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Opinión

  • | 2003/07/27 00:00

    Los visionarios

    Fernando Estrada, director del centro de estudios regionales de la UIS, escribe sobre el injustificado olvido del que están siendo víctimas Smith, Keynes, Musil, Zola, Popper, Rawls, Nozick, ese grupo de visionarios que plantearon la base de todo un legado económico y político.

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Adam Smith, el patriarca más grande de la economía, dijo alguna vez refiriéndose con ironía a este gremio que: "Las personas de la misma profesión rara vez se reúnen, ni siquiera para la alegría y la diversión, sin que la conversación termine en una conspiración contra el público o en algún artificio para elevar los precios". Qué tal imaginar a Smith en plena sala de juntas del Banco de la República, corroborando su sagaz y paradójica semblanza. Es mérito de pocos adelantar a su época. John Maynard Keynes, el más grande economista del siglo XX, dijo también que en el largo plazo, el curso de la historia se ve determinado por las ideas y los intelectuales como por los políticos. Tanto Smith como Keynes forjaron principios seminales de la disciplina que aún perduran. Y es así porque implícitamente la filosofía que les orientaba no fue reducida al mercado o a la demanda agregada. No pertenecieron a un equipo para la "coyuntura". Fue Keynes el creador de un tópico recursivo en la historia de la economía, repetido aun por quienes ni han leído ni leerán Keynes. Nos recordó que en el largo plazo todos vamos a morir. Smith alcanzó la gracia de ver coronada en público su gran obra: La riqueza de las naciones. Keynes no tuvo la misma fortuna. El mayor impacto de su obra se dio bajo la égida de su propia profecía. Robert Musil, también quizás el más grande de la literatura centroeuropea, no pudo reconocer de su tiempo más que ingratitudes. Pero nuestra época no sería comprendida a cabalidad sin El hombre sin atributos. Smith, Keynes y Musil son tres visionarios que tuvieron que esperar a mejores tiempos para ser tomados en serio. Y no del todo. A diferencia de un tiempo que mima a los tecnócratas e idolatra subrepticiamente al encantador mediático, los visionarios tuvieron que ir elaborando sus teorías en los márgenes. En algunos casos como seres anacoretas contra la ortodoxia reinante. Tocqueville reescribiendo la historia de la revolución francesa en el Antiguo Régimen, o en sus magistrales notas de sicología política: Recuerdos de la revolución de 1844. Tiene más vigencia Tocqueville para explicar las razones de nuestra transición política en Colombia, que D'Artagnan y Rudolf Hommes, en caso de que se pudieran juntar. Cien columnas de opinión son eso: opinión. Haga el ejercicio de lectura de 1984 de George Orwell o La sociedad abierta y sus enemigos de Sir Karl Popper. Ahora compare. Dos obras que abrieron de par en par las posibilidades de transitar los laberintos del cambio social y político de la década de los 90. Estuvieron y siguen estando cubiertas de polvo. Su generación descartó su estudio. En las universidades colombianas leer a Popper en los 70 y 80 era un sacrilegio. A Estanislao Zuleta los marxistas lo corrían porque leía a Freud. Abrí un seminario de sociología con lecturas de Popper durante ese período y tuve que esconderme en los baños. ¿Y la gran prensa? ¿Qué ha sido de ayer a hoy? Sigue igualita. ¿Quién puede mostrar una idea creadora entre los columnistas durante la última década? A cambio de la cuadratura del círculo de los mismos opinadores de los mismos meses de los mismos días de los mismos años. Leamos algo que no se nombra porque es como la droga de unos pocos iniciados: Teoría de la justicia de Rawls. Uno tiene la impresión página por página de esta gran obra, que los asuntos de reforma política, referendo, corte constitucional, tributación, gasto público, equidad, orden, desorden, cooperación, egoísmo, envidia, altruismo, etcétera. Se entienden mejor. ¡Ay, leer para comprender lo mismo a Abdón! Pero, claro, si tenemos idea de cómo se hace la política en el país, mejor péguese desde temprano a la W o la FM. Y vea la misma pendejada de hace 50 años. Entonces era la Escuelita de Doña Rita. John Stuart Mill, sabiendo lo que originan los grandes diarios de hoy, debería pasar a primer plano en materias económicas. Si los señores funcionarios tuviesen siquiera el mínimo de la Introducción a la Economía Política, tanto garabato para explicar porqué se congelan los salarios, sería innecesario. Los políticos en Colombia, hablemos de la nueva generación, encontrarían un principio organizador de sus ideas en estos autores. Smith, Keynes, Musil, Zola, Popper, Rawls, Nozick, para escoger algunos, tienen la bondad de los visionarios. Nos ayudan a pensar mejor y a vivir, tal vez un poco conscientes de no estar mejor. Pero habrá sin duda quien encuentre por su parte la filosofía del cajero automático para volver a comenzar nuestro eterno retorno. * Director del Centro de Estudios Regionales CER de la UIS
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