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Opinión

  • | 2015/07/25 22:00

    El asesinato de un intocable

    Quedan muy mal parada la política y la justicia colombianas cuando un sujeto como Londoño puede presentar su nombre a una alcaldía a sabiendas de que no tiene problemas con la justicia.

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La manera como los medios han registrado el asesinato de Ignacio Londoño, un oscuro político liberal samperista que creció al amparo del cartel del Norte del Valle, revela el pudor (¿o temor?) que aún tiene el periodismo colombiano por revelar verdades cuando la política se practica de la mano de la mafia. Curiosamente los medios se han centrado más en las causas de su muerte que en preguntarse cosas más pertinentes: ¿cómo es que un político tan vinculado a la mafia pudo llegar a ser candidato a la Alcaldía?  ¿Por qué Ignacio Londoño no tenía sino investigaciones preliminares que nunca prosperaron? ¿Por qué no prosperaron?

Los medios en cambio se han devanado los sesos por encontrar las causas de su asesinato como si Londoño fuera un mártir de la democracia y no un político corrupto que terminó asesinado por un ajuste de cuentas de la mafia. Una fuente señalada por Semana.com, llegó incluso a afirmar que a Londoño lo habrían asesinado porque en su campaña a la Alcaldía, había prometido limpiar a Cartago de la corrupción. En otras palabras, que el oscuro Londoño era un peligro para los corruptos. Sobra recordar que Pablo Escobar también tenía el mismo discurso, a pesar de que era el más corrupto de los corruptos. La mafia siempre está lista a acabar la corrupción que no controla.  

En lo que sí no han recabado los medios es en el hecho de que al momento de su asesinato Ignacio Londoño se encontraba en las oficinas de su campaña con su esposa y con el secretario de Hacienda de Cartago, el cual al parecer también salió herido del atentado. ¿Qué hacia el secretario de Hacienda de la Alcaldía en una campaña política? ¿Pueden acaso hacer política los funcionarios públicos tan de frente y sin que la Procuraduría ni los organismos de control les llamen la atención? ¿Esa era la manera como Londoño pretendía limpiar de corrupción a Cartago?

No conocí a Ignacio Londoño pero siempre consideré que  él representaba a esas nuevas elites políticas que surgieron con la llegada del narcotráfico a finales de los ochenta. Unas elites políticas pragmáticas, que nacieron sin hígados, sin ninguna frontera ética y que terminaron protagonizando no solo el proceso 8.000 sino prestándose para sellar  la alianza con los paramilitares, la misma que desencadenó una de las peores épocas de violencia que recuerde este país. Su semilla no murió con su asesinato.  Ignacios Londoños hay por doquier en la política colombiana.   

Quedan muy mal parada la política y la justicia colombianas cuando un sujeto como Ignacio Londoño, señalado de ser testaferro de la mafia del norte del Valle, que ha sido además abogado de Rasguño, de los Comba, del hombre del Overol y de un asesino como el Alacrán, responsable de la masacre de Trujillo una de las más sangrientas de nuestra historia reciente, puede darse el lujo de presentar su nombre como candidato a una Alcaldía a sabiendas de que no tenía ningún problema con la justicia.

Queda mal también el Partido Liberal que no le dio el aval a Londoño, pero que al no presentar candidato le dio indirectamente su apoyo. Esta maniobra pone de presente cómo los candidatos por firmas se están convirtiendo no en una plataforma para la independencia sino en una mampara para que los partidos apoyen indirectamente a los candidatos demasiado vergonzantes. Y por último, queda mal la Fiscalía de Montealegre porque decidió congelar las investigaciones que tenía en contra de Ignacio Londoño a cambio de que sirviera de enlace para una posible entrega de las bacrim, operación que tampoco se llevó a cabo. ¿Que valía más: saber la verdad sobre los verdaderos responsables del asesinato de Álvaro Gómez Hurtado o intentar traer a los Comba a negociar en la Fiscalía?  

En la columna del 8 de marzo de 2015, titulada ‘Que no vuelvan’, señalé: “Los dos juristas (Jorge Pretelt y Alberto Rojas) también tuvieron que ver con otra vergüenza que ocurrió en la corte y que afortunadamente no pasó: los dos intentaron revivir una tutela a favor de Granahorrar, entidad financiera que fue intervenida por el Estado hace muchos años, luego de defraudar a muchas víctimas. Los demandantes decían que había sido mal liquidada y querían ver tutelados sus derechos. ¿Qué hacían estos dos magistrados reviviendo una tutela de ese tenor y preocupados por defender los derechos de quienes estafaron a la gente?”

Los accionantes son accionistas de Granahorrar. Se rectifica: “La toma de posesión de Granahorrar no se dio por haberse presentado un fraude por parte de los accionistas, ni por estafar a los clientes de la misma corporación”.
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