Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/05/14 00:00

El momento de Mónica

La CSJ debería desafiar a quienes intentan manipularla y elegir a un fiscal que no llegue con fardos ni pianos en la espalda y le sirva al país de verdad.

María Jimena Duzán. Foto: Guillermo Torres

La Fiscalía se ha convertido en un cetro codiciado pero por las razones menos altruistas. Todos los grupos políticos que andan peleando por su candidato y que tienen rabo de paja, quieren imponer un fiscal no para que investigue y baje los índices de impunidad en el país, sino para que les dé cuotas burocráticas y no los meta en la cárcel.

Los uribistas, por ejemplo, creen que su hombre para la Fiscalía es Néstor Humberto Martínez, porque sienten que bajo su égida los uribistas que hayan cometido delitos no van a ser ni investigados ni acusados. Para ellos, su fiscal ideal es aquel que no llegue a poner sus reflectores sobre el uribismo –ellos consideran que todas las investigaciones y condenas de sus miembros son una persecución política-. Néstor Humberto Martínez encarna ese ideal y se sienten cómodos si él llega al trono. Y sin que haya necesidad de hacer nada explícito, Cambio Radical también se siente tranquilo -blindado, podrían decir otros- de que su candidato sea el que llegue a la Fiscalía, sobre todo si como ellos esperan, su jefe, Germán Vargas Lleras va a ser el próximo presidente de este país.

Los liberales de Serpa no se quedan atrás. Los rojos han decidido pujar por Yesid Reyes y no precisamente porque les parezca un hombre probo, con innegables méritos para ser un buen fiscal. A los liberales les gusta porque creen que si lo apoyan, comprometen a Reyes a que no mire los rabos de paja que tiene el liberalismo sino los que hay en el uribismo y en el vargasllerismo, sus enemigos actuales en la pelea por el poder.

Horacio Serpa ha dicho en privado que la razón primordial por la que no le gusta Néstor Humberto Martínez como fiscal es porque, si este llega a ese trono, está seguro de que lo van a meter a la cárcel por cuenta de la versión retorcida que ha puesto a correr la familia Gómez, según la cual Horacio Serpa tuvo que ver directamente con el asesinato de Álvaro Gómez. Nunca he creído en esa versión que no solo es retorcida sino descabellada. Pero tampoco queda bien que de buenas a primeras resulte como candidato del liberalismo para la Fiscalía quien precisamente fue su abogado en ese caso ante el ente acusador, hasta antes de su posesión como ministro de Justicia. Pero sobre todo, es una lástima que esta pelea por el poder termine menospreciando de esa manera a una persona como Yesid Reyes, cuya independencia era sin duda su mejor hoja de presentación.

Hasta el propio exfiscal Eduardo Montealegre, decidió, en un hecho insólito, revelar en una entrevista a Cecilia Orozco en El Espectador, que su candidato a sucederlo era Yesid Reyes y aunque argumentó su voto, diciendo que se trataba del más preparado de los tres para ese cargo, en el fondo Montealegre aspira a que su sucesor no le dé por investigar sus contratos, ni sus nombramientos, ni el despilfarro de dineros. Con ese fardo tan grande llegaría Yesid Reyes a la Fiscalía si es elegido por la Corte Suprema.

Nada bueno puede salir de este enfrentamiento político en el que un bando y otro buscan impulsar los nombres de Néstor Humberto Martínez y de Yesid Reyes para sellar vendettas entre elites políticas hoy fuertemente enfrentadas. Si la Corte Suprema de Justicia cae en ese juego afianzaría la tesis de que no actúa de manera independiente sino que tiene dueños.

Teniendo en cuenta que la necesidad de una justicia independiente, sin ataduras, es un imperativo para el posconflicto, la CSJ se enfrenta a un tremendo desafío histórico: si quiere enderezar su caminado y volver a tener la imagen y el respeto que hoy ha perdido luego del paso de personajes funestos como el exmagistrado Ricaurte y el inefable Leonidas Bustos, debería desafiar a los que intentan manipularla y elegir un fiscal que le sirva al país de verdad. Un fiscal que no llegue con fardos, ni con pianos sobre su espalda; que no esté atado a compromisos políticos, que no tenga conflictos de intereses atravesados y que entienda la justicia no como una herramienta para imponer su sed de venganza sino para imponerla dentro del marco de nuestro Estado de derecho.

De la terna propuesta, la única que cumple con ese requisito es Mónica Cifuentes, quien calladamente ha ido haciendo la tarea, sin necesidad de tener padrinos poderosos, ni de asistir a festivales vallenatos.

El país no se merece un fiscal que sea elegido por las razones que no son. Eso acabaría con el prestigio de la Justicia y sería un mal comienzo para un país que tiene la tarea de empezar a construir la paz, una vez se firme con las Farc el fin del conflicto. El nuevo fiscal no puede ser elegido por parámetros tan mezquinos como el de si va o no a investigar de manera selectiva, o si va o no a proteger a un grupo político y encarcelar a otro.
Un fiscal debería ser elegido por las razones que son, así suene a Perogrullo.

Ojalá la Corte Suprema de Justicia elija al nuevo fiscal pensando en el país y no en las elites políticas y judiciales que intentan manipularla.

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