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Opinión

  • | 1996/09/02 00:00

    MARIA EMMA: NOEMI

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Eso fue lo primero que se les pasó por la cabeza a los colombianos cuando se hizo público el nombramiento de la nueva canciller: ¿Otra Noemí? La verdad es que la asociación entre estas dos mujeres no es del todo injustificada. Aunque casi que se ha vuelto un lugar común reconocerles a ambas sus atributos físicos, ellos indudablemente forman parte delas razones de su vertiginosa carrera política, por una sencilla explicación de corte pambeliano: en la vida, es mejor ser bonita que fea. Pero desde luego, las coincidencias que las hacen tan parecidas no se reducen a sus atributos. Van mucho más allá.Ambas son tremendamente ambiciosas, capaces y encantadoras. Ambas han tenido una carrera política sorprendentemente progresiva, sin grandes baches ni pruebas graves. Ambas pueden llegar a ser presidentas. Pero de aquí en adelante, todo lo demás las diferencia.Noemí es cálida y sensible. Odia, quiere, llora y se siente insegura. María Emma es fría como un témpano. No pelea con nadie, no se pone brava y es tremendamente improbable que pueda albergar dudas sobre sí misma.Una es reflexiva, la otra ejecutiva. A la primera se le puede pedir el consejo apropiado para resolver el problema. De la segunda se puede esperar que ejecute la solución.Noemí es más analítica, más profunda y de más criterio. María Emma es más eficiente, mejor administradora y más camelladora. Noemí es más tierna. María Emma es más calculadora.Noemí es la persona adecuada para tener al lado cuando hay que tomar una decisión. María Emma es la indicada a la hora de despachar con productividad y rapidez.Ambas poseen excelentes dotes de intermediarias, pero mientras la primera es selectiva, y le pone corazón a la operación, la segunda es totalmente cerebral. Si se justifica, se hace amiga por interés, y se brinca al que toque. A Noemí no le gusta tener enemigos. A María Emma no le importa tenerlos. Y, curiosamente, ambas enfrentan por primera vez su prueba de fuego. Noemí intenta reperfilarse en medio de la crisis. María Emma intenta perfilarse a pesar de ella.Noemí escogió el camino de romper con el gobierno para sobrevivir políticamente. María Emma escogió el contrario, con el mismo propósito. Y mientras la tarea que tiene Noemí por delante es convencer, para ganar puntos, lo que María Emma tiene que hacer es no embarrarla para posicionarse. Y de su desempeño inicial como Canciller, el balance indica que no le ha ido mal, pero que tampoco le ha ido suficientemente bien, al contrario de los primeros meses de Noemí en el mismo cargo, para quien el balance fue siempre tremendamente positivo.Si hubiera que calificar esta gestión inicial de María Emma en la Cancillería, yo diría que marca un punto a favor y dos en contra. A favor puede apuntársele el balance de su visita a Estados Unidos, por una razón muy sencilla: no hay balance. El motivo de su viaje no era otro que poner la cara, pero ni el Presidente, ni ella misma, pretendían obtener un resultado concreto en medio de una situación tan mala. La recibieron con cordialidad, la devolvieron sin grandes promesas, y ella tuvo el cuidado de no dar declaraciones en las que hubiera tenido que reconocer que, entre la maleta, no traía nada nuevo.Su viaje a Venezuela, en cambio, sí tenía propósito: concretar la cumbre de Samper con Caldera. Y muy diplomáticamente los venezolanos lograron aplazarla con la disculpa de la falta de agenda, lo que determinó que la visita de la Canciller terminara, por ahora, en fracaso.En cuanto a su viaje a Francia, la cosa salió peor. Por una razón que todavía no entiendo, a la Canciller la pusieron a firmar un convenio militar con el ministro de Defensa francés. El no era su homólogo, ni el contenido del convenio su tema. Por una evidente falta de cancha terminó enredada en la posible compra de unos helicópteros franceses que no solo cogió fuera de base al Ejército, sino que lo enfureció.A pesar de que, inevitablemente, la gente tiende a asociar a las dos mujeres que han llegado más lejos en la política colombiana por bonitas, por paisas y por cancilleres, la realidad es que son más distintas que parecidas. Y la principal diferencia radica en que Noemí no quiere parecerse a María Emma, ni María Emma a Noemí.
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