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Opinión

  • | 2015/02/21 22:00

    Bienvenidos a la sinceridad

    Que yo recuerde, es la primera vez que un expresidente se sale del libreto según el cual los únicos responsables del conflicto son las FARC.

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La propuesta del expresidente César Gaviria de llevar a la justicia transicional a todos los cómplices del conflicto, y no solo a la guerrilla y a los militares, hay que valorarla y debatirla.  
Al primer golpe, la idea de someter a todos los actores directos e indirectos del conflicto a la justicia transicional para que no terminen unos en la cárcel y los otros haciendo política es una propuesta que destrabaría uno de los problemas más difíciles de este proceso. Lo que sí no creo es que esta propuesta esté concebida para complacer a las FARC, como han dicho unos, ni para  enviarle un salvavidas a Uribe y sus cuestionadas huestes, como lo han dicho otros.

Yo la entendí más bien como un mea culpa y en ese sentido la valoro. Que yo recuerde, es la primera vez que un expresidente se sale del libreto oficial y se desprende de la tesis de que los únicos  responsables de este conflicto son las FARC y unas cuantas manzanas podridas dentro del Ejército. De su escrito se desprende que él piensa lo contrario: que la responsabilidad en este conflicto es compartida.

A esa misma conclusión llegaron los 12 académicos provenientes de todos los espectros políticos ideológicos que integraron la Comisión Histórica. Para los más radicales, el Estado es culpable por haber recurrido al terrorismo con el objetivo de acallar a los movimientos sociales, pero para otros también lo es por haber sido incapaz de ejecutar reformas en el campo. Lo cierto es que por una y otra razón, todos concluyeron en que el Estado y las elites políticas tuvieron un alto grado de responsabilidad en este conflicto.

Que eso lo concluya un grupo de académicos tan disímiles es un hecho para resaltar, pero que lo haga el expresidente Gaviria, uno de los grandes protagonistas de estos últimos 30 años de historia, que también han sido los más violentos, es un hecho sensible que puede abrir las puertas indicadas para finalizar de raíz este conflicto.

Se ha puesto en boga la tesis de que lo que nos impide llegar a un acuerdo satisfactorio para todas las partes es la Corte Penal Internacional. No lo creo. El gran problema está aquí adentro y radica precisamente en la falta de consenso frente a puntos como el que ha decidido abordar en su escrito el expresidente Gaviria.
   
El exmandatario acepta que del lado de la institucionalidad también se hicieron cosas terribles e inaceptables. Por eso, con una buena dosis de honestidad propone que los notarios que legalizaron el expolio de tierras, que los jueces que se hicieron los de la vista gorda cuando sucedieron las masacres  y los empresarios del campo que armaron a los paras por fuera de la ley sean cobijados por la justicia transicional. Incluso en sus intervenciones radiales llegó a decir que eso también debería pasar con la parapolítica, fenómeno que nace con la Constitución de 1991 mucho antes de que hubiera llegado Uribe a la palestra, y que tiene como epicentro al Partido Liberal; amén de todo lo que el expresidente deja por fuera y que tiene que ver con la responsabilidad que le cabe a su gobierno en el fortalecimiento de los lazos entre el Estado y los narcoparamilitares, luego de que se decidió establecer una alianza estratégica con un sector de ellos, denominado los Pepes, y el cartel de Cali para acabar con Pablo Escobar, como bien lo deja plasmado en su importante libro María Teresa Ronderos.

Hay, sin embargo, una parte de su discurso que no es tan claro y es la que tiene que ver con el peso que detenta la verdad y la reparación en su propuesta de cobijar a todos los actores del conflicto y a sus cómplices bajo la justicia transicional. Da la impresión que su peso es accesorio.

La forma de blindar a los responsables del conflicto no es con amnistías en las que la verdad sea un accesorio, sino con procesos donde las víctimas y la verdad sean el eje central. Un proceso donde las víctimas no puedan ser resarcidas con la verdad, puede que sirva para salvarle el pellejo a los responsables del conflicto, pero no al país.

Sin verdad y sin resarcir a las víctimas este proceso de paz no va a poder cumplir su principal objetivo: el de la no repetición de los hechos violentos que en estos últimos 30 años nos arrebataron a nuestros padres, hijos, hermanos, llenándonos de miedo y temor, mientras los violentos se nutrían de la guerra.

Finalmente, tampoco se va a conseguir la paz con solo lograr que los responsables del conflicto no vayan a la cárcel. Si las cosas no cambian, si las reformas aplazadas no se hacen, si la deuda del Estado con esas regiones no se salda, poco o nada va salir del silencio de los fusiles de las FARC.
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