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Opinión

  • | 2017/02/04 00:00

    No hay duda

    A ningún candidato presidencial, sea del partido que sea, le queda bien pedir favores a los contratistas del Estado, así estos no tengan ninguna mácula.

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No hay que ser antiuribista para llegar a la conclusión de que Óscar Iván Zuluaga traspasó, en la campaña presidencial de 2014, unas líneas rojas que pueden acabar con su precandidatura en el Centro Democrático.

Tan grande habrá sido el tamaño del elefante, que hasta el propio Centro Democrático ha aceptado que por lo menos hubo una falla ética, en esa campaña, hecho insólito en un partido que tradicionalmente cierra filas para proteger a sus cuestionados alfiles aduciendo que se trata de una persecución política.

Para el excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo, la falla ética de Zuluaga quedó expuesta en un escueto comunicado. En esas cortas líneas, Zuluaga niega los señalamientos hechos por Duda Mendonça –el estratega político que ha declarado ante la Fiscalía brasileña que Odebrecht le pagó 1,6 millones de dólares por la asesoría que le dio a la campaña presidencial de Zuluaga en 2014–. Sin embargo, en el mismo comunicado acepta sin sonrojarse que fue por intermedio de Odebrecht que estableció el contacto con Duda Mendonça y que lo hizo, además, sin ningún reato ético porque en ese momento no había ningún escándalo en torno a la multinacional brasileña.  

No obstante, su partido piensa lo contrario. En la carta enviada por Luis Carlos Restrepo al jefe del Centro Democrático, la actuación de Zuluaga es bastante cuestionada porque el solo hecho de “contactar a un asesor para una campaña presidencial a través de una empresa contratista del Estado es una conducta éticamente reprochable”. Yo agregaría otros cuestionamientos que no sobran: a ningún candidato presidencial, sea del partido que sea, le queda bien pedir favores a los contratistas del Estado, así estos no tengan ninguna mácula. No hay contratista que haga favores sin pedir nada a cambio, menos si el que se lo pide es un candidato presidencial.  

Si a esta falta ética, que ya tiene a Zuluaga en capilla dentro del propio uribismo, le agregamos lo que hoy sabemos sobre los sobornos dados por Odebrecht en 2009 para hacerse de manera fraudulenta al tramo 2 de la Ruta del Sol, en la administración Uribe, no solo Óscar Iván Zuluaga y su campaña quedan mal parados, sino todo el uribismo. Si quieren  enarbolar la bandera de la lucha contra la corrupción de cara a la campaña presidencial que ya se avecina, el Centro Democrático va a tener que hacer muchos más actos de contrición que abrirle una investigación a la campaña presidencial de Óscar Iván Zuluaga en su comité de ética.

Duda Mendonça es hoy una ficha clave en el escándalo de Odebrecht, porque es la persona que se encargaba de mediar los dineros que la multinacional brasileña repartía para las campañas políticas en aquellos países donde la empresa tenía presencia.

Hoy está colaborando con la Fiscalía brasileña y sus declaraciones no deberían ser respondidas con evasivas como lo ha hecho Óscar Iván Zuluaga. Intentado salirse por la tangente, el pupilo de Uribe ha recurrido a la manida tesis del elefante de Samper, según la cual todo fue a sus espaldas y que por ende, no es asunto suyo si hubo posibles pagos paralelos entre Duda Mendonça y Odebrecht.     

La verdad tozuda es que la campaña presidencial de Óscar Iván Zuluaga en 2014 no solo pudo haber traspasado las fronteras éticas, sino que puede haber incurrido en delitos electorales y penales.

Con lo declarado por Duda Mendonça, se abre la posibilidad de que esa campaña haya excedido los topes permitidos por el Consejo Nacional Electoral. Teniendo en cuenta que el Estado no le puede reponer votos a quien se haya volado los topes y haya mentido, si se llega a comprobar que hubo pagos por debajo de la mesa se estaría incurriendo en el delito de fraude procesal y en el de falsedad de documento público, además de que en Colombia es ilegal que las campañas políticas reciban dineros de compañías extranjeras.

La Fiscalía y la Procuraduría están en mora de abrir de una vez por todas el capítulo de Odebrecht y el pago a las campañas políticas en Colombia. De eso, no hay DUDA.
 
CODA: A la inhumana práctica del secuestro y la miopía del ELN le debemos que un personaje como Odín Sánchez, que tanto mal le ha hecho al Chocó y a la política, que además tiene cuentas pendientes con la Justicia, sea recibido hoy como un héroe nacional. Eso sí que es un absurdo.

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