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Opinión

  • | 2013/09/28 00:00

    No más golpes, corrígeme sin pegarme

    Estudio realizado por científicos alemanes demuestra la reducción de la criminalidad en países en los que los padres no castigan físicamente a sus hijos.

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Unos 18.000 casos de maltrato infantil se han presentado entre enero y agosto de este año, según el ICBF. En el 2012, solo en Bogotá se presentaron más de 5.000 denuncias de violencia contra niños. 

Las cifras muestran el saldo preocupante para la niñez colombiana. Los niños, niñas y adolescentes siguen siendo las principales víctimas del castigo físico y de la violencia sexual. Los golpes siguen presentes en los hogares de la capital y se convierten en la principal forma en la que los padres reprenden a sus hijos. Según la Encuesta Nacional de Salud, en Bogotá 7 de cada 10 madres usan los golpes como método de corrección, mientras que 5 de cada 10 padres recurren a esta práctica.

Durante más de 10 años como periodista y ahora como Concejal de Bogotá he liderado una campaña de responsabilidad social llamada. “No más golpes, corrígeme sin pegarme”, con la que se busca crear conciencia en los adultos que los golpes  no son la manera de educar ni castigar a nuestros infantes. La violencia solo genera violencia y esto no es una frase de cajón, los estudios lo demuestran.

La reciente publicación en The Economist sobre un estudio realizado durante 20 años por el Instituto de Investigación Criminológica de la Baja Sajonia, en Alemania, muestra la clara relación entre castigo en la infancia y criminalidad.  

Según el análisis, “las personas que en su infancia tuvieron que soportar frecuentemente golpes presentan de una manera desproporcionada un mayor interés en poseer armas en el futuro”. La muestra realizada a 45.000 estudiantes de entre 14 y 15 años en el 2007 y el 2008 mostró que aquellos a los que sus padres pegaban eran cinco veces más propensos a convertirse en criminales habituales, consumir drogas o faltar a la escuela. 

La parte del estudio realizada en el 2010, muestra que solamente el 15 % de los niños estadounidenses son criados por sus padres sin ningún tipo de violencia física. Según los investigadores, este es uno de los factores que explican por qué en Estados Unidos se poseen más armas, se cometen más crímenes y se castiga con mayor severidad en comparación con otros países.

Bogotá es solo un pequeño espacio de lo grande de esta problemática. Dentro de la campaña de responsabilidad social, durante todo el año 2012 con mi equipo de trabajo realizamos un estudio sobre castigo físico, entre 1.324 adultos de todas las localidades de la capital y los resultados fueron alarmantes, Bogotá es una ciudad de adultos que fueron maltratados en su niñez y lo más preocupante, en su gran mayoría la conducta se repite con sus hijos. 

De los 1.324 participantes, el  97 % recibió durante su niñez castigo físico, humillante y denigrante, lo que significa que la cifra de personas golpeadas y humilladas durante la infancia es muy alta.

Sorprendentemente, un 5 % de los encuestados aseguró que se debe mantener el castigo físico humillante y denigrante como forma de educar o reprender. Es decir que los niños de al menos estos 64 hogares están en riesgo de recibir castigo físico porque sus padres están de acuerdo con esta práctica. 

El maltrato es una cruda e inexplicable realidad y sus consecuencias son claras. Las cifras de violencia contra niños, niñas y adolescentes demuestran que  la mayoría de las situaciones se presentan al interior del hogar. Los agresores principales son familiares y conocidos, y en muchos casos la misma madre o padre. Es urgente realizar acciones de prevención que reivindiquen la importancia de garantizar los derechos de los niños

Tenemos un reto como sociedad de erradicar el castigo físico, durante siglos ha sido la forma más facilista de corregir a nuestros niños. Está comprobado que el castigo que atenta contra la integridad de nuestra niñez deja huella. Debemos buscar formas creativas y constructivas de educar y corregir sin maltratar. Debemos denunciar, no permitir que a nuestro alrededor suceda el maltrato, nadie tiene derecho a golpear a otra persona y menos si son seres indefensos. Recordemos que si los niños están bien, todos estamos bien.

*Periodista y Concejal de Bogotá.
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