Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2007/05/19 00:00

Mano firme, oído grande

Desde la óptica del gobierno, lo malo no es lo que está pasando en la cárcel, sino que un organismo de inteligencia lo grabe, se lo dé a conocer a un medio de comunicación y, por esa vía, al país.

Mano firme, oído grande

En medio de tantos escándalos, de las muchas informaciones ciertas, de las que no lo son y de las que hay que recibir con beneficio de inventario, ya hay dos verdades incontrovertibles. La primera: que una parte de los paramilitares sigue delinquiendo desde la llamada cárcel de máxima seguridad de Itagüí. La segunda: la confirmación de que organismos de inteligencia del Estado espían a la oposición y a los periodistas.

Esas dos verdades, que el gobierno quisiera ignorar, son las mismas que lo meterán en problemas en las próximas semanas. Seguramente no en Colombia, donde la única consecuencia será que la popularidad del presidente llegue al 110 por ciento. Más bien en el exterior, donde evidencias como estas empiezan a confirmar las sospechas sobre el verdadero alcance del proceso de paz con los paramilitares y sobre las reales garantías a la prensa y a la oposición.

Las grabaciones comprueban que en Itagüí se fijan precios de embarques de cocaína, se ordenan operaciones masivas de extorsión, se siguen controlando pueblos y se reportan torturas y asesinatos. Esta peligrosa mezcla de Catedral y Caguán sería ya suficientemente grave, pero es que además -según la antigua directora de la cárcel- los presos hacen lo que quieren por las relaciones que mantienen con el alto gobierno. "Llaman al director general o si no al Comisionado de Paz, o si no al Ministro y si no al Presidente", le aseguró la antigua directora a otra funcionaria del Inpec.

El gobierno reaccionó con rapidez y energía ante las comprometedoras grabaciones, pero no para evitar que los delitos se sigan cometiendo, sino para establecer quién está oyendo a los delincuentes. Desde la óptica del gobierno, lo malo no es lo que está pasando en la cárcel, sino que un organismo de inteligencia lo grabe, se lo dé a conocer a un medio de comunicación y, por esa vía, al país.

Desde la publicación de SEMANA todo se ha orientado a descubrir al responsable de las grabaciones y no a castigar a quienes han seguido delinquiendo desde la cárcel.

Mientras 12 generales de la Policía pasaban al retiro, el Ministro del Interior acudía sumiso a Itagüí después de aclarar que nada les pasaría a los huéspedes porque las grabaciones eran ilegales. Al final de su reunión con los paramilitares, el ministro Holguín anunció -como gran cosa- que uno de los reclusos accedía a someterse a un cotejo de voces.

La mano firme del gobierno con los mandos de la Policía contrastó con el corazón grande frente a los paramilitares.

Carreras de 30 y más años de servicio terminaron de un plumazo, pero a alias 'Mosco', alias 'Goyo' y alias 'El Flaco', entre otros, siguen a sus anchas en Itagüí.

Sin embargo, la rabieta tuvo su lado bueno. Lo que algunos habíamos pedido que se investigara desde hace tres años, se aclaró en una noche de domingo. La exótica investigación relámpago terminó mostrando que agentes de inteligencia del Estado han venido escuchando las conversaciones de periodistas, dirigentes de la oposición e incluso algunos miembros del gobierno.

El Presidente y sus ministros han declarado que no dieron la orden de efectuar esas interceptaciones, pero los agentes de inteligencia no graban para satisfacer su voyeurismo, como pretendió explicarlo el imaginativo asesor José Obdulio Gaviria.

Tres semanas antes de estos hechos, el propio jefe de Estado confesó que recibía informaciones de inteligencia sobre las actividades de líderes de la oposición. Esta fue su respuesta textual a la pregunta de Darío Fernando Patiño sobre las evidencias que tenía de una campaña contra el TLC:

"Yo tengo pruebas que no las voy a revelar, son de inteligencia militar y policiva, de algunas de las personas que han ido a Estados Unidos, que dicen: ya nos tiramos en el tratado acusando a este tal por cual del Uribe".

Inteligencia militar y policiva, dijo el Presidente. El que tenga ojos para ver, que vea, porque los que tienen oídos seguirán oyendo.

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