en la región un clima de confrontación que no conviene a ninguno de los dos países.

Problemas similares se presentan, no sólo en otros sectores fronterizos de nuestro país, sino que con frecuencia se dan entre otros estados. Pero la solución no es enviar al estilo nigeriano destacamentos militares o al de los generales argentinos de tratar desviar la atención de la opinión pública con el conflicto sobre las Malvinas, lo que precipitó su inexorable caída…

(*) Profesor de la facultad de gobierno, ciencia política y relaciones internacionales de la universidad del Rosario

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