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Opinión

  • | 2013/12/12 00:00

    Maestros amenazados

    Un país en el que los maestros están amenazados, es un lugar que nunca podrá aspirar a tener estándares de calidad en la educación, porque si con hambre no se aprende, tampoco es posible enseñar con miedo.

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Ahora todos parecen preocupados por el pésimo desempeño de los estudiantes en las pruebas Pisa, como si fuera una novedad que la educación en Colombia es mala y que nuestros estudiantes promedio a duras penas son capaces de seguir las instrucciones para preparar una sopa, debido a su deficiencia en la comprensión de lectura. O de despejar una equis porque no desarrollaron a tiempo las capacidades de resolver problemas matemáticos simples. 

Mientras algunos frentes se dedican a especular sobre la necesidad de crear un año más de bachillerato y otros se consuelan diciendo que se ha mejorado en la cobertura y en el entusiasmo de los estudiantes por aprender, resulta pertinente hacer una reflexión sobre el elemento diferenciador más importante de cualquier proceso educativo: los maestros, aquellos a quienes el Estado no ha sido capaz de garantizarles ni siquiera lo más mínimo: seguridad.

Porque existen cifras peores a las de Pisa y son las que reporta Fecode  que advierten que entre el 2001 y el 2011, 950 maestros fueron asesinados, 4003 amenazados, 1092 desplazados, 60 desaparecidos y 70 refugiados.   El Ministerio de Educación habla de 600 amenazas durante el 2013 y de departamentos críticos como Caquetá, Bolívar, Magdalena, Córdoba y La Guajira.  

Como si ya no fuera suficiente con tener aulas con más de 40 niños, incluyendo aquellos que están en situación de discapacidad. Como si no bastara con trabajar mucho y ganar muy poco, porque el sueldo más alto al que puede aspirar un profesor de un colegio público en Colombia es de un poco más de 2 millones . Como si no tuvieran que hacer milagros para repartir los pocos recursos que hay en las instituciones públicas, especialmente en las que quedan en zona rural. Como si para algunos no fuera ya suficiente con tener que hacer largos recorridos para llegar a la escuela y enseñarle a un grupo de niños contenidos de 1º, 3º, y 5º elemental porque solo hay una persona en la zona y diferentes niveles de escolaridad por atender. Como si no bastara todo lo anterior, nuestros maestros están siendo matoneados y ahora tienen que sumar la variable miedo a su lista de batallas cotidianas.

Las amenazas provienen de los grupos armados que quieren imponer sus contenidos, de padres “insatisfechos” en zonas de conflicto y hasta de los mismos estudiantes que ven más fácil intimidar al profesor que estudiar para ganar la materia o para pasar el año.  De esta manera, las cifras reflejan que desde 2010 más de 40 profesores han sido asesinados en Colombia.

Un país en el que los maestros están amenazados, es un lugar que nunca podrá aspirar a tener estándares de calidad en la educación, porque si con hambre no se aprende, tampoco es posible enseñar con miedo y ambas cosas pasan en nuestra realidad escolar. La peor parte la llevan los niños con menos recursos económicos, que tendrán que cargar de por vida con un desarrollo cognitivo menor al de sus compañeros que pudieron pagar por un colegio privado  y por una “burbuja” de seguridad y  de garantías.

Si asesinan a nuestros maestros, si los arrinconan y no les dan el espacio en la sociedad que ellos se merecen, estamos matando un pedazo de nuestra infancia y adolescencia.  Y no solo estaremos destinados a no ser competitivos en términos de calidad de la educación, sino que habremos fracasado como sociedad. Porque este país solo puede ser salvado por más y mejores profesores que ayuden a formar ciudadanos que sean capaces de tener vidas significativas para sí mismos y para su entorno.


En Twitter: @morozcoa
margaraorozco@yahoo.es

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