Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2009/09/08 00:00

Maquiavelo en el proceso reeleccionista

Al leer los textos del filósofo florentino del siglo XV se adivina la estrategia del uribismo para mantenerse en el poder.

Juan Diego Restrepo

¿Cuánto de Nicolás Maquiavelo hay en la aprobación del proyecto de ley que permite una nueva reelección presidencial? Más de lo que uno pudiera imaginarse. Los conceptos esbozados en varias de sus obras parecen haber sido escritos para que fuesen aplicados en el cuerpo de la supuesta doctrina política que siguen, hipnóticamente, los uribistas.

Un concepto que expone Maquiavelo y que este gobierno ha aplicado con bastante eficiencia está consignado en el libro Discursos sobre la primera década de Tito Livio. En esta obra precisa que una de las acciones de gobernar se centra en ofrecer beneficios a los ciudadanos, “de modo que no sea razonable que puedan desear cambiar de suerte”.

¿Dónde se puede percibir ese concepto de manera práctica? Basta buscar en programas como el de Familias en Acción, que tienen su origen en el Plan Colombia, diseñado por el presidente Andrés Pastrana durante su administración y que el presidente Uribe amplió. El programa ata a las comunidades a un subsidio que en poco o nada contribuye a superar las necesidades más apremiantes de la gente, en cambio sí evita el desarrollo de las comunidades pobres. Asegura así la continuidad de su mandato a través de la generación de dependencia económica.

Hace poco visité Chocó y tuve la oportunidad de presenciar en Quibdó, durante dos días, las largas filas de mujeres, todas ellas madres cabeza de familia, reclamando en una sucursal del Banco Agrario el dinero correspondiente a dos meses de subsidio de Familias en Acción. Hablando con varias de ellas descubrí una de las falacias de este programa: decenas de mujeres, acompañadas de sus hijos, invierten en su viaje desde veredas y corregimientos más dinero del que reciben, pero regresan contentas, “porque por fin el Gobierno nos tuvo en cuenta”.

De acuerdo con datos de la Agencia Presidencial para la Acción Social y la Cooperación Internacional, a diciembre de 2008 habían inscritas en todo el país 1 millón 857 mil 760 familias. De ahí lo que ya advertía Maquiavelo sobre los beneficios que debe otorgar el gobernante para asegurar su futuro. Cálculos similares podrían hacerse con programas como Familias Guardabosques, a través de los cuales también se distribuyen recursos estatales.

Ese tipo de subsidios, más los cheques que ha repartido a diestra y siniestra el presidente Uribe en los consejos comunitarios realizados en todo el país, le garantizan que todas aquellas acciones ilegítimas que adelanta para garantizar una posible reelección no sean cuestionadas, sino, por el contrario, celebradas, un concepto que ha consignado Maquiavelo en Los Discursos. Parafraseando al florentino del siglo XV, el mandatario colombiano se las ha ingeniado de tal manera que aquellos hechos por los que se le acusa, como por ejemplo utilizar todo tipo de artimañas para sacar adelante el proyecto reeleccionista, le sean excusados por los aparentes buenos resultados de su gestión, que le celebran unas comunidades carentes de toda crítica para valorar los desaciertos presidenciales.

Y justo esas comunidades carecen de toda valoración crítica no sólo porque de alguna manera sus conciencias han sido cooptadas a través de los subsidios, sino porque en ellas ha hecho efecto, por contaminación, el trabajo propagandístico que a través de diversos canales mediáticos, oficiales y privados, realiza la maquinaria presidencial. En ellos se muestran de manera reiterada los aparentes logros de las políticas gubernamentales y la fortaleza del gobernante, resaltando en los mensajes más gestos, imágenes y símbolos que razonamientos lógicos, más apariencias que realidades.

Una de las descripciones que más llama la atención de este escritor por su similitud con la personalidad del presidente Uribe está contenida en su obra El Príncipe. Se trata de una referencia al Papa Alejandro VI. Dice el autor que este prelado “no hizo otra cosa, no pensó jamás en otra cosa, que en engañar a los hombres y siempre encontró con quien poder hacerlo. No hubo jamás hombre que asegurara con mayor rotundidad y con mayores juramentos afirmase una cosa y que, sin embargo, la observase menos. Pero, a pesar de todo, siempre le salieron sus engaños a la medida de sus deseos”.

No me cabe duda que las reflexiones, anotaciones e historias que escribió Nicolás Maquiavelo tienen su impronta en el proceso reeleccionista. Y me preocupa que estemos viviendo una de las sentencias del italiano: “Los defectos de los pueblos tienen su origen en los príncipes”.

(*) Periodista y docente universitario

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