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Opinión

  • | 2005/07/03 00:00

    Mal todas

    En lugar de abrirle camino a Colombia en España, debimos hacer un alto para resolver cosas personales de las representantes en ese país.

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Con angustia seguimos durante toda la semana pasada el enfrentamiento surgido en Madrid entre nuestra embajadora Noemí Sanín y su agregada cultural, Nora Trujillo.

¿A qué horas estas dos mejores amigas terminaron agarradas del pelo?

Si solamente ese fuera el problema, el asunto jamás debió salir del círculo privado. Pero la "tempestad", como la bautizó El Tiempo, estalló en el propio seno de nuestra representación diplomática en España, y lo que trascendió fue francamente bochornoso.

La embajadora Sanín resolvió acusar a su funcionaria, ante la Cancillería, por un muy discutido conflicto de intereses que podría resultar de la participación de familiares de Nora en una revista que unos jóvenes están montando y que está próxima a lanzarse con una inversión, mínima por cierto, de 30.000 euros. Y Nora resolvió defenderse de la que consideró una gran injusticia, no sólo atornillándose en su cargo, sino contratando a uno de los mejores penalistas de Madrid para demandar a su jefa y ex amiga.

Y ante la posibilidad de que el gobierno terminara apoyando a Nora en su posición de que no existía ningún conflicto de intereses, y de que a uno no lo pueden despedir "por si acaso llega a haberlo", Noemí anunció que renunciaría, y que renunciaría incluso si el gobierno resolvía utilizar la fórmula conciliadora de pasar a Nora al consulado, y a la cónsul, Priscila Cabrales, a la embajada.

El gobierno resolvió el asunto sacrificando a Nora, "porque donde manda capitán, no manda marinero". Pero el episodio tuvo todo el aspecto de ser una típica pelea de mujeres. (Créanme: yo soy graduada en el tema, pero nunca en círculos diplomáticos). Y de eso tan típico no le faltó ingrediente.

Porque ha trascendido que la excelente labor de Nora para financiar la actividad cultural de la embajada despertaba celos. Puede que no de Noemí, que ya está recorridita para caer en esas flaquezas típicamente femeninas, pero así no fuera ella la dueña de los celos, dejó la equivocada impresión, con su comportamiento, de que algo de eso pudo haber.

Porque el solo hecho de que Nora tenga a familiares cercanos interesados en el lanzamiento de una revista no daba para suponer que ésta sería financiada con los fondos que la agregada cultural recogía como funcionaria diplomática, y de eso es de lo que Nora se quejó: de que la embajadora presumió su eventual mala fe y utilizó esa presunción para pedir que la destituyeran de su puesto.

¿Pero eso justificaría contratar a un abogado penalista para denunciar a la embajadora? Por Dios. Un asunto administrativo jamás se debió haber convertido en una ventana por la que se asomó esta mechoneada entre mujeres, que casi echa por la borda el inmejorable trabajo diplomático que, hasta ahora, el equipo de Noemí ha venido adelantando con lujo de detalles.

Las consecuencias del episodio pudieron ser incalculables. Este explotó una semana antes de que el presidente Uribe cumpla su visita a España, donde lo esperan problemas grandes de parte de un gobierno con el que ya ha habido distancias por la venta de armas a Hugo Chávez.

¿Habrá derecho de poner al Presidente en esa situación tan incómoda ad portas de su viaje?

¿Y qué tal a la Canciller, que en momentos en que su prioridad es viajar por el mundo para convencer a la comunidad internacional de las bondades de la ley de Justicia y Paz, tuvo que gastarle tiempo al conflictivo tema?

En lugar de estar abriéndole camino a Colombia en España, tuvimos que hacer un alto para resolver cosas personales de las representantes diplomáticas en ese país. Un avión de guerra de los que Rodríguez Zapatero le vendió a Chávez dizque para que vigilara las fronteras venezolanas pasó a segundo plano, mientras se resolvía si Nora Trujillo tenía o no conflicto de intereses con una futura revista experimental.

Y para completar, estuvimos a punto de que cuando el presidente Uribe llegara a España, no hubiera embajadora de Colombia.

Esa mañita de chantajear al Presidente con la renuncia si a uno le dejan a un funcionario que no le gusta, es inaceptable. Lo estrenó la embajadora ante las Naciones Unidas, Mariángela Holguín, y le funcionó. Parece que ahora también a Noemí.

¿Se imaginan cómo será el artículo de Antonio Caballero en el primer número de la futura revista, de la que será columnista? Adivinen de qué va a escribir...
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