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Opinión

  • | 2015/07/11 22:00

    El destape de Ordóñez

    Si no logra evitar que voten en su contra, la teoría del complot le permite a Ordóñez salir de la Procuraduría convertido en candidato presidencial.

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Siempre pensé que a pesar de sus excentricidades, el procurador Ordóñez tenía un pudor que le impedía traspasar ciertas fronteras que su credo consideraba pecaminosas. Ahora, al ver cómo fue capaz de desnudar su alma, ante el director de noticias de Caracol Televisión, Juan Roberto Vargas, y decir las barbaridades que dijo, sin ningún asomo de pudor, es evidente que me equivoqué.

Con estas declaraciones tan explosivas, el destape del procurador ha sido tan explícito, que superó al que hizo Alejandra Azcárate cuando desnudó su torso en la revista Soho para recrear a María Magdalena en La última cena, acto que produjo la indignación de Ordóñez.

La primera barbaridad dicha por el procurador es que existe un complot entre el gobierno Santos y las FARC para sacarlo del poder cuando en realidad lo que existe es una demanda presentada contra su reelección desde 2013, que puede perder. Según CMI, antes del destape del procurador las posibilidades de que su reelección se cayera eran bastante altas, ya que de 13 votos que tenía el procurador a su favor, solo le quedaban ocho.

La teoría mendaz del complot le sirve al procurador para amedrentar a los magistrados y conseguir que voten a su favor. Y si no logra amedrentar suficientemente a sus jueces y no puede evitar que voten a favor de la demanda, también le sirve porque le permite salir de la Procuraduría dando un portazo, convertido en candidato presidencial listo a recoger las banderas de quienes creen que en La Habana se está negociando todo por debajo de cuerda.

La segunda barbaridad que ha dicho es que si el Consejo de Estado lo saca de su puesto no sería producto de una decisión judicial sino de una exigencia de las FARC en la Mesa de La Habana.  Bastante son los problemas que hay en la Mesa entre el gobierno y las FARC para gastar la poca sincronía que hay entre ambos en temas que ni son parte de la agenda ni se han tocado.

Esta tesis resulta aún más indigna para la justicia colombiana que él tanto defiende porque la pordebajea y la empequeñece. Y demuestra de paso su desdén por la justicia sobre todo cuando esta no obedece sus caprichos. Pero lo que en realidad deja al desnudo es su devoción pero por el poder, la cual evidentemente ha ido creciendo en la medida que se aferra a su cargo.

Otra barbaridad monumental es que intenta demeritar su demanda porque quien la puso fue una ONG. A los ojos del  procurador las ONG son más peligrosas que una mujer desnuda y su mente retorcida las asocia automáticamente con las FARC.

La ONG a la que Ordóñez hace referencia es Dejusticia, una organización muy seria dedicada a fortalecer los derechos humanos y a proteger el derecho de las minorías, dos cosas que el procurador se enorgullece en no reconocer, pese a que por ley debe ser el defensor de los derechos de todos los colombianos.

No sobra aclarar que la demanda contra su reelección, que además fue presentada por más ONG, no es producto de ningún complot sino de un presunto abuso de poder. Según los demandantes, el procurador nombró familiares de magistrados de la Corte Suprema y del Senado a sabiendas de que iban a ser sus nominadores y luego sus electores.

El procurador con este destape deja desnuda su ambición política. Y ni siquiera le importa incurrir en una causal disciplinaria por haber utilizado el poder que le da su cargo para influir en su proceso ante el Consejo de Estado. Sin ningún pudor, en lugar de esperar a que la justicia falle ha decidido sacar teorías del sombrero, que si bien pueden ser eficaces ante la tribuna, erosionan la institucionalidad del país que el tanto dice defender.

Es probable que el presidente Santos esté hoy arrepentido de haber contribuido a su reelección, pero si la teoría del complot fuera cierta, hace rato habría sacado a relucir todas las artimañas que el procurador ha hecho para dilatar su proceso en el Consejo de Estado, recusando a Raimundo y todo el mundo, con el único objeto de que logre terminar su periodo, el cual se acaba en año y medio.

Ordóñez sabe que no tiene pruebas del complot por más que amenace con tenerlas porque todo es un invento que le viene bien recrear. De esa forma amedrenta a la justicia para que se le permita seguir haciendo y deshaciendo desde la Procuraduría. Insisto: este destape es más vergonzoso que todos los que se han empelotado en la revista Soho.
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