Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2001/01/08 00:00

Mano dura

Unos remedios curan el mal que no es. Otros son de poca utilidad. Y los más destacados son decididamente peores que la enfermedad

Mano dura

El general Tapias tiene razón. Se necesita “legislación excepcional” para un país que produce el 80 por ciento de la cocaína, el 70 del terrorismo y el 60 por ciento de los secuestros del mundo entero. El problema consiste en precisar cuáles serían las leyes que de veras ayuden a frenar semejante avalancha criminal. Y la falta de precisión afecta a todas o a casi todas las propuestas que hemos oído en estos días:

1. Policía Judicial. Que los militares puedan interceptar comunicaciones, capturar sospechosos o registrar viviendas sin permiso de un fiscal. Santo y bueno. ¿Bajo cuáles condiciones podría el sargento, capitán o general ordenar estas medidas? Pues aquí caben cuatro posibilidades. La primera ya está autorizada por la ley colombiana: que se trate de un delito flagrante o de una necesidad inexcusable del combate. La segunda sería que el militar hubiera de ceñirse a las mismas exigencias que tiene hoy una orden del fiscal; pero entonces la solución sería tener más fiscales —o disponer que todos los sargentos, capitanes y generales cursen cinco años de derecho—. La tercera sería hacer menos exigentes los motivos de captura, requisa o intercepción; pero entonces se necesita con más veras el criterio educado de un fiscal. Y la cuarta sería dejar la decisión a gusto del sargento, el capitán o el general —lo cual no es otra cosa que prescindir bonitamente de las leyes—.

2. Zonas especiales. Que las Fuerzas Armadas puedan establecer retenes y controlar el flujo de alimentos. Pues la legislación actual les permite ambas cosas, siempre que nadie sea retenido sin motivo y no se mate de hambre al campesino. Es decir que volvemos a las cuatro posibilidades anteriores.

3. Fuero castrense. Que los militares sean investigados y juzgados solamente por otros militares. Aún entonces, o el tribunal militar aplica la justicia —y en este caso no hay ventaja ninguna para el acusado— o el tribunal no aplica la justicia —o sea que, otra vez, se trataría de burlar la ley—.

4. Milicia Nacional. Que se cree un cuerpo “civil” armado para ayudarle a las Fuerzas Militares. Perfecto. Pero el asunto siguiente es quién controla al cuerpo armado. Si nadie va a controlarlo, estamos legalizando el paramilitarismo. Y si las Fuerzas Militares van a controlarlo, la manera de hacerlo es incorporar los milicianos a su seno, esto es elevar el pie de fuerza bajo nuevas modalidades de servicio.

5. Más castigos. Que condenar a muerte los secuestradores, que aumentar las penas, que hacer más drástico el estatuto carcelario. Puede ser. Y sin embargo está bien demostrado que la disuasión no depende del castigo teórico sino de la probabilidad de sanción efectiva. O sea que de poco sirven las normas si las normas no se cumplen.

6. Figuras, plazos y papeleos. Aquí se oyen cosas tan disparejas —y en general, tan anecdóticas— como agilizar el levantamiento de cadáveres, eximir de peaje a los vehículos militares, extender la detención para interrogatorio (como si en esas horas extra hubieran de aparecer las pruebas que faltaban), establecer el “arresto administrativo” (¿por cuáles motivos?) o simplificar el régimen de contratación militar en regiones o por razones de combate (de nuevo: puede ser, pero cuidado).

7. Impaciencia. Que se declare el estado de “conmoción interior” para adoptar las reformas, como si el famoso artículo 121 siguiera vigente o el 213 de la actual Constitución no mandara expresamente que las medidas de conmoción sean transitorias. O mejor, que se acuda al referendo, como si así en efecto se pudiera esquivar al Congreso o a la Corte: no se puede.

Al bajar pues del enunciado altisonante a las fórmulas concretas, resulta que la “legislación excepcional” está integrada por tres clases de remedios. Unos curan el mal que no es. Otros son de poca utilidad. Y los más destacados son decididamente peores que la enfermedad. ¿Cuándo descubriremos que en Colombia la “legalidad excepcional” llegará el día en que dejemos de adecuar los códigos a las urgencias y empecemos a tratar las urgencias según los códigos?

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