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Opinión

  • | 2000/10/09 00:00

    María Emma, alcaldesa

    La razón puede ser que en países tan emproblemados todo cambio es una ilusión. En otras palabras, que es mejor es ser nuevo que bueno.

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Si no comete una embarrada histó-rica, lo que es poco probable de acuerdo con sus trayectorias pasadas como la de consejera presidencial en las comunas de Medellín, la de ministra de Educación y la de canciller, María Emma Mejía está elegida como la próxima alcaldesa de Bogotá.

La pregunta es: ¿Por qué María Emma, y no Antanas Mockus?

Respuestas hay muchas, y mucho más sofisticadas que la de pensar que la ventaja viene de que María Emma es más bonita que Mockus.

Para comenzar, está el asunto de la no reelección. Colombia no es, por naturaleza, un país reeleccionista. La fobia a esta figura quedó patentada en la Constitución del 91, en la que se prohíben casi todas las reelecciones, salvo la de Procurador (y me dicen que ello fue producto de un error mecanográfico). El único presidente reelecto ha sido López Pumarejo, quien a pesar de haber hecho un buen primer gobierno no logró terminar su segundo período. Que las segundas partes nunca son buenas, está escrito en la mente de la mayoría de colombianos. La razón puede consistir en que en países tan emproblemados como este todo cambio es una ilusión. En otras palabras, electoralmente es mejor ser nuevo que bueno. Y frente a Mockus, María Emma es nueva. Algo semejante le sucedió a Jaime Castro contra Peñalosa: a pesar de haber sido un excelente alcalde, perdió la reelección frente a quien los bogotanos consideraban una novedad.

Pero también está el estilo político de Antanas Mockus. Fui una de las que claramente me dejé seducir por el mensaje que en su primera campaña por la Alcaldía de Bogotá enviaba blandiendo una espada rosada con la que pretendía doblegar la violencia; o poniendo a bailar una pirinola para darnos a los bogotanos una lección de generosidad y de solidaridad ciudadana; o (en búsqueda de un mensaje que resultó menos fácil de comprender que los anteriores) echándole un vaso de agua en plena cara a su rival, el entonces candidato Peñalosa, para explicar que los ciudadanos deben aprender a reaccionar sin violencia cuando sean agredidos injustamente. Con todo ello fue logrando Antanas Mockus, ‘el Profe’, como le decimos cariñosamente sus amigos, a punta de utilizar métodos absolutamente poco tradicionales, ir atrayendo poco a poco el corazón de los bogotanos a favor de sus campañas cívicas, que prometían transformar la mentalidad de la ciudad.

Sus métodos políticos funcionaron la primera vez, pero difícilmente van a funcionar la segunda. Mientras sus excentricidades propagandísticas de hace cuatro años lo hacían ver como un filósofo, hoy se ve, deambulando por las calles disfrazado de zanahoria o de saltamontes, menos como un filósofo y más como un payaso, en el intento de salir por televisión a cualquier costo.

Entretanto, María Emma parece no tener que hacer ya más nada para consolidar su triunfo. Por ejemplo yo, que jamás votaría por ella para presidente, lo haría muy tranquila para alcaldesa de Bogotá. Ella no se caracteriza precisamente por ser una conceptualizadora de problemas o de ideas. Pero ha demostrado ser una máquina de trabajo, un fenómeno de eficiencia y una funcionaria totalmente honesta. Y para ser alcalde de Bogotá, me parece más útil tener estas tres virtudes que el dominio del pensamiento abstracto.

Y ¿por qué María Emma, y no Héctor Riveros? Aquí la respuesta es más fácil. Porque a la Alcaldía de Bogotá llegan figuras nacionales y no expertos distritales. Riveros puede ser posiblemente uno de los hombres que más sabe y entiende los problemas de la capital. Pero está enfrentado a quien como candidata a la vicepresidencia tuvo durante varios meses una exposición pública enorme a nivel nacional, mientras Riveros, que además es el verdadero sucesor de Peñalosa, sigue siendo una figura eminentemente distrital.

Sería absolutamente deseable, eso sí, que la señora alcaldesa, que con mucho acierto le dio a su campaña un abierto énfasis social, se comprometa a no abandonar la revolución urbanística puesta en marcha por Peñalosa. Porque a ella le corresponderá cerrar el círculo que se inició cuando Jaime Castro rediseñó las finanzas de Bogotá, para que luego Antanas Mockus consiguiera la plata, Enrique Peñalosa la invirtiera, y María Emma... ya veremos.



ENTRETANTO... ¿Para dónde iba Caperucita Roja cuando se la comió el lobo?: a) Para el supermercado; b)para una fiesta; c) para donde la abuelita; d) para donde Horacio Serpa? (Tomado del programa Quien quiere ser millonario?)
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