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Opinión

  • | 2016/12/17 00:00

    Los reencauchados

    Lucio posa hoy de redentor, sin sonrojarse, como lo hace 'Popeye', otro personaje siniestro que también se ha reencauchado desde que anunció que se había convertido al cristianismo.

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Quién se iba a imaginar que un estafador y un prófugo de la justicia como Carlos Alonso Lucio podría hoy posar de defensor de la familia tradicional, y tener además la audacia de erigirse como el faro moral de la sociedad?

Ese milagrito se lo debemos a la fe cristiana que, además de acogerlo en su seno y darle paz a su conciencia, le ha servido también de plataforma para reencaucharlo social y políticamente. Desde que tiene la Biblia en mano, Carlos Alonso Lucio se ha dado licencias que antes no tenía: pudo darse el lujo de amedrentar a las periodistas que denunciamos su cuestionable papel en la Fiscalía durante el periodo en que Viviane Morales fue jefe de la entidad. En una columna que escribí en su momento, denuncié cómo Lucio intervenía en los procesos de la Fiscalía, sobre todo en uno: en el de su amigo Samuel Moreno. El fiscal Pabón, que llevaba el caso del carrusel de la contratación de Bogotá, me confesó que al menos en una ocasión Lucio lo había llamado para decirle: “No te encarnices con Samuel Moreno, que ese no es el objetivo central”. (Ver la columna completa)

Pese a que Viviane Morales tuvo que renunciar a la Fiscalía, Carlos Alonso Lucio logró salir indemne de sus relaciones non sanctas con los Nule y con los hermanos Moreno: ningún fiscal se atrevió siquiera a interrogarlo por ser quien era. Lucio también fue uno de los pocos personajes que pasó por Ralito sin ningún problema, pese a que todavía son muchas las preguntas sin respuesta sobre hasta dónde llegó su asesoría a los paras. La defensa de la moral cristiana le ha servido a Lucio para que la Fiscalía no lo haya investigado, para que sus relaciones con el bajo mundo sigan inescrutadas y para mantener el poder de intimidación sobre sus críticos.

Parapetado en la defensa de la moral cristina, Lucio intenta borrar su pasado y evitar que recuerden su defensa del 8.000, su amistad con los Rodríguez Orejuela y su condena por corrupción, motivo por el cual no puede aspirar a ningún cargo público. Lucio no cumplió la pena porque prefirió fugarse del país, y solo vino a cumplirla cuando el propio Carlos Castaño decidió salvarle la vida y entregarlo al entonces defensor del pueblo con la condición de que cumpliera su condena por estafa. (Lucio habría entrado clandestinamente a Colombia y terminó sorpresivamente en manos de las AUC).

Ahora, se ha impuesto un listón más alto: anda en la tarea de defender un referendo homófobo y excluyente, el cual prohíbe la adopción no solo para las parejas gais, sino también para los solteros, viudos o separados. Con la Biblia en mano, Lucio y Viviane dicen que esta pelea la dan pensando en los niños, pero en realidad la están dando pensando en sus aspiraciones políticas. Estos niños les sirven de anzuelo para enganchar a los cristianos y cooptarlos en una cruzada que busca no solo imponer su moral cristiana, impulsada por el odio y la exclusión, sino impulsar una plataforma política que le sirva a Viviane Morales para una eventual candidatura presidencial, la cual manejaría tras bambalinas, el mismo Lucio. Todo esto en nombre del Partido Liberal, de la moral cristiana y de la doble moral.

En honor a la verdad, Lucio no ha sido el único en ser objeto de semejante reencauche. El posa hoy de redentor, sin sonrojarse, como lo hace Popeye, otro personaje siniestro que también se ha reencauchado desde que anunció que se había convertido al cristianismo. Con la Biblia en mano se ha dado el lujo de abrir un espacio en YouTube desde donde amenaza, intimida, posa de periodista investigativo y hace apología de la violencia sin que la justicia lo llame a cuentas. Es cierto que Popeye cumplió su pena y que merece ser reincorporado a la sociedad, pero él no puede utilizar la libertad de expresión para intimidar a quien se le viene en gana. La fe cristiana es más que respetable, pero no cuando se usa de parapeto para limpiar hojas de vida ni cuando se transforma en fanatismo.

Permitir que un personaje tan funesto como Popeye se convierta en el youtuber número uno y nos dé clases de periodismo investigativo es tan indigno como permitir que Carlos Alonso Lucio nos dé clases de moral cristiana. Me opongo desde ya, a esos dos reencauches.

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