Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2001/10/01 00:00

Mano dura

La nueva ‘doctrina’: las Farc no ‘entrarán en razón’ sin castigo militar. Y la guerra de la DEA contra la droga pasa por una guerra con las Farc

Mano dura

No deberIa ser asI. Pero el camino hacia la paz pasa por la intensificación de la guerra. Esa es la sensación que flota en el ambiente. Y esa es la conclusión que resulta del análisis frío de los hechos. Veámoslos.

La negociación con las Farc, como fue diseñada en este gobierno, no puede producir resultados:

— Primero y ante todo, porque hace depender el avance

de acuerdos “programáticos” entre las Farc y la dirigencia política, técnica y empresarial del país. Pero aquí hay una sobrevaloración de la ideología: como muestran los casos exitosos en el mundo, la paz negociada no surge de confrontar dos dogmas, sino de acomodar los intereses reales de las partes. Y hubo además ignorancia —o al menos ingenuidad— acerca de cómo operan las ideologías totales: el “marxismo vulgar” del secretariado es un catecismo omnicomprensivo y autorreferenciado que no admite excepciones ni matices.

— Segundo y en consecuencia, porque el diseño no prevé un escenario de salida de la guerra: ni entrega de las armas, ni reinserción, ni desmovilización, ni cese de hostilidades, ni tregua, ni acatamiento total o siquiera parcial del DIH —para ir de lo difícil a lo “fácil”— han sido contemplados seriamente.

— Tercero y en el fondo, porque el interés real tras la negociación no era otro que la droga o sea la DEA. Pero el asesinato de los indigenistas, y luego la llegada de Bush, dejaron en el aire todo el cuento.

El “cuento” no era otro que la zona de distensión, concedida por Pastrana (con permiso de Clinton) para llegar a un acuerdo sobre la droga. Pero en ausencia de ese acuerdo, la zona es, en efecto, una concesión gratuita del Estado a la guerrilla. Por eso la aspiración del ELN —y de rebote, el fracaso con el ELN—. Por eso los abusos de las Farc. Por eso la confusión: llevamos tres años discutiendo sobre la zona y no sobre la paz. Por eso las críticas al proceso. Y por eso el clamor de mano dura.

Una nueva “doctrina” comienza a abrirse paso. La resumo en dos tesis. Primera, que las Farc no “entrarán en razón” sin un duro castigo militar (fue la tesis del general Mora en la pasada edición de SEMANA). Segunda, que la guerra de la DEA contra la droga pasa por una guerra abierta contra las Farc.

Esta doctrina se está traduciendo en hechos. El “revolcón” de las Fuerzas Armadas: soldados profesionales, prestaciones sociales, pie de fuerza duplicado, poder aéreo cuadruplicado, batallones especializados, coordinación entre Fuerzas y 500 millardos de adición presupuestal en medio de la penuria. Ley de Seguridad y Defensa Nacional, que sin duda avanza en la modernización militar y sin duda retrocede en los derechos humanos. Golpes espectaculares, como los del Guaviare o San Juan de Arama. Radares operados por gringos contra la guerrilla. Nuevas pruebas del Departamento de Estado sobre la narco-Farc (operación ‘Fernandinho’). Bush, que es arrogante y es torpe, designa o nomina halcones en cada cargo sensitivo para Colombia. Visita de los halcones a Colombia. ‘Retoque’ del Plan Colombia.

La nueva doctrina tiene un eco abrumador en la opinión. ¿Pruebas? La encuesta sobre imagen de las Fuerzas Armadas. El homenaje de los empresarios. El ascenso de Uribe Vélez. El viraje de Serpa y de Sanín hacia la línea dura. El retiro de Augusto Ramírez. La indignación de los congresistas ante el continuado secuestro de sus colegas. El silencio calculado de Castaño...

Desde fuera también se ve venir la guerra: Boucher critica la zona, Vivanco condena a las Farc, Alemania tramita expulsión de sus voceros en Europa, Fox toma distancia, Chávez baja el volumen, Egeland lanza el S.O.S. y en los periódicos gringos salen editoriales sobre Colombia.

En estas circunstancias, ni siquiera es seguro que Pastrana prorrogue la zona de distensión. Primero porque, con mejor título que nadie, podría decir “hice todo lo que pude, pero...”. Segundo, por la dureza que acaba de mostrar con el ELN. Tercero, y más que todo, porque en lugar de Clinton, Pickering y Romero, ahora mandan Bush, Powell y Beers.

Y así Pastrana mantenga la distensión —es su criatura— los candidatos a sucederle están “girando” contra ella y no podrán mantenerla —porque no tiene sentido—. Por eso viene la escalada de la guerra.

Lo cual no deja de ser una gran estupidez. Pero eso debe ser tema de una columna menos realista.

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