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Opinión

  • | 2016/04/02 00:00

    La tragedia de Flor Ángela

    Mientras Guillermo Grosso recortaba servicios médicos a pacientes como Flor Ángela, redecoraba oficinas por 251.000 millones de pesos.

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En el año 2000 a Flor Ángela Ospina le detectan una hepatitis que derivó en una cirrosis biliar. Cafesalud, la EPS a la cual ella estaba afiliada, en 2004 le recomienda un trasplante de hígado, de manera urgente. Ella, sabiendo que no le quedaba mucho tiempo de vida, hizo la solicitud a la EPS, pero esta le negó el procedimiento, alegando que los trasplantes de hígado no estaban incluidos en el POS, el Plan Obligatorio de Salud que determinaba cuáles eran los procedimientos que sí podían costear las EPS.

Como ni ella ni su familia tenían los recursos para pagar un procedimiento que en ese momento podía ser cercano a los 300 millones de pesos, sin contar el tratamiento postrasplante, se vio forzada a hacer lo que hacen a diario millones de colombianos que se encuentran en sus mismas circunstancias: interpuso una tutela ante el Juzgado 24 Civil de Bogotá. 

A pesar de que la tutela falló a su favor y de que le ordenó a la EPS hacerle el procedimiento y  pagar los exámenes y medicamentos pre y poscirugía, la señora Flor Ángela solo pudo hacerse el trasplante cinco años después, en abril de 2009. Ese fue el tiempo que se demoró el sistema en encontrar un hígado compatible. Ella contó con la suerte de haber estado viva  cuando la llamaron de la Fundación Cardioinfantil a decirle que habían encontrado un hígado compatible. Muchos de los pacientes que hacen cola en la lista de candidatos a trasplantes de cualquier órgano vital no lo logran, debido a que el sistema de salud colombiano, además de inhumano, ha sido incapaz de inculcar la cultura de donación de órganos.

Flor Ángela se somete con éxito a la operación pero ahí no para su calvario. Pese a que la tutela ordenaba a la EPS garantizar la atención posterior al trasplante de hígado, Cafesalud puso toda suerte de obstáculos, sin importar que su vida estuviera de por medio. Flor Ángela se dio cuenta en carne propia de que el sistema de salud considera a los pacientes de alto costo no una prioridad sino un descalabro económico que hay que evitar.

Por eso, desde 2009 hasta hoy, la familia de Flor Ángela ha tenido que dedicarse a librar una batalla burocrática cada vez que ella requiere cualquier procedimiento médico: desde un simple control hasta las órdenes que se requieren para que se apruebe la entrega de medicamentos son una odisea. Recurrieron hasta los servicios de la hermana María Inés Delgado, que se ha convertido en la voz de los pacientes de alto costo. Esta monja, que se ha dedicado a ver cómo les consigue los  medicamentos que el sistema de salud les niega, ha sido para pacientes como Flor Ángela, la única tabla de salvación.       

Hace unas semanas, la situación de Flor Ángela empeoró, desde que el gobierno decidió liquidar Saludcoop y ordenar el traslado de sus usuarios a Cafesalud. Aunque el ministro Gaviria dijo en su momento que esta EPS tenía cómo atender a los usuarios que heredaba de Saludcoop -que eran 4.500.000–, y a los 3 millones que ya tenía Cafesalud entre los que se encontraba Flor Ángela,  en la realidad, eso no fue así. La nueva Cafesalud se ha convertido en un infierno para los usuarios que hoy se quejan del mal servicio médico. A Flor Ángela, no le han vuelto a aprobar ningún medicamento y la razón que aduce la EPS es que desde el 29 de febrero de este año el comité técnico científico no está avalando autorizaciones a ningún paciente, salvo a los de oncología. Es decir, que en este momento hay miles de pacientes como Flor Ángela más cercanos a la muerte que la vida por cuenta de una decisión burocrática, tomada desde un escritorio. Para no morir, Flor Ángela ha tenido que valerse de toda suerte de vías para obtener una droga que no se vende en las farmacias y que solo puede ser suministrada por las EPS. Si no toma ese medicamento todos los días, su vida corre peligro. Por eso, su familia ha golpeado las puertas del laboratorio que la produce, de la clínica que la atiende y de diferentes fundaciones, los cuales le han ayudado entregándole una cantidad limitada del medicamento que ya se le está acabando. 

Mientras Guillermo Grosso -quien fue primero liquidador de Saludcoop y luego presidente de la nueva Cafesalud- recortaba servicios médicos en perjuicio de pacientes como Flor Ángela, él mismo hacia contratos millonarios con los recursos de Saludcoop y Cafesalud y redecoraba las oficinas por un valor de 251.000 millones de pesos.

Aunque la  junta directiva de Cafesalud le pidió la renuncia a Grosso, Flor Ángela sigue sin poder tener acceso a sus medicamentos. Los usuarios del sistema quedaron en el peor de los mundos: no existe ya Saludcoop y la nueva Cafesalud, que ha sido un desastre para los usuarios, va a ser vendida, según lo anunció la semana pasada el gobierno. No puedo dejar de pensar en Flor Ángela ni en lo que para su frágil vida puede implicar este nuevo reacomodamiento. Su caso, que desde luego no es el único, es el  reflejo de un sistema que convirtió a la salud en un  negocio en el que los únicos que salen ganando son los corruptos.

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