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Opinión

  • | 1998/10/26 00:00

    LUCAS LOPEZ Y EL TIEMPO

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En la modalidad de fin de milenio, de destacar las personalidades del siglo XX, el diario El Tiempo le encomendó _sé que con reiteración_ a Héctor Osuna una breve nota sobre el periodista Lucas Caballero Calderón. Osuna cumplió de buena gana con lo suyo y muy seguramente se quedó corto en el perfil del gran humorista, pero tan breves líneas _que fueron presentadas encabezando 'Lecturas Do-minicales'_ suscitaron la reacción inmediata del ex presidente Alfonso López.
El Tiempo, que desde hace muchos años tiene un ex presidente en el puente de mando (antes lo fue Lleras Camargo), destacó la larga rectificación e 'impugnación' del artículo de Osuna, quien, a decir de López, había vuelto 'a la carga, con el cuento' de que el entonces presidente había exigido la renuncia del columnista o, de lo contrario, renunciaría.
El articulista invitado por el diario El Tiempo, no tuvo, en cambio, manera alguna de responder a la impugnación de su escrito y vana fue una comunicación suya al director del diario, para sustentar su punto de vista histórico y, sobre todo, para afirmar que el ex presidente, con su larga carta y documentos de la época, no había hecho sino confirmar lo publicado, que es además convicción generalizada. Como era de preverse, la carta de Osuna no mereció ser publicada, ni en la página de los cines. Vieja política del diario de los Santos. Vieja violación del derecho a la rectificación.
En sustancia, López dio a conocer una carta suya al entonces ministro Abdón Espinosa (y es un hecho nuevo que viene a saberse por este pretendido mentís) en que amenaza con su renuncia a la presidencia, para que el ministro retire la suya. No renuncie usted, más bien lo hago yo. Espinosa, fiel a la casa de El Tiempo, pensó en dejar solo a López con sus iras en contra del periódico, seguramente pensando que un gobierno dura cuatro años y un periódico permanece.
Publica también el ex presidente una carta de don Roberto García Peña, en la cual se confirma la presencia de la plana mayor del periódico, así como la muy destacada del ex presidente Lleras Camargo, en la casa presidencial de San Carlos, para abortar la renuncia del mandatario y arreglar las diferencias entre el temperamento presidencial y el periódico oficialista, que lo sustentaba en el poder, pero en el cual estaba incrustado, como piedra lacerante, el odiado por las altas esferas _y amado por su público lector_ Lucas Caballero Calderón, Klim.
García Peña, para congraciarse con López (ya lo había hecho con el dictador Rojas Pinilla, guitarra en mano) llega a ensartar esta perla: "...tal género literario (el de Lucas, ¡santo cielo!) carecía por completo de ingenio y gracia". Creo que los lectores de prensa colombianos, en cuya memoria aún está vivo el recuerdo del gran humorista, saben lo desafortunada de la frase de García Peña y todo lo complaciente que ella pudo ser.
Lamento tener que apelar a un escrito en esta revista, regida de modo independiente por un hijo del ex presidente López, para ventilar este asunto, originario de El Tiempo, entre un invitado a escribir en ese diario _habiéndosele asegurado mucho respeto_ y el ex presidente, que muy honrosamente se ocupó de lo escrito, pero para aplastarlo y desmentirlo. Su opinión, muy respetable, puede ser tan política, como puede serlo la de Osuna, con la diferencia de que la de éste no tuvo más cabida para la rectificación. Se le aplicó la campana neumática del silencio, con la cual ha sido tratado por años, y de la cual sólo lo sacan para proferirle insultos y desmentidos. El ex presidente López, desde hace muchos años tiempista, también sabe de este tratamiento, del cual fue víctima en los años del MRL.
Las personalidades del siglo XX han sido, por lo demás, escogidas al azar y por diarios y publicaciones de una sola tendencia política. Pero uno, que no puede ser ignorado, muy a pesar de criterios imperantes, es Laureano Gómez, el gran político y encrespado opositor de este siglo, el hombre de mayor carácter que ha tenido la República. También al que más le han dañado la imagen histórica.
Precisamente Gómez _y es anécdota de un libro del académico doctor Cacua Prada_ se encontró en alguna ocasión con Alberto Lleras, quien le dijo: "A usted lo ha inflado El Tiempo, pero también lo va a desinflar". A lo que el 'hombre tempestad' replicó a quien entonces era redactor del diario: "Pues jálele, Albertico".
Abrigo la duda de si El Tiempo registró la posesión de Laureano Gómez como presidente de la República.
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