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Opinión

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Gracias a un 'informe especial' publicado por esta revista los lectores nos hemos podido hacer una idea de cómo era nuestro nuevo presidente Andrés Pastrana en sus 'años maravillosos', que por lo visto no son los del cuatrienio que ahora empieza, sino los de la presidencia de su padre, cuando él era un adolescente. ¿Recuerdan esos años? Eran aquellos en que el presidente Misael Pastrana inauguraba puentes que se caían en cuanto les cortaba la cinta. Esperemos que no se repitan.¿Y cómo era Andrés entonces? Pues según los que lo conocieron de cerca, nada especial. Su profesor de religión en el colegio lo define diciendo: "Era simplemente uno de los muchos muchachitos que había. No sumó ni restó, simplemente estaba ahí". "Era de temperamento vivaracho", coincide otro que, ya en la universidad, le dio clases de derecho constitucional. Y añade: "Una persona que no suscita resistencia". En suma: nada especial. Y tampoco desde el punto de vista del estudio. "Rendía lo que rinde un estudiante normal", recuerda el profesor de derecho. "No era un gran estudiante", confirma el de religión: "Tenía la tendencia a englobarse en las clases". El de cívica e instituciones políticas es de la misma opinión: "No era de esos muchachos que se dedicaban al estudio", rememora. "Entregaba sus tareas a tiempo, aunque a veces llegaba a última hora a copiarlas". Uno de sus compañeros de clase abunda en el mismo sentido: "No nos gustaba estudiar", dice; pero agrega que "Andrés sabía echarse en el bolsillo a los profesores. Al de química lo invitaba a Palacio para que nos ayudara a pasar el año". Y este habilidoso rasgo de carácter del joven Pastrana lo confirman otros testigos: "Lo que sí se veía era que tenía la madera", dice uno de sus profesores universitarios. "Sabía conocer a la gente", añade otro. Y un compañero en un posgrado en Harvard, para un Andrés ya más adulto (era incluso ex alcalde), resume: "Estaba muy bien posicionado. Le fascinaba acercarse a los personajes que le dictaban clase. Yo creo que no sólo sacó juguito a eso sino a las relaciones públicas".Todos los testimonios coinciden también en otro aspecto: Andrés Pastrana era muy bueno contando chistes. "Andrés echando cuentos es de lo mejor que yo he conocido", revela su compañero de curso. "Incluso hoy cuando lo veo todavía me echa un chiste o dos". El ya mencionado profesor de instituciones políticas coincide: "Siempre estaba contando chistes... En todos lados hacía chistes... Cuando tenía oportunidad de parrandearse la clase con un chiste o un apunte lo hacía". (Toquemos madera para ahuyentar la mala suerte. Porque ya tuvimos un presidente que era muy bueno contando chistes _el recién retirado Ernesto Samper_ y no es exactamente la mejor recomendación para el cargo). De los testigos entrevistados por SEMANA, ninguno cuenta cuáles eran los chistes que contaba Andrés Pastrana, o que sigue contando todavía. Su profesor de cívica e instituciones políticas se limita a recordar, con admiración retrospectiva, que "tenía un repertorio inmenso, sobre todo de toreros". Pero no da detalles. Su amiguito de colegio es más explícito, aunque no sobre los chistes que el hoy presidente echaba, sino sobre los que hacía: esos que los ingleses llaman 'practical jokes' y los bogotanos llaman 'pegas', o 'chanzas pachunas', porque las más pesadas se atribuyen (no sé con qué justicia) a los naturales del pueblo de Pacho. "En Palacio organizábamos unas simulaciones de corridas espectaculares _cuenta el cómplice de travesuras juveniles del actual presidente de la República por entonces solamente hijo del presidente en ejercicio_. Tomábamos las toallas y poníamos a los soldaditos a hacer de toros". Y cabe imaginar a Andresito, con las mejillas arreboladas de placer, estoqueando por juego entre los gobelinos de Palacio a seis soldaditos seis del Batallón Guardia Presidencial, ante los "¡olés!" alborozados de su compañero de clase. Tendrían los dos, tal vez, 16 ó 17 añitos: ¡qué años maravillosos aquellos! Se puede pensar incluso que aquellos estrepitosos derrumbes de puentes que salpicaron la presidencia de Misael Pastrana eran 'chanzas pachunas' de Andrés y sus amiguitos. (Más tarde, como alcalde de Bogotá, también él tendría sus propios derrumbes, como el reiterado del puente de la calle 93. ¿Será cosa de Laura, Santiago y Valentina? El compañerito de curso de Andrés cuenta otra pega más: "Una vez, en Santa Marta, cuando vimos que el guardaespaldas se había quedado dormido le pusimos en cada dedo de los pies un fósforo y les prendimos candela. Imagínese cómo sería la despertada del pobre".Chistosísima, sí. Ojalá no vaya a ser igual la despertada del pobre país que eligió a Andrés Pastrana a la Presidencia.
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