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Opinión

  • | 2015/09/01 19:13

    El monstruo por dentro

    Lo que logramos con nuestras actitudes es empoderar a Maduro y constituirnos en el antagonista perfecto; en el “enemigo externo” ideal.

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Nicolás Maduro es el fiel representante de una paradoja. Por un lado, el presidente venezolano está atrapado en las fauces de su propia coalición gubernamental la cual lo tiene doblegado, en cuyo escenario vale destacar dos protagonistas: La aplanadora de Diosdado Cabello y la cúpula Militar.

Pero por fuera de ese cirulo depredador lleno de ansias por controlar el poder político y económico, la opinión pública interna siente un rechazo cada vez mayor por su forma de gobernar y por su afán torpe e inocuo de imitar a su antecesor y mentor, Hugo Chávez. Así las cosas, ¿cómo entender sus victorias y apoyos en el plano internacional como el sucedido esta semana en la OEA, aun cometiendo violaciones flagrantes a los derechos humanos y a la democracia, pero también en un momento donde el precio del petróleo está cada vez más bajo y la producción cada vez menos rentable y eficiente?

En efecto si el Gobierno Colombiano realmente fuera estratégico, se daría cuenta que el de Maduro es un gobierno profundamente débil y lleno de vulnerabilidades. Pero por el contrario, lo que logramos con nuestras actitudes es empoderarlo al constituirnos en el antagonista perfecto, en el “enemigo externo” ideal, y así darle más importancia de la que de verdad se merece. Lo calificamos como país garante en el proceso para la terminación del conflicto con las FARC – ¿garante para quién vale la pena preguntarse?; permitimos que uno de los miembros de la mesa de negociación por parte del grupo guerrillero califique la permanencia de Venezuela en la mesa como fundamental y determinante; asumimos como obvio el apoyo de la comunidad internacional regional en escenarios multilaterales como la OEA, con la plena convicción de que contaríamos con su apoyo, y la verdad no lo obtuvimos ni para la simple convocatoria a una cumbre de Cancilleres; manejamos una diplomacia “prudente” como si nos fueran a morder, y lo único que logramos es prestarnos para el ridículo. Si no nos ponemos las pilas, puede pasar algo parecido con Ecuador y Panamá.

Colombia lleva cultivando la cosecha de hoy, desde hace años: primero siendo laxos y medio tuertos con el estricto cumplimiento de la carta democrática y ésta posición laxa tiene dos protagonistas: Venezuela y Cuba; segundo, la ambigüedad que tuvo Colombia en su posición frente a la reforma de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ubicándose más a favor de la posición de los países del ALBA y no a la los países que abiertamente defienden el sistema interamericano de DDHH como en el caso de México. Estos dos ejemplos entre otros, son los que develan una posición servil y complaciente para congraciarse inexplicablemente con Venezuela pero cuya  principal motivación sin duda, era la de romper y diferenciarse de la línea más dura que regía en la administración Uribe.

No hay que tener miedo de retirar a Venezuela como país garante en el proceso de paz con las FARC. Sobre todo si en realidad estamos en un punto de no retorno en el proceso. Así mismo, no hay que temer salirse de Unasur –exigir una reunión inminente para ésta semana no nos llevará a nada- , pues evidentemente es un escenario donde nuestras preocupaciones legítimas, como es lo que hoy sucede en la frontera con Venezuela, jamás serán escuchadas ni tenidas en consideración.

Es importante tener en cuenta las dificultades que vive Maduro adentro de su país. Estas no son menores y pueden jugar en favor nuestro si somos estratégicos e inteligentes en el manejo de nuestra política exterior. Primero: No hay crisis que dure 3 meses teniendo en cuenta que las elecciones en el vecino país serán en Diciembre. ¿Qué va a pasar cuando ya no hayan colombianos a quienes echarles la culpa por la escases de productos básicos y la falta de provisión de bienes públicos y se devele aún más el desastre de la administración Maduro? Segundo: En la última encuesta realizada por el Instituto Venezolano de Análisis de Data, sobre la gestión del gobierno y la coyuntura política, realizada a nivel nacional entre el 8 y 16 de agosto del año en curso, es decir justo antes de la crisis en la frontera, los resultados son nefastos para Maduro. Vale destacar por ejemplo que el 87% de los encuestados considera que el rumbo de las cosas van por el camino equivocado; que entre los tres principales problemas del país está la inseguridad con un 70%, el alto costo de vida con el 41% y el desabastecimiento con el 82%.; y se considera que el mayor responsable de la escases y desabastecimiento es el Gobierno Nacional y la administración Maduro. El 70% considera que no hay una llamada Guerra Económica y más de la mitad de la población tiene una imagen desfavorable de las FFMM únicamente superada la del Consejo Nacional Electoral y la Fiscalía.

A pesar de que Maduro haya ganado batallas en el escenario internacional latinoamericano, tiene graves problemas al interior de su país y de eso debe ser consciente Colombia. Hay que conocer al monstro por dentro para saber dónde gastar las energías y el capital político. Por lo pronto la conclusión es que ha habido un pésimo manejo de nuestra política exterior y se ha invertido demasiado donde no debe ser. Aquí las opciones no son solo la paz o la guerra. Hay otras alternativas mucho más dignas y contundentes.
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