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Opinión

  • | 2011/05/10 00:00

    Los testigos en las negociaciones de paz

    Muchos procesos de negociación se interrumpen o entran en crisis por desavenencias entre las partes en el transcurso de proceso.

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Muchos procesos de negociación se interrumpen o entran en crisis por desavenencias entre las partes en el transcurso de proceso. Es algo muy habitual y, en el peor de los casos, puede significar la ruptura de las negociaciones. En ocasiones, un tema es interpretado de forma diferente entre las partes, ocasionando mal entendidos. Para deshacer las malas interpretaciones, se recomienda que en las conversaciones haya la figura del “observador externo” que actúa como “testigo” o “veedor” del proceso, y que tiene la capacidad de clarificar a las partes los puntos sobre los que no se ponen de acuerdo en cuanto a su significado.

En 2002, por ejemplo, el Gobierno de Indonesia y la guerrilla del GAM llegaron a un callejón sin salida por las diferencias a la hora de interpretar el cese de hostilidades que habían acordado.

La figura de un testigo en las negociaciones ayuda a que las partes clarifiquen sus propuestas y no se entre así en un “metaconflicto”, es decir, en un problema de significados. En un momento dado, el testigo puede decir si se dijo o no determinada cosa, clarificando diferentes interpretaciones de lo que se ha dicho en la mesa de negociaciones. Da garantías, pues, para que el proceso transcurra con mayor normalidad.

El testigo no cumple tareas de mediación o facilitación, sino simplemente de clarificación. Su objetivo es la transparencia en la comunicación de las partes. En el caso de que exista un mediador formal, o facilitador, éste cumple también las tareas de testigo, al estar presente en todas las reuniones.

En aproximadamente la mitad de las negociaciones existentes en el mundo, aparece la figura del mediador-facilitador, que de por sí ya es un testigo de cuanto ocurre. Podría darse el caso, no obstante, de que las partes decidiesen tener además “otros ojos” y pedir la ayuda de un observador externo que sea fedatario de cuanto se dice y acuerda. En la otra mitad de las negociaciones se trata de negociaciones directas entre las partes. En éstas, sin mediación, puede no haber la figura de un testigo, como ocurrió en las seis primeras rondas de los diálogos entre el ELN y el Gobierno colombiano en La Habana, entre 2005 y 2007.

Cuando hay testigos, pero no mediadores, puede haber presencia de un observador externo, la participación de los Países Amigos, o de un Grupo de Contacto Internacional. Respecto al primero, puede buscarse la presencia de una persona profesional, como Álvaro de Soto en el segundo cara a cara entre el Gobierno de Cristiani de El Salvador y el FMNL, en octubre de 1989, en San José de Costa Rica.

Posteriormente, Álvaro de Soto se convirtió en el mediador. Esta tipología es la que cumplió también el Centro para el Diálogo Humanitario en las conversaciones entre el Gobierno español y ETA, en Ginebra, en 2005 y 2006. En el proceso de paz de Colombia, en los Acuerdos de Caracas (1991) y Tlaxcala (1992) entre la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (formada por las FARC, el ELN y el EPL) y el Gobierno colombiano, contó con un “testigo internacional de la palabra” (Emilio Figueredo Planchart).

Otra variante es la de la participación de la sociedad civil, como ocurre en el estado de Assam, en la India, donde el Grupo Consultivo del Pueblo actúa de facilitador y testigo de las conversaciones con la guerrilla del ULFA. En las mencionadas conversaciones de Caracas y Tlaxcala entre la guerrilla colombiana y el Gobierno del país, se contó con la participación de observadores de la sociedad civil colombiana, como Nelson Berrío, Álvaro Vasquez del Real, Rafael Serrano Prada o Miguel Mottoa Cure.

Con frecuencia, es la Iglesia quien actúa de testigo. La Bishop-Ulama Conference (BUC) ha sido solicitada varias veces como testigo, en períodos recientes, y en su calidad de Consejera sobre Temas Religiosos, en el proceso de paz del Gobierno filipino con la guerrilla del MILF. Testigo puede también ser un político profesional, a veces Jefe de Estado o presidente, como Bill Clinton en julio del 2000, en Camp David, actuando de fedatario en las negociaciones que llevaban a cabo el primer ministro de Israel, Ehud Barak, y el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Yaser Arafat

En algunos procesos de paz, se recurre a la figura de los Países Amigos, que pueden simplemente acompañar el proceso o tener una participación más activa en el proceso negociador. Así, por ejemplo, y en el caso colombiano, México y Venezuela fueron testigos y veedores del proceso de paz y desarme del EPL y del movimiento indígena Quintín Lame, en 1991. Finalmente, otra tipología de participación es la de un Grupo Internacional de Contacto, como el que funciona en Filipinas en las conversaciones del Gobierno con la guerrilla del MILF, donde un grupo de ONG formada por el Centro para el Diálogo Humanitario (Ginebra), The Asia Foundation (USA), Muhammadiyah (Indonesia) y Conciliation Resources (Londres), participan en todas las reuniones. Este Grupo está integrado también por diplomáticos de Japón, Reino Unido, Turquía y Arabia Saudita.

En definitiva, en las rondas negociadoras puede ser de gran utilidad contar con la figura del testigo, como veedor y fedatario de cuanto ocurre en la mesa de negociación. Aunque no tiene derecho a la palabra en el transcurso de las discusiones, sí está en potestad de expresar después su opinión a las partes, especialmente cuando éstas no se ponen de acuerdo sobre lo que han dicho.

*Director de la Escuela de Cultura de Paz
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