Miércoles, 22 de febrero de 2017

| 2015/08/18 12:14

Poder duro versus poder blando

La jugada geopolítica de Barack Obama tiene un cambio de estrategia muy evidente: la primera con Irán y la segunda con Cuba.

Marcela Prieto. Foto: Guillermo Torres / SEMANA

Barak Obama quiere pasar a la historia no por ser el primer presidente negro de los Estados Unidos sino por ser un presidente audaz con un gran conocimiento de la historia pero también con un gran sentido de lo que quiere dejar como legado para el futuro, particularmente en materia de política exterior.

Su punto de partida es obvio para algunos aunque peligroso para otros: es evidente que ya no vivimos en la Guerra Fría y que imponer por la fuerza una democracia liberal con pleno funcionamiento de un Estado de derecho tal y como se entiende en occidente es inocuo. Pero ¡ojo! No porque esos principios no deban defenderse a ultranza. ¡No! Sino que no necesariamente se deben usar los mismos mecanismos que hasta ahora se han utilizado, como la acción militar directa o el bloqueo económico indefinido. No nos podemos equivocar: Estados Unidos (EE. UU.) es y seguirá siendo por muchos años una nación hegemónica y el faro del mundo occidental por mucho que les moleste a algunos. Lo que cambia es su forma de hacerlo y Obama, al menos en estos últimos meses de su administración, enarbola ese cambio de estrategia de manera muy evidente: primera con Irán al proponer un cambio en la política nuclear con ese país, y la segunda con Cuba al normalizar sus relaciones diplomáticas después de 54 años de bloqueo.

Su estrategia es la denominada por los expertos contemporáneos como soft power o poder blando. Es decir, usando mecanismos diplomáticos, bien sea directos o indirectos, a través de la presión de organizaciones de la sociedad civil o de los medios de comunicación. Haciendo un uso adecuados de éste mecanismo, según se considera, se pueden lograr los mismos objetivos.

Ahora bien, no puede dejar de mencionarse tampoco que quienes consideran su política exterior en extremo peligrosa, también tienen algo de razón. Nadie imaginó hace 5 años que surgiría un enemigo nuevo para occidente con las características del Estado Islámico. Pero ello también tiene una explicación y no coge desprevenido a quienes como Samuel Huntington consideran que a lo largo de la historia de la humanidad ha habido choques entre civilizaciones, en éste caso la guerra histórica, permanente y legendaria entre occidente - principalmente cristiano - y el mundo musulmán - en Medio Oriente -.

Este es el mundo en el que debe ejercer su poder hegemónico el Estado americano a través de la administración de Obama y la que eventualmente heredará un sucesor al que le tiene que caber ésta complejidad en la cabeza. De hecho parte de la estrategia será adelantarse a los acontecimientos.

A lo que América Latina se refiere, el caso de Cuba es muy interesante y en efecto es fácil predecir que en el corto plazo los hermanos Castro no existirán (Fidel tiene 89 y Raúl 84 años) y EE. UU. no puede arriesgarse a estar otra vez fuera de juego como en el verano de 2001, el Pentágono estaba simulando una invasión rusa por Alaska y cuando menos pensaron sucedieron los ataques del 11 de septiembre; o cuando en noviembre de 2013, es decir, cuatro meses antes de la anexión de Crimea por Rusia, el Departamento de Estado suprimió su unidad de estudios rusos.

Es así como la jugada geopolítica de EE. UU. utilizando mecanismos diplomáticos con el caso de Cuba también está moviendo sus fichas frente a China, pues éste gigante asiático supone una amenaza por su influencia económica y sus inversiones en infraestructura en países como Nicaragua; así como con Rusia quienes también suponen una amenaza militar por sus alianzas con Cuba pero también con Venezuela, Nicaragua.

En resumidas cuentas, no es verdad que le reste legitimidad a EE. UU. para exigir democracia. De hecho ahora podría tener aún más legitimidad para pedir reformas en la isla. EE. UU. ha dado un paso, ahora deben darlos los hermanos Castro porque si no lo hacen van a quedar mal ante la opinión pública mundial. Es importante recordar que EE. UU. tiene relaciones diplomáticas con muchos países no democráticos como China, Singapur, Bielorusia, Venezuela, y muchos países en oriente medio, donde la democracia occidental es inexistente y las violaciones a los derechos humanos explícitas, públicas, y recogidas en las legislaciones locales, como es el caso con Siria, Arabia Saudita, Qatar, todos los del países del Golfo, y otros cuantos en África. ¿Y alguien dice algo?

No es claro si la apertura comercial traerá la democracia en Cuba, ni se puede comprobar como una acción de causa y efecto, pero lo que sí está claro es que la ausencia de relaciones diplomáticas tampoco lo ha hecho durante décadas, y como ya se ha dicho por muchos analistas con quienes coincido, lo que ha pasado al no tenerlas  ha sido la perpetuación del régimen.

* Directora General de Foros Semana

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