Martes, 24 de enero de 2017

| 2006/02/05 00:00

Los traslados

Bastaría que el Presidente desautorizara y rechazara públicamente esos apoyos cuestionados, para que ellos y sus votantes supieran a qué atenerse

Los traslados

La pretendida depuración de las listas del uribismo es una farsa. No hay expulsiones reales por vínculos con paramilitares y narcotraficantes, simplemente traslados. Los congresistas que han salido del Partido de la U, Cambio Radical y, la semana pasada, de Colombia Democrática, aspirarán al Congreso, a nombre de otras listas uribistas.

Otros beneficiados con los votos y el apoyo de los paramilitares siguen en las listas.

El último episodio es muestra clara de la hipocresía que ha caracterizado el asunto. El Primer Primo, Mario Uribe, sólo entendió que tenía que deshacerse de Rocío Arias y Eleonora Pineda, cuando le explicaron en inglés las consecuencias de seguir con ellas.

La votación de Rocío Arias había tenido unos extraños patrones de concentración en Antioquia, denunciados en Semana.com por la valerosa columnista Claudia López. Esos comportamientos electorales atípicos son indicio suficiente del apoyo paramilitar que recibió Rocío en las últimas elecciones.

Los mismos votos que la llevaron a la Cámara beneficiaron la candidatura al Senado de Carlos Arturo Clavijo y Carlos Higuera Escalante. Sin embargo, Higuera Escalante sigue en las listas de Senado de Colombia Democrática, el partido de Mario Uribe.

Cosa parecida sucede con Eleonora Pineda. Pasó de concejal de Tierralta a congresista incrementando su votación en un 2,17 por ciento. Todo gracias al enorme respaldo que obtuvo para la Cámara en las localidades cordobesas de Valencia, Tierralta, San Antero y Pueblo Nuevo.

Mario Uribe, que conoce los secretos de la ingeniería electoral, sabe perfectamente quién obtuvo esos mismos votos para llegar al Senado. El beneficiario se llama Miguel Alfonso de la Espriella. Sin embargo, Miguelito continúa en la lista de Colombia Democrática, sin problemas.

También sigue en ese grupo Álvaro García Romero, el único congresista investigado por la Corte Suprema por sus probables vínculos con una masacre paramilitar. La evidencia más clara es una conversación telefónica en la que García se anticipa a un crimen masivo en Macayepo, Sucre, y que a él le molesta tanto que le recuerden.

Es tan reveladora la permanencia de estos y otros personajes, como el destino de los expulsados.

Apenas cuatro horas después de oficializarse la salida de Arias y Pineda, tres movimientos uribistas se las peleaban: Convergencia Democrática, Colombia Viva y Dejen jugar al Moreno.

El senador Carlos Moreno de Caro anunció -mientras acariciaba un premonitorio gatico- que sus puertas están abiertas para Rocío y Eleonora. Moreno de Caro es uno de los reeleccionistas más reconocidos. Su camisa amarilla es ya parte de la utilería de los consejos comunales. La estridencia que lo caracteriza ha encontrado un escenario en esos actos de gobierno.

Hace unos meses, en una de esas reuniones, remató una cascada de elogios al Presidente con mariachis. Para cantarle al "hermano del alma, realmente el amigo" hizo vaca con otro senador: Habib Merheg, recientemente expulsado del Partido de la U.

Habib, cuya empresa bandera está vinculada a un proceso por lavado de activos, no se ha dejado amilanar por la expulsión. Hizo causa común con otro de los trasladados, Dieb Maloof, para seguir luchando "contra la corrupción y la politiquería". Ahora son candidatos de Colombia Viva.

Maloof les ha dicho a sus seguidores que el Jefe de Estado no tiene que ver con su expulsión. "Uribe es mi amigo. Uribe es mi hermano", proclamó en Barranquilla al recordar que seguirá acompañando al mandatario, como lo acompañó en el primero de los atentados que sufrió en esa ciudad.

También se definen como soldados del Presidente Lucho Vives, Jorge Caballero y Jorge Castro. Este último, después de salir de Cambio Radical declaró que "Uribe merece ser reelegido".

Bastaría que el Presidente desautorizara y rechazara públicamente estos apoyos, para que ellos y sus votantes supieran a qué atenerse.

Antes de que esto suceda, será muy difícil aceptar como depuración los traslados internos del uribismo.n?

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