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Opinión

  • | 2014/07/26 00:00

    Manual para aprender a tragar sapos

    A mí lo que más me inquieta no es la verdad que los excomandantes paras todavía nos deben sino lo que podría significar para el país y su afán de paz su retorno a las zonas donde fueron los amos y señores.

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¿Cómo digerir la noticia de que en poco tiempo saldrán de la cárcel varios de los jefes más tenebrosos de los paramilitares, sobre todo cuando uno descubre en esa fila a los presuntos victimarios de su padre, de su hijo o de su hermana? No es fácil hacerlo entre otras porque la mayoría de los que van a recuperar su libertad, lo harán quedando en deuda con la sociedad y sus víctimas, así aparentemente hayan cumplido los requisitos establecidos en la Ley de Justicia y Paz que les ofreció una reducción de penas por sus crímenes atroces a cambio de una dosis mínima de verdad. Ellos saben que se van debiéndonos la verdad verdadera sobre cuáles fueron las estructuras de poder en las que se afincó esa máquina de muerte que fue el paramilitarismo y así ya no estén en la cárcel, siguen teniendo pendiente esa deuda con sus víctimas.

Sin embargo, a mí lo que más me inquieta no es la verdad que todavía nos deben sino lo que podría significar para el país y su afán de paz el retorno de estos excomandantes a sus zonas donde fueron los amos y señores. Pregunto: ¿van a reeditar los mismos capítulos de muerte aprovechando que hay ciertas estructuras del paramilitarismo de antaño que lograron sobrevivir como sucede en la zona de el Alemán, cuyo hermano parece ser hoy el nuevo amo o como sucede en ciertas zonas del Magdalena Medio con los hijos de Ramón Isaza quienes desde la cárcel siguen controlando su feudo? ¿Será que Báez va a retornar a su región con ganas de contribuir a asentar la paz o va a incentivar de nuevo el círculo Malvado de la violencia? ¿Volverán el Iguano, Juancho Dique, Diego Vecino o Don Antonio, a delinquir en sus regiones o se someterán a los requisitos que les imponga la Ley de Justicia y Paz que los pone a prueba otros cuatro años más, tiempo en el cual deben de terminar de reparar realmente a sus víctimas?

Aunque no tengo todavía respuesta a estos interrogantes, me ha sorprendido el contenido de una carta enviada a la mesa de La Habana, firmada por algunos de los exjefes paramilitares que saldrían eventualmente de la cárcel; Ernesto Báez, Julián Bolvar, el Alemán, Raúl Hasbún, Botalón y el Iguano, que publica en la edición 1682 la revista SEMANA.

En esa declaración pública, estos exjefes paras le dicen a las Farc algo que no hubiera sido posible hace unos años. Declaran que respetan los acuerdos de La Habana y la apertura de espacios para quienes fueron siempre sus enemigos. Y afirman además, que “quedan curadas las heridas y extinguidos los sentimientos de venganza que por tantos años alimentaron el torbellino cíclico de la violencia contra otros actores del conflicto armado”. Bien leída esa declaración puede tener profundas repercusiones en el proceso de paz en La Habana. Uno de los temores que han planteado las Farc en la mesa ante una eventual desmovilización es en torno a su seguridad en las regiones y a cuál puede ser la reacción de los paramilitares que en el pasado los convirtieron en blanco de sus balas. De ahí que sea por lo menos sorprendente que los exjefes más poderosos de los paras les digan a las Farc en el preciso momento en que están negociando con el gobierno en La Habana su desmovilización que “quedan cerradas esas heridas y extinguidos los sentimientos de venganza”. Eso demostraría que hay serias posibilidades para que se produzca en las regiones la desmovilización de las Farc y el retorno de los exjefes paras desmovilizados, en medio de cierta concordia que hasta ahora nadie hubiera podido imaginar.

En cuanto al velado ofrecimiento que hacen de ayudar a desactivar las Bacrim, sinceramente yo preferiría que se dedicaran a construir la paz desde las regiones como plantean y que le dejen ese temita a la Fiscalía. Se espera que esta entidad no termine convencida de la tesis esgrimida por el ministro de Defensa para quien las Bacrim han dejado de ser unas organizaciones criminales y han pasado a ser por obra y gracia del maquillaje jurídico que todo lo puede, sujetas del DIH.

Uno no puede ser ingenuo ni pensar que todo lo que dicen en esta carta estos señores expertos en sobrevivir en medio de la guerra, sea verdad. Lo cierto es que yo, que he padecido su violencia, estaría dispuesta a perdonar la deuda que tienen con nosotros, las víctimas, si estos señores realmente se reintegran a la sociedad para ser agentes de paz. Yo me tragaría ese sapo.
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