Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/04/06 15:08

Patrimonio: entre todos

La construcción colectiva de ciudad implica la coordinación civilizada entre ejecuciones de distintas administraciones, no siempre con la misma ideología.

María Eugenia Martínez.

La gestión del patrimonio cultural en Bogotá obliga a ser realistas, porque hay que acomodarse a las posibilidades verdaderas de financiación. Conlleva oír las iniciativas de los ciudadanos y los emprendedores, pues sin la acción privada no es posible superar el deterioro. Implica definir estrategias, porque sin ellas los proyectos no serán realidades. Exige tener una visión en su planificación, sin lo cual es mero ejercicio burocrático. Por lo demás, una gestión inteligente del patrimonio cultural debe inevitablemente innovar en un tema que todavía no se siente como una necesidad, pero constituye un ámbito donde es imprescindible el liderazgo público.

La administración Bogotá Positiva dejó en curso obras que se articularon al propósito de la revitalización del centro del gobierno de la Bogotá Humana, iniciada en 2012. Detener estos avances habría constituido una dilapidación de recursos inaceptable. Decir que las obras estaban desfinanciadas, porque se planificaron por etapas, hubiera sido un despropósito. La construcción colectiva de ciudad implica la coordinación civilizada entre ejecuciones de distintas administraciones -no siempre con la misma ideología-, el conocimiento de los proyectos del otro, el análisis calificado de ellos, y su mejora y reestructuración cuando esto es necesario.

La administración anterior garantizó la financiación de la primera fase de la Plaza de Toros: el reforzamiento estructural, por 7,150 millones de pesos. Diversos factores la convierten en una obra difícil y se necesita tesón para enfrentarla. Como bien lo afirmó la Corte Constitucional, se cumplieron a cabalidad los compromisos pactados. Se dejaron en caja 5,548 millones para la fase frontal de obra de la Iglesia del Voto Nacional donde el desplazamiento de la fachada, de su propio eje, no ofrece tregua alguna.

Las restauraciones de gran formato no se fabrican de un golpe y, es una constante, no obtienen los recursos completos en un mismo momento. Estas obras obligan, por lo general, al diseño, la planificación y la ejecución por fases. Es insensato esperar a que se reúnan 25,000 millones para el Voto Nacional, porque se perdería tiempo en una obra urgente. En cambio, es indispensable insistir en que el Fondo Distrital de Salud traslade los 30.000 millones para el Hospital Materno Infantil, con proyectos de restauración y reforzamiento aprobados.

Las obras mencionadas, sin ser las únicas, integran piezas urbanas del Plan de Revitalización del Centro Tradicional -PRCT- que la administración Bogotá Mejor para Todos pretende cambiar por un Plan Especial de Manejo y Protección -PEMP. Se debe entender que el primero es un plan para la acción y el segundo, aunque instrumento de ley, es un plan-libro. Esto quiere decir que en el PRCT se planifica, diseña y avanza en la ejecución de obras casi simultáneamente. Al contrario, en el PEMP se elabora un documento y se procede luego a la contratación de los diseños que guiarán las ejecuciones, distanciándose, así, la planificación de la acción. Revertir la decadencia de un centro es tarea de largo aliento y, aun con apalancamiento privado, un período de gobierno es corto. Es probable que en lugar de avanzar en la recuperación del área, la preparación y tramitación del PEMP consuma buena parte del cuatrienio.

Si Patrimonio Cultural tiene tan solo 17.000 millones, y no quiere hacer más estudios, ¿por qué se embarca en un PEMP que es, en sí mismo, un largo, dispendioso y costoso estudio? ¿No sería más lógico acaso recomponer y marcar nuevos énfasis en el plan existente, que es abierto y flexible, que iniciar otro nuevo? ¿No convendría más bien aprovechar la revisión de la metodología PEMP, que adelanta el gobierno central, para abrirle un espacio a los planes de acción? Como bien se ha comprobado en la Ciudad de México, el plan de acción es un instrumento eficaz en la reversión del deterioro del Centro Histórico.

*Exdirectora de Patrimonio.

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