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Opinión

  • | 2014/06/06 00:00

    Las nuevas malas de los cuentos de hadas

    Ya no se trata de un ser anónimo al otro lado del espectro, del cual se intuye una maldad sin límites, sino un hada noble con infancia feliz.

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Las versiones populares de los cuentos de hadas tienen toda la profundidad que los niños necesitan. Son historias que desembocan en finales claros, con princesas castas que triunfan y brujas despiadadas que desaparecen. Sin embargo, hoy Disney los reinventa de un modo inusual para un público que exige  no solo personajes más complejos, sino historias narradas de otras maneras, a partir de ángulos insólitos desde los cuales jamás se nos ocurrió que podían ser contadas.

Maléfica, dirigida por Robert Stromberg (director de arte de Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton), con guion de linda Woolverton (La bella y la bestia y El rey león) y protagonizada por Angelina Jolie, es la versión de Charles Perrault de La bella durmiente contada desde el otro flanco de la historia. Recordemos a la princesa  inocente que se paseaba por el bosque con su traje campesino antes de pincharse con la espina de un huso. Y dejémosla atrás, eclipsada por la imponencia de su malvada antagonista.

Ya no se trata de un ser anónimo al otro lado del espectro, del cual se intuye una maldad sin límites, sino un hada noble con infancia feliz, buena por naturaleza, pero a la que el destino untó de infortunio. Esta hada sufre porque el humano que amó (Stefano) la traiciona arrancándole sus alas para ganarse la confianza del rey, del cual desea heredar el trono y quien no descansará hasta conquistar el páramo que el hada protege.

Con el corazón roto y despojada de sus alas, Maléfica se refugia en la venganza contra Stefano, lanzando sobre su hija el famoso hechizo que todos conocemos. A partir de ahí, la vida de Maléfica se torna en un estar pendiente día y noche de la vida de la niña, en una obstinación por seguirle el paso a donde quiera que vaya. Es cuando comienza la imprecisión de sus sentimientos, el verdadero vuelco de la historia pues esa niña a la que le ha puesto el maleficio y odia, va  despertando en ella un amor puro y maternal.

¿Qué es lo que hace que este ser maligno con boca gruesa y roja, estilizada en su vestido negro, con alas y cuernos demoniacos, no desborde en lo prosaico y aleje a la audiencia familiar de Disney? La respuesta es la misma que vuelve a la película tan inverosímil en su tratamiento psicológico: que Maléfica de mala tiene poco. "El ejercicio no era cómo hacer algo divertido con una villana. Era, ¿qué vuelve a las personas malvadas y agresivas y crueles?”,  dice Angelina Jolie en una entrevista de  Entertainment Weekly. Pero lo absurdo sucede cuando esta hada seductora, que se supone es la villana del cuento, se torna de un brinco en el ser más maternal y dulce, sin destello alguno de su antigua perversión.

Sin embargo, cúmplase o no el designio de explorar la vileza en un mundo de hadas, el intento es al menos novedoso. Extraer de este tipo de cuento a sus brujas y dotarlas de un sentido que respalde su crueldad, esa es la nueva apuesta de Disney.

Aunque en Maléfica esta tendencia de ponerle un puesto relevante a la malvada es evidente -hasta el título lleva el nombre de la antagonista-, es algo que Disney engendró, quizá sin saberlo, en su primera reinvención del cuento clásico en 1959. A pesar de que la versión no recibió el entusiasmo esperado (solo muchos años después), y la apuesta de la historia no difería de las lecciones tajantes  -el público debía odiar a la bruja malvada y conmoverse con la princesa pasiva-, se le debe a esta adaptación que el ser oscuro que estaba implícito en el cuento original salió de las sombras y se le dio un cuerpo y se le puso un nombre: Maléfica. “Lo que queríamos hacer no era reinventar a ese personaje. Más bien queríamos tratar de crear capas que el público no supiera que existían”, le dice Stomberg a Entertainment Weekly refiriéndose a al personaje nuevo de Maléfica.

En el caso de La Sirenita original, cuento escrito por el poeta danés Hans Christian Andersen, la bruja del mar a pesar de ser un personaje oscuro es neutro. Le entrega la poción a la sirena para darle piernas a cambio de su voz luego de advertirle los riesgos del negocio, pero poco se nota su presencia maléfica, que en la versión de Disney se despliega en una mujer con tentáculos que quiere venganza y el poder del reino de Antártida.

Volviendo a tiempos más recientes, Blanca Nieves y el cazador, a pesar de no ser una película de Disney logra con la productora una semejanza en su modo de aproximarse al mal a partir de un cuento folclórico. La bruja nos muestra que la perversidad de sus actos no obedece a la impureza de su alma, sino a las circunstancias que nublaron su niñez. La película le da trascendencia al personaje, lo abarca, lo comprende y hace evidente su intención por destacarlo “al asignarle el lugar de la bruja malvada a una actriz mucho más encandilante (Charlize Theron, dándose baños de leche) que la que interpreta a la doncella titular (la siempre anémica Kirsten Stewart)”, opina Mariano Kairuz en el diario Página 12.  

Aunque tal vez su fallo consiste en no haber mantenido a la villana en su papel de mala en vez de volverla buena, La Bella Durmiente reinventada en Maléfica es un caso que aleja a la princesa sumisa como eje central del cuento. Este juego entre lo oscuro y ambiguo, entre el bien que se respalda en el mal y viceversa no es nada nuevo y miles de películas lo han hecho. Pero que Disney asuma esta perspectiva en la reconstrucción de las fábulas; que ya las princesas de los cuentos de hadas, que eran tal vez las únicas que perduraban intactas en toda su inocencia y dulzura, pasen a un segundo plano para abrirle paso a su complemento, al personaje malvado, feroz, poderoso, demuestra que el público de hoy exige figuras más completas, mujeres poderosas, enteras en su luz y oscuridad.

*Escritora.
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