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Opinión

  • | 2014/08/02 00:00

    ¿Más de lo mismo?

    Santos II debería recoger los nuevos liderazgos que han ido resurgiendo de manera independiente a lo largo del país, en contra de las castas políticas.

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El Santos de 2010 fue, para los que no votamos por él, una revelación y para los que sí lo hicieron una decepción que se convirtió en traición. Este Santos II, reelegido a ‘trompicazos’, ya no es una sorpresa para nadie y su agenda de paz es un libro abierto. Sin embargo, ahora tiene ante sí el inmenso desafío de cumplir lo que nos prometió. Es decir, tieneque llevar a cabo las políticas sociales y las reformas estructurales que necesitamos para dejar de ser uno de los países más inequitativos del planeta.  

El gran interrogante no es solo cómo va a hacer estos cambios con tanto politiquero corrupto merodeándolo, sino quiénes son las personas idóneas que ha escogido para implementar esa nueva hoja de ruta. Y por la manera como ha venido anunciando su nuevo gabinete ministerial se deduce que no va a haber muchas sorpresas ni caras nuevas. Es decir, que su segundo mandato va a ser muy poco audaz y más de lo mismo. 

Pudo poner caras nuevas en varios ministerios clave pero prefirió mantener al ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas y a la ministra de Relaciones Exteriores María Ángela Holguín. Los nombramientos que ha hecho esta semana tampoco son muy novedosos y más bien se trata de una rotación de funcionarios, ya por todos conocidos. Al ministro del Interior Aurelio Iragorri lo pasan a la cartera de Agricultura, a pesar de que no es experto en el tema. Lamentablemente su nombramiento encaja más en la necesidad de equilibrar cuotas entre la Unidad con el propósito de entregarle parte del botín burocrático a La U, que en la urgencia de escoger al ministro idóneo responsable de impulsar la ley de desarrollo rural integrado, en la que se incluyan los intereses de los campesinos y no solo los de la agroindustria, como quedó claramente expreso en el punto uno de los acuerdos firmados en La Habana. La llegada de La U a ese ministerio,  epicentro de las grandes reformas sociales que nos prometió, es una señal de que a esa cartera ha llegado más politiquería y que el gran cambio es que  va a dejar de ser un botín de los conservadores para pasar a ser de La U.  Triste noticia. 

Según los gabinetólogos, Gina Parody, cuya familia tiene intereses en varios puertos de Colombia, pasaría del Sena al Ministerio de Trabajo y probablemente lo mismo harían la mayoría de los funcionarios y senadores cercanos que formaron parte del equipo de una campaña en la que Santos casi no se reelige. De ellos, solo rescataría el nombramiento de Juan Fernando Cristo como el nuevo ministro del Interior. Hay que reconocer que a diferencia de tantos otros senadores liberales que se dedican a politiquear, él ha utilizado su poder para trabajar el tema de las víctimas y concebir una ley que las dignifique. Cristo se merece ese ministerio pero su partido no. El liberalismo fue el gran derrotado en las elecciones pasadas y prácticamente desapareció de Bogotá. 

Ojalá que los gabinetólogos estén equivocados cuando dan por confirmado al ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón. Si el presidente quiere hacer la paz, es necesario que recupere su liderazgo entre los militares que perdió en la campaña. Muchos de ellos no solo no lo acompañaron como era su deber, sino que hicieron toda suerte de intentos por torpedear las conversaciones de paz en La Habana en un acto de desobediencia inusitado. Toda esa fiesta pasó por encima de la nariz del ministro Pinzon quien, en lugar de poner orden a la guachafita, terminó haciéndoles eco a los militares que se oponen al proceso de paz. Lo lógico sería que saliera del gabinete. 

La falta de caras nuevas en este gabinete no es un buen augurio. Y no lo es porque no se ve reflejado ese voto independiente que le dio finalmente el triunfo a Santos. El presidente no le debe su aparatosa victoria  a los Musas, a los García, a los Guerra Serna, a los Yaires Acuña o a los Name. Se la debe a los colombianos que de manera independiente votaron por él a pesar de estar tan mal rodeado. Este Santos II debería recoger esos nuevos liderazgos que  han ido resurgiendo de manera independiente a lo largo del país, en contra de esas castas políticas que se han enquistado en las regiones y que se regeneran pero para atrás, involucionando hasta lo imposible. 

El principal enemigo de la paz no es la guerrilla. Es la corrupción de la clase política. Para esas estirpes, las reformas sociales que Santos ha prometido son una amenaza a sus privilegios y afectan sus intereses, sobre todo los que tienen que ver con la tenencia de la tierra.   Debería darse esa pela. Esas voces son clave para el país que nos ha prometido.  
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